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Fresones Rebeldes. Enero de 1998

Herederos de la nueva ola

En el muchas veces anquilosado panorama musical español es de agradecer que de vez en cuando surjan grupos como Los Fresones Rebeldes, un sexteto barcelonés que ahora presenta "¡Es que no hay manera!", su flamante primer álbum, con dieciséis canciones que constituyen una bofetada de aire fresco por su inocencia, sus letras naïf y su espíritu pop que recuerda a los años de la nueva ola madrileña.

De hecho, aquella corriente de los primeros ochenta es uno de sus muchos referentes musicales. "Para hacer el repertorio, cuando empezamos con el grupo, decidimos que cada uno propusiera una canción para hacer y todos propusimos canciones de la nueva ola madrileña. Es una música que nos gusta a todos. Lo nuestro, una vez hecho, suena un poco a eso, aunque no es nada pretendido", confirma Felipe, batería del grupo y compositor de la mayor parte de las canciones.

Después de algunos cambios en la banda, la formación definitiva de los Fresones Rebeldes la componen cuatro chicas y dos chicos: Inés (voz), Cecilia (voz), Eugenia (guitarra), Cristina (bajo y voz), Miguel (guitarra y casiotone) y Felipe (batería). Su historia se remonta a hace dos años y medio, cuando Miguel, que tenía varios grupos unipersonales, propuso a Felipe y a Cristina formar un trío. "Le conocí en un concierto de los Zeros "–recuerda Cristina– " y me dijo que fuera al local para cantar unas canciones. Me daba una vergüenza horrorosa, ya que siempre llegaba tarde a los ensayos y no cantaba bien". A su vez, Cristina acababa de empezar a tocar la batería con un grupo de chicas. "Nos llamábamos The Blounders y duramos dos meses". En ese grupo estaban también Inés y Eugenia.

Casualmente, aquél era el grupo de chicas al que Felipe y Miguel estaban enseñando a tocar en el local y llegó un día en que decidieron unir sus fuerzas en un mismo proyecto. "Es una cosa extraña: tenemos edades dispares, intereses en la vida distintos. No sé cómo hemos llegado a estar todos juntos", comenta Felipe. Desde entonces empezaron a perfeccionar su técnica (algunos partían de cero) y a trabajar en las canciones. "Cuando empezamos con Fresones yo tenía Pepito Sex, que era un grupo más durillo, y ellas estaban en las Blounders, que era un grupo de rhythm and blues—punk. Esto lo planteamos como una alternativa para soltar las canciones más tranquilitas". Canciones "tranquilitas" que en momentos pueden recordar a grupos del llamado "Donosti sound", como La Buena Vida o Le Mans, pero con un sonido más cafre y una actitud más cercana al punk.

En marzo del 96, los Fresones Rebeldes sacan una primera maqueta con dos canciones y un sonido defectuoso, la cual pasó bastante desapercibida. "Prácticamente a nadie le gustó", reconoce Felipe. Pero la segunda maqueta tuvo más suerte: cayó en manos de Juan de Pablos, quien a los dos días de recibirla fue a verlos actuar en directo, y a partir de ahí se convirtió en una especie de padrino para la banda. "El apoyo de Juan de Pablos ha tenido una repercusión total para nosotros. Gracias a que ponía la maqueta en su programa hemos recibido cartas de toda España y, sobre todo, se han conocido nuestras canciones. Además, con Juan se produce el placer de conocer a alguien que realmente es como parece. Menos Eugenia, que nunca oye la radio, todos escuchamos 'Flor de Pasión', lo que deja bastante claros nuestros gustos musicales".

A raíz del éxito de la maqueta empezaron a surgir actuaciones y se presentó la oportunidad de plastificar sus primeras canciones con el sello albaceteño Spicnic. "Tocamos en Tomelloso las navidades pasadas y la gente de Spicnic vino a vernos. Después hicimos junto a Astrogirls y Alpino, dos de sus grupos, un concierto en Barcelona, el cual llenó y se sacó una pasta bestial. Ahí es donde se habló de hacer un mini LP con Spicnic, una compañía que tiene pocos medios pero que cumple su palabra. Grabamos cuatro canciones y en un mes el disco ya estaba en la calle. Es curioso, porque fue ficharnos Spicnic y al cabo de una semana empezaron a llamar otras compañías que no habían llamado jamás".

Enseguida, "Al amanecer", un single clarísimo, se convirtió en la canción talismán para el grupo, empezó a sonar de forma insistente y la gente que iba a los conciertos conocía la letra y la cantaba, señal de que la cosa iba por buen camino. Los Fresones Rebeldes continúan tocando y ya tienen repertorio suficiente para grabar un álbum cuando Subterfuge contacta con ellos. "Sabíamos que en Subterfuge estaban bastante interesados. Se pusieron en contacto con Spicnic para ver si podían hacer una coedición o algo así. Estuvieron negociando y Spicnic vio que no tenía presupuesto para hacer esa mitad, por lo que llegamos a un acuerdo para que sacáramos los álbumes con Subterfuge y dos EPs de vinilo anuales con Spicnic."

El esperado primer álbum de Fresones Rebeldes ya está en la calle. Con una portada que parece el tablero de un juego infantil y un delicioso vinilo azul para quienes todavía recelen de los compactos, contiene doce canciones propias, entre ellas "Al amanecer" (de la que acaban de grabar un vídeo en el Parque de Atracciones dirigido por Manuel Romo), la sobresaliente "El mensajero del verano", la dulce "Bola de cristal" y cuatro versiones: "Aquella chica" de La Mode ("no le ha gustado nada la versión a Fernando Márquez"), "A diario" de La Buena Vida ("no la han grabado nunca: estaba en un concierto que teníamos en una cinta y es de las primeras que ensayamos, ya que es muy sencilla"), "De dónde viene la nieve" de Terry Cuatro y "Hoy para siempre" del Joven Bryan Superstar.

La rapidez en los acontecimientos hace que los seis miembros de los Fresones Rebeldes todavía se pellizquen de vez en cuando. "Con todo lo que tenemos ahora hemos estado soñando como si fuera inalcanzable", dice Cristina. Desconocen la clave que les ha permitido llegar hasta aquí, pero apuntan alguna posibilidad: "Estamos en el final de un ciclo y cualquier cosa diferente llama la atención. Pues mira: hemos tenido esa suerte. Hacemos lo que nos sale de las narices y ha dado la casualidad de que ahora parece ser que esto gusta un poco incluso", comenta Felipe. De todos modos, todavía no se plantean vivir de la música: "Siempre es preferible tener un trabajo que dé de comer y tener esto como afición; sobre todo, no tomárselo nunca como una obligación. Yo todo mi tiempo libre lo dedico a esto", concluye el batería, "pero porque yo quiero".

Carlos Moral

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