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Cranberries La Riviera. 22 de abril de 1999 Hay veces en las que todo parece fácil y relajado. Tras un llenazo con gente entregada que se sabe las canciones desde que empiezan hasta que acaban no hay demasiado problema para cuajar una actuación que deje satisfechos a los más escépticos. Se pueden poner muchos "peros" a la presencia de los Cranberries en escena después de su concierto en La Riviera, pero, del mismo modo, es obvio que a su público esos "peros" le parecen cosas intranscendentes y están dispuestos a dejar que el grupo mejore tal y como lo ha hecho desde sus comienzos. Cranberries sigue siendo una banda solvente apoyada en la presencia escénica de su vocalista. Cuando esta presencia decae (caso de las baladas) todo se viene abajo y se hace pesado y tedioso. El grupo lo sabe y es consciente, por lo que ordena su repertorio para que al tedio le siga un festival de saltos y brazos en alto que haga olvidar rápidamente el momento malo. De ese modo, los irlandeses convencen, siguen tirando de una chiquita con buena pinta y con poder de comunicación y no dudan en ponerla delante unos teclados o colgarla una guitarra para que su presencia tenga variedad y no canse. Eso, junto con un repertorio que ya tiene éxitos de todos los colores y con un público ávido de buenos temas, el concierto está hecho. Es imposible salir descontento y uno se va del espectáculo convencido de que la banda mejora, que su nivel musical es cada vez más alto y de que tienen una frontwoman que enardece al grupo ante la competencia. Divertido, muy celebrado y sin novedad. La banda ya es una de las grandes dentro del pop y no defrauda en escena por muchos "peros" que se la puedan poner. Todos contentos. E.P.
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