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Loquillo y Trogloditas

La Riviera. 27 de noviembre del 98

Este concierto servía para presentar en Madrid lo que es el último lanzamiento de la banda, un recopilatorio que pasa revista a los veinte años de carrera del Loco y que se ha solapado en el mercado con lo que es el último disco con material inédito del cantante. Así, lo que podía esperarse del mismo era una retahíla de grandes éxitos y un disfrute generalizado, ya que la gente estaba entregada a este material desde antes de que se abrieran las puertas del recinto. Los Trogloditas son, probablemente, la mejor banda de rock que hay en el país y cuentan con un frontman como Loquillo que sabe elegir el material a grabar y que lo presenta en directo con cierta dignidad. Metido en su ropa de cuero, con su característico peinado y con unas poses de lo más chulescas ("en Madrid ser chulo es un arte", dijo en una de las ocasiones), Loquillo fue dando entrada a algunas de las piezas más clásicas de su discografía antes de parar el show para tomarse un descanso y vestirse de oficinista con portafolios. Todo el mundo ama a Isabel, Besos robados, Ritmo de garage, Hombres, Simpatía por los Stones o Treinta y tantos fueron algunas de las piezas que consiguieron poner el listón más alto y que obtuvieron un enorme respaldo por parte del público. El Loco también está aprovechando esta gira para contarnos su historia por capítulos, con lo que las presentaciones previas a las canciones se convierten en batallitas ofrecidas con chulería que sirven, del mismo modo, para hacer bandera de buenos sentimientos. Presentó, por ejemplo, ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste? recordando su primer viaje a Madrid en el 82 y haciendo un homenaje a Burning, reivindicó su "territorio" con Maldigo mi destino y aprovechó para recordar que aún hay torturas en las comisarías españolas antes de cantar Los ojos vendados. El punto tonto (muy tonto, además) de la noche vino cuando se negó a cantar La mataré argumentando que aún hay "machitos" que maltratan a las "tías". La excusa no puede ser más absurda y no sería tan importante si no fuera porque La mataré es una de las canciones que ha superado a su intérprete y que, formando parte del mejor repertorio de Loquillo y Trogloditas, no puede disfrutarse en directo. Hacer alguna alusión en el sentido de que esta canción pueda animar a alguien a sacudir a una chica es tan estúpido como decir que Los ojos vendados anima a la policía a pegar a los detenidos. Se supone que estas canciones presentan situaciones que "no" nos gustan y que se hacen para ponerlas en entredicho. El argumento de Loquillo roza el absurdo cuando, precisamente, La mataré es el single que ha sido editado para promocionar el álbum recopilatorio que presentaba. Parece que últimamente es políticamente correcto decir a todo el mundo que no pegas a tu chica y que estás contra esa postura: da la impresión de que todos los chicos están bajo sospecha. Aparte de eso, el concierto tuvo otros puntos a destacar. Se cerró con Cadillac solitario y dejó en el tintero Rock and roll star o Siempre libre, canciones que, probablemente, el público hubiera agradecido más que los minutos de charla que Loquillo aportó o que la ceremonia de entrega de un cuadrito, homenaje que su compañía discográfica le dio en el escenario, por la venta de más de un millón de discos a lo largo de su carrera. Esa, cuando estamos hablando de rock'n'roll en castellano, es una cifra en la que fijarse: muy pocas veces puede hacerse de un tirón y para llegar a estos números es necesario un montón de años de trabajo. En resumen… un gran concierto que todavía pudo haber sido mejor.

E.P.

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