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Andy Chango El Sol. 11 de marzo de 1999 "¡Qué lindo es drogarse en familia!", cantaba Andy al final de su concierto. Todavía seguía insistiendo con sus canciones "tóxicas" aun cuando el mayor exceso que había realizado en el escenario era beberse media botella de vino tinto. El resto de la sala apenas podía liarse un porro debido a la enorme cantidad de gente que había. Chango se presentó en Madrid con una gran banda (hasta tres metales y dos teclados, uno para el propio prota) y con las canciones de su primer álbum español, canciones todas ellas con ánimo de polémica en tanto en cuanto centran sus textos en las drogas. De todo tipo y todo color. El colaboraba más con el tema presentando a sus músicos como "el equipo a favor de la droga. Ya que siempre hay un equipo contra ella, nosotros hacemos uno a su favor". En él metió, por supuesto, y como suplente, a Diego Armando Maradona, por argentino y por razones más que obvias. Todo esto no es más que el toque de atención que Chango da para que reparemos en su música, una música eminentemente argentina que roza en todas sus vertientes con la que muchos compañeros suyos han presentado ya en España. A caballo de los esquemas de Fito Páez y con una voz que parece calcada de la de Calamaro, Andy continúa el desembarco de la mafia porteña que, a base de canciones, quiere tomar y extenderse en España. Músicos de la banda que acompañó a Calamaro en su última gira por Argentina y colaboraciones de compañeros como Ariel Rot no son más que aditamento para exponer piezas que, si bien demuestran personalidad, muchas veces son tan similares con las de sus compatriotas que al final no sabes quién es el autor o el que las canta. Pero, por lo menos, lo que sí nos está trayendo esta colección de músicos es un ambiente nuevo, formas diferentes y esquemas que, aunque sencillos, son bien expresados. Chango también abundó en ello: si presentas temas fáciles con buenos músicos, siempre suenan bien; y eso fue lo mejor de la noche. Con ésas consiguió que todo el mundo saliera de la sala cantando lo bello que es drogarse en familia. Lo malo es que nosotros no teníamos el vino a mano. Y a las horas a las que acabó el show era más fácil tomar otras cosas que la bebida con denominación de origen. E.P.
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