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Eleftheria Arvanitaki Palacio de Congresos. 17 de octubre de 1999 Parece que se ha puesto de moda la música griega. El tema no es demasiado nuevo, ya que, si nos ponemos a pensar, gente como Mikis Theodorakis o Nana Moskouri ya habían triunfado en nuestro país. El caso de Eleftheria Arvanitaki podría, por estilo, entrar entre medias de los dos, ya que, aunque se ubica decididamente en la música pop, la vocalista no abandona un cierto toque folklórico y de raíz en sus composiciones. Puestos así, su concierto en Madrid resultó como cabía esperarse, con cierto toque exótico en el que abundaron solos de bouzouki, abundantes teclados ambientales, percusiones de todo tipo y una faceta mucho más melódica en la que Eleftheria recordaba ampliamente a vocalistas femeninas muy standards y con amplio calado en el público mayoritario. El show resultó, por tanto, ciertamente irregular, con momentos más bien largos en los que lo que salía del escenario no tenía ningún interés y con otros sumamente atractivos, sobre todo aquéllos en los que la Arvanitaki dejaba claro su compromiso mediterráneo y la contemporaneidad de sus formas. Curiosamente, el público respondió tan bien a los unos como a los otros, algo que sorprende si tenemos en cuenta que, salvando el último álbum de Eleftheria, esta mujer era prácticamente desconocida en nuestro país. Bien es cierto que entre el público había un enorme componente de nacionalidad griega, pero no queda menos patente el hecho de que la gente quiere disfrutar lo más posible cuando saca una entrada. Fue la presentación de la griega ante el público de Madrid y, realmente, quedó coqueta, llamativa y sin un fallo, si bien habría que señalar que se esperaba mucho más de ella que lo que realmente se vio. Puede achacarse el hecho a que Eleftheria eligiera su repertorio en base al desconocimiento del público al que iba a dirigirse, pero eso solamente debería animarla a un mayor índice de riesgo en sus próximas visitas. E.P.
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