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Def con Dos La Riviera. 12 de febrero de 1999 Unos comentan que se ha acabado el pastel y otros que, simplemente, estamos ante una mala racha. Sea como sea, lo cierto es que la decepción que supuso la última entrega discográfica de Def con Dos se ha ampliado al escenario. El último paso del grupo por Madrid no contó, es cierto, con todos los alicientes que suelen acompañar a la banda cuando se presenta en esta plaza, pero puede que de ello también tenga la culpa la flojita entrega que DCD ha realizado en su último trabajo. El público no respondió y eso, precisamente, no es algo que anime a una formación que se dio un baño de multitudes tras otro en su anterior gira. En esta ocasión, medio aforo de público dejó ver excesivo cemento, sobre todo si tenemos en cuenta que en los dos días anteriores Offspring y Garbage apenas habían dejado huecos en el local. Y, fueran o no influenciados por la poca respuesta que tuvo la taquilla, la gente de Def con Dos, otrora fascinantes y cáusticos despiertamentes, eligieron para su nueva puesta en escena, como era lógico, el tronco central de su nuevo álbum, una colección de canciones tan tópicas que cualquier ministro podría rubricarlas. Antes, Def con Dos decía justamente lo que cualquiera políticamente correcto callaba; ahora, las consignas del grupo son tan asumibles como masticables y hacen con ellas una manifestación autorizada. Su repertorio se movió entre las piezas nuevas, acogidas fríamente por la mayoría del público, y sus temas más emblemáticos, los que, a la postre, salvaron el concierto para los incondicionales que, afortunadamente, sigue conservando siempre una banda como ésta. La puesta en escena, con ser elaborada y en ocasiones espectacular, abundó en demasiadas cosas ya vistas y las, en teoría, sorpresas, se convirtieron en bromas que casi cabía esperar. Situaciones como ésta no deben llevar a pensar que la propuesta musical de los Def está acabada, aunque (eso sí parece evidente) necesita una renovación que no debería retrasarse más que hasta el próximo disco. Los enormes recitados a voz en grito sobre guitarras plenas de distorsión emulando a los guitar heroes heavies han tenido su momento, pero eso no quiere decir que haciendo siempre lo mismo puedas conseguir lo mismo. La oferta del grupo queda ya exagerada, un tanto cansina cuando se ofrece en vivo a un volumen elevado y con poco más que ver que a los vocalistas pegando saltos. En fin: no siempre se puede estar a un nivel exquisito y, mientras que en la gira de Ultramemia la banda se lució todo lo que quiso, en ésta se está quedando muy por debajo de lo que podía suponerse, por lo menos en su paso por Madrid. E.P.
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