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Garbage

La Riviera. 11 de febrero de 1999

Uno ya no sabe dónde tiene la cabeza. Me acostumbro al horario habitual de los conciertos de La Riviera, que rara vez se cumple, y ahora van y me lo cambian. Despistado de mí, llegué casi media hora tarde a ver a los poperos de moda, al grupo que, gracias al anuncio Pepsi, ha mejorado sus cifras y su repercusión de una manera impresionante.

Y lo peor es que, por lo que me comentaron, me perdí lo más interesante del espectáculo, por lo que conviene no tomarse esta crónica con mucha fiabilidad. Cuando aterricé en la sala aún quedaban ciertos ecos de diversión, de movimiento y de efecto lúdico, pero en muy poco tiempo todo se convirtió en una colección de baladas y medios tiempos que se me hizo bastante sufrido. Incluso el despliegue de luminotecnia que me sorprendió al entrar se fue diluyendo poco a poco, haciendo el show cada vez más soso. Había quien me decía: "¿Qué quieres? Es un concierto de pop". Y, lógicamente, tenía razón. Pero el pop, como todo, tiene un abanico tan amplio que no justifica tales altibajos. Lo cierto es que Garbage, con una Shirley Manson divertida, que se paseó el escenario tantas veces como pudo y animó al público lo mejor que sabe hacerlo, son un grupo con empaque que sabe defenderse sumamente bien en directo; pero, con las mismas, es una banda que aún no tiene tanto repertorio como para mantener un buen nivel de intensidad durante hora y media. Así, como yo me perdí el despegue, llegué al momento de bajón en el que los temas ya no eran tan directos ni tan movidos como en la primera parte del show. De todas maneras, ya digo que mi opinión no puede ser nada objetiva debido al retraso. Lo cierto es que la gente, que atiborró el local, se lo pasaba de miedo, coreaba cada tema y respondía ante cualquier guiño que el grupo hiciera desde el escenario. Cuando tenían que bailar bailaban y cuando llegaban los tiempos lentos escuchaban con atención coreando los estribillos. Supongo, por tanto, que quien fuera a ver a Garbage y los viera en su intensidad no saldría defraudado. Mejor olvidaré esta experiencia y procuraré repetir cuando vuelvan por aquí.

E.P.

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