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Hechos contra el Decoro

Caracol. 24 de febrero de 1999

Era bastante previsible: Hechos contra el Decoro tienen ya suficiente parroquia en Madrid como para llenar la Caracol más de una vez y, además de estar la sala a rebosar, numerosas personas se quedaron en la calle sin poder conseguir su entrada. El asunto tiene también una visión negativa: ésta es de las bandas que, por su personalidad o por su ideología, toca con mucha frecuencia en casas ocupadas y centros sociales sin que haya que pagar para verlos. Eso está haciendo que mucha de la gente que desplazan a sus conciertos haya adquirido la costumbre de verlos "por la cara" y que algunos de ellos no se corten en absoluto a la hora de intentar entrar en el recinto sin pasar por taquilla con el consiguiente jaleo que supone y con los inconvenientes que te puedes imaginar para el personal encargado de la seguridad, algo que se pudo comprobar el pasado mes en la sala Caracol y que creo que, si los Hechos no limitan un poco sus actuaciones solidarias, esto se va a convertir en una costumbre de su público que no les ayudará nada en sus relaciones con promotores. Puede pensarse que esto sucediera porque la sala se les quedaba pequeña, pero puede pensarse también que aún más gente se habría acercado a verlos si hubieran abordado un recinto más grande. El tema es que nadie se acostumbra a pagar, aunque sea de vez en cuando, por algo que antes se les ha ofrecido gratis.

¿Y por qué tienen los Hechos esta parroquia tan abundante? Pues está claro. Hoy por hoy, son una de las mejores bandas que se pueden encontrar, tienen una propuesta musical de lo más atrayente y efectiva y, además, aglutinan en sus textos ideas muy bien expresadas que son compartidas por cualquiera que tenga un mínimo espíritu social. Con estas bazas, expresadas ya en dos álbumes realmente magníficos, solamente les queda consolidar su propuesta de directo para atraer a un público enorme; y, a favor del grupo, hay que decir que mejoran en cada actuación y que no dejan de actuar. Lo ofrecido en Caracol conectó con el público desde la primera nota y no hubo un momento flojo en todo el tiempo que tocaron. Instrumentalmente, la banda arregla cada pieza para transmitir calor, funde en sus temas una fusión cómoda y entendible y aporta intensidad al mismo tiempo que frescura. Tienen todo lo que se puede pedir en un concierto y sólo flojean (cada vez menos) en la expresión de sus vocalistas, a los que en demasiadas ocasiones no se les entiende por la rapidez con la que se expresan o por la marcha que llevan sus cuerpos. Por lo demás, la base rítmica es un cañón de lo más sólido, guitarra y teclados aportan momentos sonoros muy elogiables y la sección de viento provoca un ambiente que igual cede ante el soul como ante las formas latinas. Puede que, por su manera de ver la vida, el grupo no quiera entrar dentro de entramados que podían hacerle crecer por entenderlo como una concesión a la comercialidad, pero cada día es más evidente que lo ofrecido por Hechos contra el Decoro gusta a más y más gente y que estamos ya ante una propuesta que podía ser mayoritaria en cuanto fuera conocida por el público que todavía no se ha enterado de que la banda existe. De ese modo, empieza a ser necesario pensar ya en números mayores, sobre todo cuando se hacen las previsiones de asistencia a sus conciertos.

E.P.

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