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Fun Lovin' Criminals La Riviera. 25 de marzo de 1999 Ya había ganas de apreciar a Huey, Fast y Steve sobre un escenario. Quizá la ansiedad por escuchar lo que puede llevar al directo Fun Lovin' Criminals tuvo mucho que ver a la hora de rendirse una Riviera casi llena a sus pies. Un trío como éste, de lo más elegante que ha dado el mestizaje neoyorquino, no podía desmerecer sobre una tarima aunque suela decirse que tres son pocos para un concierto. Steve, el hombre orquesta, elegante de pies a rubia melena, introdujo todo lo que hacía falta para poner en escena un disco como el que presentaban (100% colombian), cargado de exquisitas sonoridades a medio camino entre el rap de la gran manzana (pero con mucho más estilo, sin grosería y, sobre todo, con melodías marcadas), el acid jazz melancólico e intimista y los ritmos más bailables del fin de siglo cambalache y febril del que Fun Lovin' Criminals son verdaderos abanderados. Un sonido impecable arrulló la magnífica y personalísima voz de Huey, cantante, guitarrista y auténtico frontman con toda la sensualidad necesaria. A nadie escapó la sensualidad chulesca de este Huey, a quien más de una y uno quisiera escuchar al oído y tener cerquita la mezcla entre Bruce Springsteen y Alejandro Sanz (el cuerpo de uno y la sonrisa del otro) que representa el chaval. Gracioso, "matador" y parlanchín (¡qué pena de acentazo macarra! No había forma de entenderle) estuvo Huey durante toda la noche, buscando y encontrando la complicidad con un público adorador. Temas como el delicioso Love unlimited, cuyo estribillo homenaje a Barry White, o Korean bodega, pertenecientes al último álbum, se intercalaron con canciones de corte más estrictamente rockero de Come find yourself, el debut de 1996. El concierto, en general, fue un crescendo de intensidad e intimidad al mismo tiempo. Los dos primeros temas descargaron cual si los mismísimos Anthrax hubieran entrado en La Riviera en sus mejores tiempos; más de uno se sorprendió, puesto que aquello no era, decididamente, lo que puede degustarse en 100% colombian (por cierto: ¿adivinas a qué se refiere el título?). Pero los ritmos rockeros fueron aplacándose y entrelazándose con nuevos aspectos y revisiones musicales para ir dando paso a esa personal visión que, dentro de la temática del rap más "manhattanero", tienen FLC. Los teclados de Steve, que de cuando en cuando, si era menester, se acercaba con una trompeta tan elegante y brillante como él mismo, ensancharon caminos y abrieron puertas hasta llegar a la conclusión de que sólo faltó la bola de cristales para sumergir La Riviera en una auténtica pista de discoteca. En resumen, que nadie paró: los devaneos laterales se hicieron imprescindibles tanto como los meneos melenudos "alante y atrás" si se quería llevar el ritmo de Fun Lovin' Criminals. Si acaso, se hizo un poco corto. Ahora, a esperar otra vez. Pena. Sonia Martínez
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