|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Lou Reed. Junio de 1998 El hombre sin sonrisa Sus ojos fijos te miran desde la portada de su nuevo disco, un álbum titulado "Perfect night" en el que el mito viviente ha recuperado algunas de sus viejas canciones para presentarlas en formato acústico grabándolas en directo. El álbum le ha quedado de lo más aparente dado el trabajo invertido en proveerle de un sonido purísimo, lo suficiente para que contente a un Lou muy alejado ya del lado salvaje de la vida. No pude evitarlo. No soy muy dado a llevarme discos a las entrevistas para que el artista en cuestión te los firme. De hecho nunca he sido demasiado fetichista con estas cosas, pero ver a Lou Reed no es lo mismo, te pongas como te pongas, que ver a la nueva sensación del pop inglés o al último technoman de Detroit. Así que me fui a la estantería de mi casa y eché mano de los libros que, en tiempos, editó Espiral con los textos de la Velvet Underground y los que Lou hizo en solitario. Al cogerlos no pude evitar un momento de nostalgia al ver las fotos de las portadas. Te podrá gustar o no, pero un personaje como este es un mito dentro de la historia del rock. El, junto a algunos compañeros de generación, representaron toda una estética transgresiva y personal que dio alas al rock neoyorquino. Su historia estaba tan presente en sus canciones como éstas en su vida. Ahora, veintiséis años después de que comenzara su carrera en solitario y cuarenta y uno desde que entrara en el mundo de la música (su primer single lo grabó a los quince años como miembro de los Shades), Lou es una estrella con brillo propio y con una personalidad magnética que sigue reflejándose en los conciertos mientras devora inconscientemente mentes y pensamientos. Cuando llego al hotel donde se va a dar la rueda de prensa aún no es la hora acordada. Faltarán cinco minutos para que el mito se deje un corto tiempo con los fotógrafos. Entre los asistentes hay verdaderos fans, curiosos y profesionales de corte rígido para los que Lou supone la columna del día igual que el día anterior lo había supuesto el concierto de Luis Miguel. Lou aparece como se esperaba, embutido en una camiseta negra, con una americana negra, un pantalón negro y unas zapatillas de tela también de color negro. Lleva consigo sus habituales gafas de sol que no se quitará durante todo el acto y se hace el perezoso mientras los fotógrafos le piden que se coloque en un sitio o en otro. En dos minutos ha hecho el trámite. Los encargados de su compañía discográfica solicitan amablemente a los fotógrafos que pasen al salón en que tendrá lugar la rueda de prensa. Como alguno se hace el loco, Lou se da la vuelta. En los dos minutos nadie le ha arrancado una sonrisa o una mueca: él mantiene la misma imagen que lleva paseando por el mundo desde que formara la Velvet en el 64. Nuevo disco El motivo por el que Warner nos había concertado una cita común con Lou Reed era la presentación de su nuevo álbum: "Perfect night. Live in London". Desde "Live in Italy", aquel precioso doble que apareció en el 84, no había vuelto a grabar en directo. Una de las cosas que siempre se le puede agradecer a Lou es que pocas, muy pocas, veces recurre al clásico recopilatorio o a la fácil grabación en vivo. Puede que sea por eso, pero cada vez que aparece un disco de este tipo suele tener un nivel impresionante, porque cuando los hace los cuida como si fueran tan interesantes para él como un álbum con canciones nuevas. En "Perfect night. Live in London", de hecho, casi se podría decir que hay nuevas canciones. Piezas como "The kids", "Coney Island Baby" o "Vicious" son abordadas con una pequeña instrumentación y con un sentido acústico que recuerdan al Lou más intimista y que dan a las canciones una forma expresiva totalmente diferente a la que suelen presentar cuando son tocadas en directo. "Tenía una guitarra de la que estaba enamorado "decía Lou" y pudimos preparar un show en Londres en el cual probar este nuevo y hermoso sonido que hemos llegado a conseguir. Me gusta grabar todos los shows y éste quedó tan fantástico que decidí sacarlo en disco". Su precisión por el sonido y lo orgulloso que estaba de él hacía aparecer el fantasma de lo artificial, el hecho de que un hombre tan vitalista hubiera renegado de su espontaneidad para centrarse únicamente en lo bien que suenan sus directos. "No me lo planteo. Una vez que tengo el sonido lo uso como si fuera otro instrumento. Mi forma de interpretar no pierde nada y no hay contradicción entre ser espontáneo y sonar bien. Es precisamente el tener un buen sonido detrás lo que te permite tocar más libremente sin tener que preocuparte de ello. Por otro lado "añadió", la quinta sinfonía de Beethoven no se toca con espontaneidad y, aunque lógicamente no está en mi mente el compararme con Beethoven, no puedo ser espontáneo siempre que toco mis canciones". Entre pregunta y pregunta, Lou daba sorbos a una taza de té. Seguía con sus gafas puestas y con su cara impávida e inexpresiva. Aunque parecía que iba a terminar el compromiso en dos patadas, poco a poco iba sintiéndose a gusto con las preguntas que recibía. En toda la sala se respiraba el respeto, pero, al mismo tiempo, una complicidad grande entre quien estaba delante de los micrófonos y quien permanecía sentado enfrente en una silla rococó. "Obtengo mi inspiración de muchos sitios y de muchas cosas. Yo estudié literatura inglesa y puede que eso quiera decir algo. O tal vez no". A raíz de una versión rapera que incluye en "Perfect night", el neoyorquino derivó hablando de las músicas contemporáneas con cierto humor. "No soy experto en nada, pero mucho menos en techno dance. Es ahí donde se dirige la música, pero la mía, definitivamente, no. Admito que es divertido hacerla y que la escucho. Me parece interesante". El techno es, sin duda, una música de estética, pero no de la que Lou y sus compañeros de generación dieron al mundo. "La Velvet Underground marcó unos valores estéticos en los que yo siempre me he movido. Una de las directrices que teníamos era no tocar blues cuando todo el mundo tocaba blues. Otra era escribir de lo que no se escribía y huir de las modas que estuvieran en boga. Eso hace que aquellas canciones que escribimos permanezcan hoy tan vivas y vigentes como entonces. Siempre he huido de las modas y es por eso por lo que aún hoy estoy aquí". Estética La relación fue inmediata. La estética de la Velvet premiaba lo transgresivo, lo puro, lo hiriente y lo duro. Cuando el mundo estaba aún envuelto en flores disfrutando de porros y LSD ellos miraban a la heroína como compañera. Eran los chicos malos. "Ya no soy un chico malo. Eso pasó hace treinta años", señaló. Tampoco aceptó su importancia en la historia del rock ("No soy yo quien tiene que decir esas cosas") y admitió que ahora la mayoría de las veces que pone discos en su casa son de música sacra. Obviamente, el tiempo ha pasado y tener cincuenta y seis años no es lo mismo que tener veintidós, los que tenía cuando se unió a Morrison, Cale y Tucker antes de que Andy Warhol metido a mánager impusiera la presencia de Nico en el grupo. "Yo escribo porque me gusta escribir. Unos pintan, otros esculpen, yo escribo y canto porque esa es mi idea de divertirme. Me gusta". Puede que sea por ese motivo por el que, cada cierto tiempo, le gusta recuperar canciones olvidadas, no muy frecuentes en sus conciertos y, probablemente, menos apreciadas y conocidas que sus canciones emblemáticas. "Las que he usado en 'Perfect night' están muy bien escritas y me gustó volver a acercarme a ellas", afirmó. A estas alturas, Lou se muestra a gusto. La gente de su compañía quiere dar por terminada la rueda de prensa para poder cumplir el resto de los compromisos promocionales de acuerdo a un horario. Lou, sin embargo, no quiere dejar preguntas sin contestar. Admite que hace lo posible por conservarse en buena forma, que es un tipo normal que tiene tantos días buenos como malos y que le llama la atención que cuando da las gracias la gente piense siempre que lo hace con sarcasmo. Se entretiene un poco hablando de la portada del álbum: "He querido acercarme a la audiencia con estas canciones y es una lectura que se puede dar a la cubierta del álbum: el hecho de que la foto se haya recortado para hacer ver que estoy cerca". Cuando se levanta todos nos acercamos. Es entonces cuando empiezan a aparecer discos, compactos o, simplemente, hojas de papel donde el personaje pueda estampar su firma. De nuevo, a la gente de la compañía no le hace gracia el tema, pero a Lou sí. Después de firmar unos cuantos discos le coloco delante la primera página del libro que llevaba, una página de guarda en la que no había nada impreso. Cierra el libro y se ve en la portada con veinte años menos, con una guitarra colgada y, probablemente, cantando una de esas canciones que todos conocemos. Me mira y echa la firma, pero no sonríe. Sigue siendo el hombre sin sonrisa. "Sonrío por dentro, donde nadie lo puede ver". E.P. Lou Reed. "Perfect night. Live in London". Reprise 936246917
|