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Jarabe de Palo

Las Ventas. 9 de septiembre de 1999

Si hay algo que me gusta del llamado "mercado musical" es que es impredecible. Y es impredecible porque no hay Dios que lo entienda. Muchos expertos, infinidad de críticos… Y, cuando te quieres dar cuenta, aquél en el que nadie había visto posibilidades pega un pelotazo mientras que el músico alabado y ensalzado por todos los medios no logra convencer a nadie. Yo tengo que admitir, desde ya, que no entiendo el fenómeno Jarabe de Palo; no consigo encontrar explicación a que música tan simplona llegue a tanta gente. Pero lo cierto es que llega ¡y de qué manera!

Las Ventas presentaba un aspecto estupendo, con una entrada impresionante aunque sin llegar al lleno. Lo mejor era que todo el público que acudió al coso era gente entregada de antemano, que se sabía todas las canciones y que bailó (no me explico cómo se pueden bailar ciertas cosas tan sumamente lentas con tanta algarabía) con un entusiasmo que consiguió hacer del concierto, desde el primer momento, un éxito completo. No hizo falta, siquiera, que comenzara a sonar La plaza de las palmeras, la canción que abrió el concierto. Bastó con que Pau Donés apareciera por el escenario, con las luces aún sin explotar, para que la mitad de la plaza empezara a corear su nombre y las chicas que ocupaban las primeras filas rompieran en gritos y llantos. En cuanto el tinglado se puso en marcha se pudo comprobar que no todo el público era como el que se colocó cerca del escenario. Al contrario: si algo ha conseguido Jarabe de Palo es llegar a todo el mundo. Así, se podía ver en la arena tanto a cuarentones bailando como a parejas de mujeres maduras arregladas y con bolso sentadas en la grada cantando todas las canciones con entusiasmo. La plaza entera se convirtió en un coro de lujo que demostró que sabían cada sílaba de Mi mundo en tu mano, Vive y deja vivir o El bosque de palo. Lógicamente, con Depende ya fue el acabose. Pau ni siquiera tuvo que cantar y dejó pasar dos estrofas mientras el público hacía su papel al tiempo que en el escenario se proyectaban diapositivas a gran tamaño y en blanco y negro. Jarabe de Palo también ha sabido exponer su material con un show acorde al crecimiento de su público. Gracias a una sabia escenografía y a recursos de luminotecnia, el espectáculo podía ser disfrutado desde cualquier punto de la plaza, algo importante cuando estamos hablando de una parroquia numerosa que, lógicamente, no debe conformarse únicamente con escuchar en directo lo que puede obtener con un disco. Musicalmente, el grupo suena perfectamente y deja constancia de que también ha sabido rodearse de un equipo técnico acorde a su éxito. Duerme conmigo y Realidad o sueño fueron los temas que dieron paso a La flaca, canción que sigue siendo santo y seña del grupo hasta que no encuentre otro hit como ése. El material de los dos álbumes de Jarabe de Palo fue desgranándose sin excesos ni acciones espectaculares y vino a poner de manifiesto que las canciones bien construidas, en medio tiempo, pueden encontrar un público masivo si tienes la suerte de llegar a él. Pau reservó como sorpresas la presencia de Niña Pastori en el escenario y la interpretación en los bises de El sitio de mi recreo, un tema de Antonio Vega que se recuperó para la ocasión. Sigo sin entender qué ve tanta gente a los temas de Jarabe de Palo, pero me quedó claro que algo tienen que tener cuando provocan tanto entusiasmo y afinidad. Además, se pudo comprobar que muchísima gente de la que fue a verlos a Las Ventas no eran personas habituadas a moverse en un concierto de tal magnitud, lo que implica que Pau y su banda han conseguido arrastrar hasta el directo a gente que, por norma, no suele disfrutar de la música en vivo. Eso, lógicamente, es positivo, como también lo es el hecho de que un músico español (cada vez son más) pueda aglutinar tal cantidad de público. La fórmula sigue siendo un misterio, pero Pau la tiene. Que le dure.

E.P.

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