Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Indice

Milt Jackson

San Juan Evangelista. 16 de mayo de 1999

El plato, a priori, no podía ser más sugerente para cerrar el Festival de Jazz del San Juan Evangelista. Las últimas grabaciones de Jackson le mostraban en un momento excelente, fresco, creativo y con un nivel apreciable que no parecía contar para el paso del tiempo. En directo, sin embargo, todo cambia y eso, en esta, fue ocasión más apreciable que en otras.

El vibrafonista eligió su repertorio, lo expuso, se sentó en una silla cuando había aportado su parte y esperó plácidamente a que el tiempo fuera pasando para dar descanso a su resarcido cuerpo. No fue un concierto malo, no, pero tampoco fue algo ni espectacular ni brillante y eso, en este caso, supuso casi una decepción. Es conocido que Jackson es un maestro con su instrumento, que puede dar a cada tema que toca un tinte especial y que siempre cuenta con un respaldo de músicos más que suficiente como para ofrecer un concierto digno. Lo que no era conocido es que la edad (setenta y seis abriles ya) haya ejercido en este hombre una huella que, lógicamente, no se aprecia en sus álbumes. Jackson se presenta en el escenario con dificultades para andar, con necesidad de sentarse cuando no está tocando y con una expresión que parece decir en cada momento "¿cuánto me queda para acabar?" De ese modo, su sutileza se desmorona, su carisma desaparece y sus melodías son lo único que queda sin poder decir tampoco que lo escuchado no podría haber sido apreciado en un disco en el salón de tu casa. Un concierto de Jackson siempre es un gusto para los oídos, pero no para la vista. Por lo menos, a estas alturas.

E.P.

Arriba

Indice