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Creed

Caracol. 25 de marzo de 1999

Antes de entrar en materia, vamos a comenzar con una evaluación global de lo que ha sido el grunge como movimiento musical de la última década para que queda claro este comentario.

Todos sabemos que desde mediados de los ochenta se estaba gestando en Seattle un sonido que realizaban un montón de bandas que coincidieron en el tiempo, cada cual en su estilo, y que aquello supuso la antesala de todo un estilo musical que puso en su cúspide a Kurt Cobain (por estas fechas se cumple el aniversario de su muerte), quien, filosóficamente hablando, era un personaje "antitodo", rebelde y desaliñado, fracasado y débil, sensible y artista, como si fuera un antihéroe en la música tal como lo fue Charles Chaplin en el cine. Esto generó una juventud con unas posturas que standarizaron lo indie, que procedía de la independencia (de criterios, se suponía). Más tarde, y como muy bien se describe en el film Hype!, estas formas e ideas tan rebeldes y ensoñadoras fueron absorbidas y manipuladas por una maquinaria capitalista que lo transformó en una simple moda. Poco después, y tras la muerte de Nirvana, se cerró una etapa artística casi en su totalidad (exceptuando Pearl Jam y poco más). Así llegamos hasta Creed. Seguimos en un país a la cola del mundo, donde los estrenos discográficos llegan meses después de su salida en el extranjero, caso de este My own prison, primer disco de los de Florida. El hecho de que Creed no sean de Seattle no tiene nada que ver respecto al juicio de su música y, si bien es cierto que llevan varios millones de discos vendidos en U.S.A., y lejos de ser una maravilla, el álbum es, cuanto menos, decente e interesante. Ese interés llevaban mis sentidos cuando asistí al concierto que la banda ofreció en Madrid y todo el perdón que había concedido a las comparaciones tópicas de sus canciones con Alice in Chains y Pearl Jam hicieron que me arrepintiera de ello. Se me cayeron en picado cuando vi a cuatro muchachitos correctamente vestidos de aquella moda jugando al grunge y rodeados de un espectacular montaje de focos que casi disimulaban hasta sus siluetas encima del escenario. ¡Qué pena! Una cosa es crecer escuchando la música que te toca escuchar por tu tiempo y sentir culturalmente cómo fluye dentro de tus propias canciones y otra historia es lo que hace Creed. Imitadores de voces, trucos y estructuras musicales afines a la música auténtica de los chicos de Ed Veder. ¿El éxito? ¿Why? ¿Pero alguno de vosotros no ha picado en comprar cualquier porquería impersonal de las tantas que se anuncian en televisión? Como dice la copla, "es puro teatro". A lo mangui, claro. Lo siento, chicos: el grunge también fue rock'n'roll.

Pedro Moreno

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