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Metallica y su público dieron forma al Festimad'99. Julio de 1999 Backyard Babies, lo mejor con diferencia Que Metallica fuera el plato estrella de esta edición de Festimad no tiene por qué sorprender. Los de San Francisco son ya una banda clásica dentro del mundo de la música y, además, tienen la carrera más consolidada de todos los grupos que han pasado por este festival. Más sorprendente resulta, sin embargo, que esta edición de Festimad haya abandonado muchos de sus postulados motivada, probablemente, por la actuación de estos norteamericanos. Primero fue el cambio de fecha. Era imposible tener a Metallica en mayo y no se dudó ni un momento en que la presencia del combo era mucho más importante que los días en que se celebrara el festival. La cuestión es que el Móstoles de julio no se parece mucho al Móstoles de mayo y que, si una premisa fundamental de las primeras ediciones de Festimad era llevarse a la gente al campo en vez de meterla en un campo de fútbol a tragar polvo, aquí eso quedó olvidado porque era inevitable. La organización se esforzó en paliar el calor y la polvareda con la instalación de "zonas líquidas", pero lo cierto es que ni con ésas se pudo evitar que en ciertas zonas del recinto mostoleño uno se sintiera como en una tormenta en el desierto. Metallica mandó también en muchas otras cosas. Desde primera hora de la mañana, el escenario principal tenía colocado el telón que los norteamericanos utilizarían en su show, una imagen similar a la portada de su "Reload" que tuvo que aguantar el resto de las bandas que tocaron allí. Además, su rueda de prensa fue un espectáculo casi patético, con vallas limitando el acceso de la prensa a la carpa en la que se instaló el grupo y con personas de seguridad que no sabían cómo controlar la enorme mara de acreditados (hasta cuatro mil reconoció la organización) que querían ver de cerca al grupo. Para cerrar el tema, la banda limitó a quince el número de fotógrafos que podían cubrir su concierto, aspecto no estipulado en su día y que provocó bastante indignación entre los reporteros gráficos de los diferentes medios que se quedaron fuera del foso. Este aspecto, que nosotros siempre respetamos en uno u otro sentido, es el que hace que en este reportaje no haya fotos de Metallica: si ellos no quieren fotos pues no las tienen y ya está. Lo que más parece haber originado la presencia de esta banda ha sido, con todo, un importante cambio en la habitual programación de Festimad. Mucha menos variedad que en otras ediciones y un tono hardrockero general dominaron las actuaciones y dejaron a los artistas españoles en un segundo o tercer plano, hecho que también trae a la memoria la premisa de los organizadores, expuesta en ediciones anteriores, de tener siempre un cabeza de cartel propiamente nuestro. En el 99 sólo Fromheadtotoe y Superskunk estaban programados en el escenario grande, aunque, gracias a la suspensión de Creed, Skunk D.F., añadidos a última hora, pudieron entrar también en ese recinto. Por lo demás, excepto contadas excepciones, la presencia española se vio relegada únicamente a los ganadores de los concursos mostoleños que permiten a grupos noveles presentarse en sociedad dentro de este festival. El pop y el mestizaje quedaron relegados a un escenario ("El antojito") en el que una compañía pagó por su alquiler y presentó a sus artistas; mientras, la carpa dance se convirtió en un cocedero que sólo empezaba a ser habitable tras la caída del sol. A nivel organizativo, se tomaron diferentes decisiones que tuvieron un recibimiento desigual. Los fotógrafos tenían que acceder a los fosos cada vez por un sitio distinto, se eliminó la opción de descontar veinte duros en el precio de las bebidas entregando un vaso usado y se colocaron menos servicios, aunque se limpiaron más veces. Del mismo modo, la pulsera que acreditaba el pago de la entrada cambió su material de plástico a tela, lo que permitió que las de color negro pudieran ser falsificadas con una simple fotocopiadora. El público acudió, según los organizadores, en mayor número que otros años, aunque quienes estábamos allí no vimos esa progresión por ningún lado. El hecho de que en esta edición hubiese un escenario menos acumuló más gente en determinadas zonas, pero, con todo, uno se podía mover por el recinto con bastante más comodidad que otros años. En esta edición se dio, además, una circunstancia que no había ocurrido aún a un nivel tan masivo: la gente que iba a ver a Metallica decidió ir a ver "sólo" a Metallica, con lo cual la asistencia al recinto bajó de una manera considerable después del primer día hasta el punto de que Black Crowes o Ministry apenas tuvieron en sus actuaciones al público que cabía en el escenario pequeño. Musicalmente, el festival ofreció lo esperado. Backyard Babies demostraron que siguen siendo una banda a años luz del resto de sus compañeros de generación y, después de verlos, no extrañó nada que fueran programados detrás de Metallica. Si toda la gente que vio a los de San Francisco hubiera visto a los suecos la actuación de los primeros hubiera sido valorada de una manera bien diferente. Viene esto a cuento porque Metallica se marcó un show que sigue demostrando que en cada paso por nuestro país el grupo se muestra en peor forma, con menos interés y con la evidente percepción de que siempre les vale lo mismo para salir a flote. Los norteamericanos hicieron la actuación propia de un festival, tirando de sus grandes éxitos y recurriendo a sus tópicos más manidos, entre los que no podía faltar una exhibición de pirotecnia propia de los grandes montajes. Eso sí: dieron a su público lo que éste esperaba y consiguieron que quienes sólo fueron a verles a ellos quedaran de lo más satisfechos. En ese terreno, habría que valorar su actuación de una manera positiva por cuanto, al menos, quien pagó quedó contento. Lo que para unos fue un suplicio (alargaron su show hasta las dos horas y media) supuso para sus fans un motivo de enorme alegría y, al fin y al cabo, eso es lo que debe predominar en un festival. El resto, quienes no eran fans, esperaban con paciencia que Metallica terminase para que Backyard Babies pudieran empezar su actuación, ya que parecía pactado que los suecos no podían tocar hasta que los señores metálicos no cerraran su show. La espera, por lo menos, mereció la pena, ya que los congregados en el escenario pequeño pudieron ver lo que fue, con mucho, el mejor pase del festival. Los Backyard mejoran cada día a pasos agigantados y descargaron su set con una intensidad y pasión que no dejó indiferente a nadie. Su estilo, a medias entre el rock más cañero, ciertos toques heavies y una actitud de lo más punkie, entra a la primera cuando es presentado con una actitud de entrega que aflora por cada poro de los cuerpos de esta gente. Son, sencillamente, geniales y una de las bandas de las que más se puede esperar de cara a la próxima década. El día de Metallica y los Backyard también tuvo otros tres platos fuertes. El primero fue Monster Magnet, quien cumplió con solvencia e interés en su primera visita a España. El grupo tiene un enorme tirón en directo, pero se vio obligado a sufrir ligeramente el tema del horario haciendo medio concierto a la luz del día entre una considerable polvareda. Con todo, pusieron la carne en el asador mostrando una buena imagen y actitud, entregándose plenamente al calor de sus guitarras y entreteniendo al público tal y como se esperaba. Igual o mejor aparecieron Skunk Anansie, una formación que también mejora cada día y que cuenta entre sus bazas con una Skin que ya es todo un seguro en el escenario. Esta mujer es plena energía metida en fibra, sostiene por sí sola al público en lo más alto y tira de un grupo que alcanza ya unos resultados más que satisfactorios. El último plato sólido de la noche era la presencia de Tricky en la carpa dance, pero un desfase horario hizo que su actuación se perdiese entre los horarios y que el público no supiera bien ni dónde ni cómo encontrarle. Un fallo en un generador retrasó su actuación casi dos horas, lo que hizo que terminara tocando al mismo tiempo que Metallica con todo lo que eso suponía. El segundo día festimadero no tuvo el mismo balance. Para empezar, la actuación de Smash Mouth se fue al garete, cosa que ya da que pensar porque, con ésta, es la segunda vez que suspenden en este festival. Por otro lado, dos de las, a priori, mejores actuaciones coincidieron en horario, obligando a la gente a elegir entre el rock de Black Crowes o la oferta más bailable de Transglobal Underground. Junto a Black Crowes, la responsabilidad de convencer en el escenario grande correspondió a Fromheadtotoe, con muy poco público, Queens of the Stone Age, que no lo hicieron mal, y Ministry, ascendidos hasta el punto de convertirse en cabeza de cartel de esa noche. Black Crowes tampoco se salieron de lo previsto, pero lo presentaron con una elegancia y buenhacer que convenció al público (menos de la mitad del día anterior) congregado ante su show. Gozaron de la presencia de las pantallas de vídeo que, a ambos lados del escenario principal, ofrecieron tomas fijas de los grupos que tocaron por la noche (excepto Metallica, claro), con lo que sus posturas y dejes pudieron ser apreciadas desde una distancia lejana. Su repertorio abundó en la parte más rockera de su material, lo que es de agradecer bastante, ya que sus desmanes psicodélicos dieron de vez en cuando una bajada al concierto, si bien, afortunadamente, no se alargaron en exceso. Al final, el resultado fue muy positivo y mostró a la banda en un gran momento desdiciendo los rumores de suspensión que habían abundado en la semana previa a su paso por Móstoles. Ministry, por su parte, dio lo que podía dar. Caña a diestro y siniestro con sonidos industriales y con una intensidad que no logró calar en el público más allá de las primeras filas. Si bien su actuación puede calificarse como buena, lo cierto es que su propuesta no ha tenido nunca una gran aceptación entre el público español mayoritario, lo que afectó bastante al espectáculo si tenemos en cuenta que hablábamos de un cabeza de cartel. Tras Ministry, aún quedaban actuaciones que alternaban la amplia oferta hardcoriana de este Festimad con los sonidos electrónicos de la carpa dance y los boxes. Entre estos últimos era esperada la presencia de Howie B, pero fue un tanto descorazonador ver que el artista sólo vino en su faceta de DJ. Con todo, el balance general del Festimad no es ni más positivo ni negativo que otros años aun cuando destaca sobremanera la restricción de estilos que ha abarcado el festival. Ofertas como las de P-18, Rabanes o Amparanoia tenían que competir con artistas verdaderamente fuertes que todo el mundo quería ver y que traían consigo un éxodo generalizado hacia los dos escenarios mayores. Por lo demás, calor, muchos más vasos en los suelos que en las papeleras y muchas esperas para todo: para sacar tickets, para obtener una bebida, para beber de las fuentes En principio se ha anunciado que el año que viene Festimad volverá al mes de mayo, pero eso, a estas alturas, no es más que eso, un anuncio. A nadie se le escapa que el cartel de este año no habría sido posible conseguirlo en esas fechas y nada hace prever que ese hecho vaya a cambiar. En la edición del 99 ha quedado claro que, si no hubiera sido por la presencia de Metallica, la venta de entradas habría sido mucho más floja que en festivales precedentes. E.P.
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