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Maceo Parker La Riviera. 14 de mayo de 1999 Sólo hacía un año desde que el saxofonista Maceo Parker visitara nuestro país y en aquella ocasión, que servía de presentación para Funk overload, su último disco, logró un autentico llenazo. Mucha gente se tuvo que quedar en la calle ante la demanda de entradas, que agotó por completo el aforo de la sala. Seguramente sea ésta la razón por la que Maceo haya vuelto por nuestro país con tanta celeridad para tocar en un recinto de mucha mayor envergadura. Pese a lo temprano de la hora de inicio (con seguridad a alguno no le dio tiempo a salir de su trabajo), La Riviera presentaba un aspecto fantástico, abarrotada por fieles seguidores del músico de Carolina del Norte. Desde el comienzo aquello tenía toda la pinta de una fiesta. Al grupo se le notaba cómodo encima del escenario y el público, entregado de antemano, ovacionaba cualquier mínimo gesto del saxofonista, por lo que la comunión era perfecta. La banda del señor Parker practica un funky de lo más elegante, lo que no está reñido con su principal y reconocido objetivo, que es el de hacerte bailar durante las dos horas y media que duran sus recitales. Si la primera hora tuvo un carácter más académico, con Maceo dedicándose en exclusiva a su saxofón, esto acabó con la obligada presentación del grupo. A partir de ese momento comenzó un escalada de intensidad que parecía no tener fin. Los temas se sucedían con ritmo y el público parecía entrar en trance. El saxofonista se separó de su instrumento para marcarse unos bailecitos y dar paso a los dos cantantes, los cuales, hasta ese momento, se habían encargado de los coros. El primero era un autentico clon de James Brown (el cantante con el que se diera a conocer el propio Maceo) y puso la sala boca abajo. El segundo era Corey, el hijo del saxofonista, que le dio un toque rapero a la noche. También hubo tiempo para los guiños en forma de versiones a monstruos sagrados, como Marvin Gaye, Ray Charles o Bob Marley, que acabaron por rendir hasta a los más escépticos. El espectáculo acabó con un apoteósico bis final, el grupo en los altares del funky y el resto de quienes estábamos allí con espasmos musculares del maratón de baile. Igor López
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