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Art Garfunkel Patio del Conde Duque. 23 de julio de 1999 Habría estado muy bien con smoking y una orquesta detrás en cualquiera de los amplios salones de algún casino de Las Vegas, pero aquí, tal y como se presentó Art Garfunkel, su presencia quedó más deslucida que una bombilla fundida. Su acompañamiento musical se limitó a un digno batería, un guitarrista con muchos modelos (la mayoría acústicos) y un teclista rodeado de aparatos por todas partes menos por arriba. Además, de vez en cuando aparecía la mujer de Art para hacer susurros en lugar de coros. Y ya puestos, en una ocasión salió al escenario el hijito del matrimonio para interpretar Felin' groovy vestido tal y como iba su padre cuando esa canción fue interpretada por Simon & Garfunkel. Con eso, todo parecía quedar en el típico show familiar que los artistas nómadas presentan de pueblo en pueblo yendo en carromato por caminos ariscos, justo lo contrario de lo que el repertorio de este hombre pide a gritos. ¿Te imaginas un montón de versiones de Simon & Garfunkel (Bridge over trouble water, El cóndor pasa, Scarabough fair, Cecilia, Mr. Robinson ) interpretadas con tal acompañamiento mientras en tu cabeza siguen flotando los enormes arreglos orquestales de las versiones originales? Afortunadamente, la voz pausada, lírica y excepcional en los graves de Art adornó la noche de manera calmada y sutil, pero eso fue lo único que apareció mínimamente interesante en su concierto madrileño. El resto (los solos sin cuento de sus músicos, las apariciones "mudas" de su mujer o el capricho de la "estrella" que impedía a los fotógrafos trabajar en el foso), fueron sólo detalles pintorescos de un concierto que no valía su precio ni mucho menos. Otra cosa habría sido, como comentaba al principio, que este hombre hubiera contado con una orquesta que proporcionara el clímax adecuado para las piezas que lo exigían y ofreciera en las canciones la potencia que ellas mismas reclamaban al ser interpretadas. Lógicamente, a uno le viene a la cabeza que si Garfunkel pudiera tener eso tras de sí no andaría con el carromato prestándose a que, tras ser anunciado, la gente creyera que iba a ver un espectáculo de escenario en lugar de uno de café concierto. Art, para su suerte o su desgracia, parece no haber ofrecido nada al mercado desde aquel maravilloso Bright eyes que interpretó en Madrid con el mismo desigual resultado que el resto de su repertorio. Sus canciones no son ahora sino una recopilación de los compositores que le gustan, entre los que, naturalmente, ocupa un lugar privilegiado Paul Simon. Precisamente, el comentario general entre el público era ése: "¿Por qué no han traído a Paul Simon en lugar de a Garfunkel?" La respuesta vino por sí misma: mientras que uno es una estrella, el otro anda con la familia y el carromato y, de vez en cuando, pasa por Madrid. E.P.
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