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Iron Maiden + Megadeth La Cubierta de Leganés.26 de septiembre de 1999 Se quejaban los miembros de Iron Maiden en una de las ruedas de prensa previas a sus conciertos en España de que muchas revistas les han puesto a parir últimamente y que ahora les dan portadas. Obviamente se quejan de vicio, porque lo normal, si no eres un "alabador profesional", es comunicar al público lo evidente y lo evidente es que, sin Bruce Dickinson, Iron Maiden ha sido un grupo del montón muy alejado de aquél que dejara huella en la historia de la música. Tan evidente resultó el asunto que hasta ellos mismos han vuelto a unirse sin esperar más tiempo. Por si alguno tenía duda de que el vocalista suplente de Dickinson durante esta última temporada no estaba a la altura de nada, bastó ver al carismático Bruce en su paso por Leganés. Blaze Bailey podía ser un vocalista digno, pero Dickinson en escena hace de mono, saltimbanqui, actor, cantante y showman por el mismo precio. Además, en su paso por España se mostró en una forma envidiable, lo que, al fin y al cabo, siempre es un añadido más en un concierto de heavy. Si a esto le añades que ahora los Maiden han recuperado su línea de tres guitarras y que el repertorio de esta última gira no es otra cosa que un repaso a sus grandes éxitos, puedes presuponer que lo que se vio en Leganés fue un espectáculo de lo más divertido, ideal para recordar tiempos mejores y estupendo para que la parroquia heavy se lo pasara en grande animando y disfrutando con la banda más grande del género. Iron Maiden es de los grupos que ya no puede inventar (habría que preguntarse quién lo quiere), por lo que lo que se les puede pedir es que hagan honor a su nombre y que lo que hagan lo hagan bien. Sus telones, su luminotecnia, una escenografía cuidada con decorados al uso, las escaladas de Dickinson por las torres laterales de andamiaje, los coros del público todo lo que era previsible apareció. Y lo hizo con la solvencia y profesionalidad que se puede exigir a una banda con este nombre. Unicamente dos borrones mancharon el espectáculo, si bien eso pareció importar a pocos. Uno fue el sonido, deficiente por momentos y poco digno para presentar tres guitarras con un vocalista por delante. El otro, y mucho más importante en este caso, era cómo fue tratado el público. De nuevo (y ya son unas cuantas) el aforo se rebasó en exceso y muchas personas que habían acoquinado sus pelas en la taquilla fueron incapaces de poder ver lo que había en el escenario. Accesos colapsados, gente sentada en las gradas detrás de la línea de escena, personas colocadas de tres en tres en espacios que, en teoría, son únicamente un asiento algo incomprensible que tienta a la suerte (la mala) con excesiva complacencia. La Delegación del Gobierno en Madrid es la encargada de velar para que los aforos no se rebasen y, tal y como funcionan estas cosas últimamente, parece que el responsable del asunto está más ciego de lo que debería. ¿Cómo se consigue que un Delegado del Gobierno sea ciego? No lo sé, pero se me ocurren varias maneras. Afortunadamente, la gente fue a disfrutar y lo hizo desde el primer momento. La presencia de Megadeth, que apareció puntual y tocó durante algo más de cuarenta minutos, fue una mecha que encendió el barril de pólvora. El cuarteto estuvo solvente, duro, digno, y solamente se le pudo achacar la poca nitidez de sonido que exhibió en los primeros compases de su show. Por lo demás, aunó con maestría temas viejos y nuevos y puso al público a cien dado que éste estaba más que predispuesto. Entre banda y banda, buscando espacios donde no los había, la gente visitó las barras y los servicios poniéndose a tono para el espectáculo final. Todos sabían que asistíamos a una gira promocional, pero, después de ver los últimos pasos de los Maiden por nuestro país, es mejor que nos vendan un vídeojuego a que nos vuelvan a enseñar a Bailey. El concierto comenzó con el anuncio de Ed Hunter, el compacto recopilatorio vídeojuego del grupo que compone su última entrega, proyectado sobre una pantalla de vídeo. No fue el único corte publicitario: Dickinson habló de lo que será su entrega del 2000, repitió hasta la saciedad que no vuelven porque nunca se habían ido y se deshizo en elogios para con el público madrileño. El resto fue una colección antológica de sus piezas históricas y, como tal, un festival de tópicos que se disfrutan con la misma naturalidad que los inventos imposibles de James Bond. No faltó Eddy, danzando en el escenario en versión reducida y apareciendo antes del cierre en su tamaño familiar. Tampoco se dejaron de lado las explosiones, los fuegos infernales ni los duelos guitarrísticos. Estuvo presente todo aquello que suene a heavy metal y, lógicamente, el público dio su beneplácito dado que aquello era lo que había ido a ver. El resultado fue, en suma, de lo más satisfactorio habida cuenta de que quien sacó su entrada sabía lo que iba a ver y que tanto Megadeth como los Maiden le dieron todo tipo de golosinas. Ahora lo que queda esperar es que Dickinson, Harris y compañía se apliquen en su próxima producción y, aunque no hagan nada nuevo, lo que hagan lo hagan bien. E.P.
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