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Pansy Division

Davai. 3 de diciembre del 98

Que un grupo se autodenomine explícitamente "gay" es una de esas cosas que no entiendo muy bien. A estas alturas, las opciones sexuales de la gente solamente le importan a ella misma y, por tanto, hacer una declaración de sus tendencias, sean las que sean, solamente lo puedo entender como una acción reivindicativa que busca la complicidad del público. Pansy Division son gays, siempre lo han dejado muy claro, y los textos de sus canciones son, habitualmente, historias de chicos con chicos y de gracias que tienen que ver con el sexo. Al tomar esa postura da la impresión de que buscaran un público específicamente gay, sin renunciar por ello a quienes no conceden a ese hecho mayor importancia. La cuestión es que buscar en España al público gay haciendo música punk es como buscar una aguja en un pajar. De ese modo, Pansy Division convocó a muy poca gente en su último paso por Madrid. Tan poca que llegué a pensar que si el grupo no hiciera esa ostentación militante (tan respetable, por supuesto, como cualquier otra) probablemente habría convocado a mucha más gente que puede estar conforme con su música pero que no tiene por qué sentirse cómplice de esa militancia.

Salvada esta cuestión, desde el principio quedó claro que Pansy Division dirigen su show a un público que les entiende aunque no necesariamente "entienda". Las presentaciones de sus temas son graciosos chascarrillos que disfruta más quien está de acuerdo con ellos, sus muecas son ejercicios de sobreactuación que tienen a Jim Carrey como icono en el que fijarse y uno de sus músicos no tarda demasiado en colocarse un coqueto vestido minifaldero negro mientras luce su rubio teñido. Todo esto, afortunadamente, no les hace caer en el show burdo y facilón que tantas veces se puede ver, sino que está apoyado por una colección de canciones que abarcan cómodos estilos y que permiten que el amante de la música no salga defraudado de su actuación. Fue una pena que el sonido no acompañara un poco más, pero, con todo, tampoco se puede decir que la cosa atronara o llegara a ser desagradable. Pansy Division centraron el show en su último álbum, un disco que les cambia de orientación musical y que les ubica en un pop melódico, gracioso, que llega en ocasiones a recordar las formas yeyés o las armonías clásicas de los Beatles. Junto a estas piezas recuerdan algunos de sus temas más punkis, aquéllos en los que los defectos de sonido quedaron más en evidencia pero que, al mismo tiempo, son los que, por sus textos, permiten al grupo añadir guiños de coqueteo y picardía. El concierto quedó francamente bien, pero no permitió advertir la calidad que la banda ofrece en sus grabaciones. Los miembros del grupo cambiaron en un par de ocasiones de instrumentos, demostraron dominar el escenario y dejaron claro que son de la gente que se divierte cuando toca. La pena es que no trasmiten como deberían, que no llegaron al público con la intensidad con la que, presumiblemente, pueden y que el personal se mostró bastante estático sin demostrar demasiada pasión. Otra vez será.

E.P.

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