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Australian Blonde Maravillas. 22 de enero de 1999 K's Choice Arena. 29 de enero de 1999 Aneurol 50 El Sol. 29 de enero de 1999 Esto del pop tiene rachas de lo más pintorescas: tan pronto estamos una temporada con fotocopias de fotocopias como aparece una patada de grupos originales y diversos. Una semana en Madrid basta, a veces, para comprobar este hecho y como muestra vale un botón: la gente de Australian Blonde se presentó en el Maravillas para acompañar la celebración del cumpleaños de la sala, los belgas de K's Choice aparecieron en Arena después de la sesión de discoteca light y Aneurol 50 tocó en El Sol dentro de la fiesta de Discos Supersónicos en la que presentaban sus dos nuevos fichajes. Diferentes tendencias para diferente público. Lo de Australian Blonde enseguida quedó deslucido. Y no por su culpa. Tocar en causas ajenas provoca muchas veces que tu presencia pase de lo más desapercibida y el caso de los asturianos fue exactamente ése. Alguna parte del público iba únicamente a celebrar un aniversario, otros (muchos) formaban parte de la prensa analítica y estudiosa que se ha encuadrado dentro del pop "alternativo" y otros, por fin, iban atraídos por la música enterados de que Extra iba a tener su primicia madrileña en la sala malasañera. El caso es que el cuarteto lo bordó, plagado como está actualmente de buen material y con una presencia en escena que hizo olvidar casi por completo a aquel grupo soso y estático que siempre ha pasado por Madrid con más indiferencia que otra cosa. En esta ocasión sí parece que los Australian estén preparados para pegar el salto de gigante, metidos por completo dentro de sus nuevos temas y amparados en un nivel instrumental mucho mejor que el que les caracterizaba. El público, sin embargo, se mostró de lo más soso más allá de las tres primeras filas: pocos aplausos, ninguna comunicación y mucha charla a la oreja. Puede que el grupo no conectara, pero a mí me dio más la impresión de que el público tampoco estaba muy por la labor. Todo lo contrario ocurrió con K's Choice, un grupo belga que si tiene algo que le caracterice es, precisamente, su vulgaridad. En Arena nos encontramos a la banda más tópica que se puede ver en estos momentos: vocalista femenina con pantalones siete tallas mayores que la que le vale, canciones trabajadas a caballo entre la Morissette y Texas, textos en inglés, estribillos para corear en comunión con brazos en alto y un público muy arregladito que, en muchas ocasiones, no tenía ni idea de quién actuaba o dejaba de actuar, sino que se enteraban al entrar a la discoteca. Su set discurrió de la manera más sosa, apoyándose en el público fan que, aunque fuera poco, era muy activo. En un momento dado se marcaron, incluso, unos temas en acústico que lo único que consiguieron fue hacer más lento todavía el devenir de la noche. Media hora más tarde de acabar los belgas su espectáculo en Arena aterrizaban en El Sol Aneurol 50, un grupo que entiende el pop en su faceta divertida y que mezcla en sus composiciones los estribillos y los coros con dejes punkis que entretejen energía y vitalidad a sus composiciones. Me asombró comprobar que los belgas, con mucho menor nivel y peores canciones, metieran más gente en la sala que los madrileños, pero la cosa funciona así. Hay veces en las que se prefiere pagar un dineral por estar a la moda que menos cuartos por disfrutar un baile. Ese parece ser el tema que domina el mercado del pop: estar a la última. Puede que ése sea el motivo por el que es tan difícil mantenerse en lo alto durante un par de álbumes y que el grupo que ayer era un éxito hoy sea un desgraciado (¿se te ocurren nombres?). En fin: ¿no es el público el que entiende? E.P.
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