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Marilyn Manson

Pza. de Toros La Cubierta. 1 de diciembre del 98

La expectación estaba servida. El aluvión de portadas y reportajes dedicados al personaje de Mr. Manson en los últimos meses influyó mucho para que se vendiera la taquilla anticipada. Además del morbo del personaje, existía, a priori, el ánimo de presenciar un gran doble cartel con la presencia del esperadísimo Rob Zombie, y más después de lo ofrecido por éste en su último Hellbilly Deluxe. Sin embargo, en los días previos al concierto se anunció la ausencia de Zombie, con lo que el cartel se quedó medio cojo. Sorprendió la sustitución del neoyorquino con los castizos Sindicato del Crimen, quienes presentaron temas de lo que será Ghetto paradise, su futuro disco. Como cabía esperar, "el coso de las reverberaciones" impuso su ley de ecos y hasta bien entrado su concierto no se entendió nada. Musicalmente dio la impresión de que en este país seguimos dándole vueltas al rap metal aunque Faith no More ya no existan. Lo más novedoso de los madrileños fueron los detalles "techno" de su teclista. 

Después vino una larga espera con la plaza "abarrotá" y con El muro de Pink Floyd sonando levemente como ambiente. Llegó el momento y, tras la cortina y en sombras, apareció la delgada y larguirucha figura de Mr. Manson acompañado de su banda. El escenario parecía un plató de televisión con la batería horizontal de Ginger (con tres bombos profundos, alguno de los cuales era de pegote) y el puesto de mando de los teclados de Pogo (con una estética techno que me recordaba a Gravity Kills) elevados a un segundo nivel. Al frente, la guitarra de Johnny 5 y Mr. Manson vestido con un mono turquesa abrillantado. Contrariamente a la asexuada imagen de la portada de su último álbum, lució un desproporcionado paquete, clara ridiculización de los paquetes de los antiguos heavies, que se hurgó más veces que Michael Jackson bailando en su show. También estaba, por supuesto, su inseparable Twiggy Ramirez, casi siempre a oscuras y con el sonido del bajo poco relevante (¿Sería por el posible retumbar de los graves?). Arrancaron con una desconcertante The reflecting God y, para no perder el hilo, siguieron con Great big white world, más acorde con la estética televisiva de esos momentos. Damos un salto atrás y suena Cake & sodomy, que junto a Lunchbox (que sonaría después) sería el recuerdo a Portrait of an American family, su brillante álbum de debut. Aquí ya destaca la guitarra de Johnny 5 con tesituras más bien heavies y simulando estilos procedentes de Judas Priest. Esto hizo, para mi gusto, que Post human (el tema siguiente) sonara muy duro y no tan Prodigy como el sampler del estribillo. No importaba ya que llegáramos a los momentos más elevados y excitantes del concierto. Se cambia la estética del show y con la ayuda de humos y los pocos barilites que iluminaban el escenario pasamos a ambientes siniestros. Mr. Manson aparece en zancos y con bastones largos haciendo de marioneta e interpretando Mechanical animals para seguir con una soberbia versión del Sweet dreams (ya sabéis, de Eurythmics) hasta crear imágenes lúgubres con una fotogenia que asombraba mientras sonaba Speed of pain. Todos los asistentes cantamos los coros de Rock is dead y, poco a poco, de los ambientes techno-siniestros nos vamos adentrando en un mundo de color rojo, aquí color caliente de morbosidad sexual. Mr. Manson se hizo mujer por instantes y, mientras interpretaba User friendly, las dos esculturales chicas de los coros bajan de sus puestos y comparten toda una apología del sexo, del fornicar, a todos los niveles e inclinaciones, transformando el escenario en un burdel más o menos. I don't like the drugs sonó brutal, con el "drugs" de fondo luminoso muy similar al escenario que luce Kiss. Tras hacer Rock'n'roll nigger abandonaron el escenario y, con su vuelta, pudimos presenciar, por fin, el atril de oratorias para Antichrist superstar y los logos con clara ironía antifascista. Por supuesto, la memoria de El muro de Pink Floyd marca mucho esta performance. No podía faltar después el hit The beautiful people para acabar de lo más Iggy con los sonidos punk de Hate anthem. Quedó claro que Mr. Manson es un actor, una denuncia para las retinas más conservadoras. Es casi un anti-todo.

Pedro Moreno

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