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Ahmet Ertegun. Julio de 1998 Uno de esos hombres capaces de cambiar el curso de la historia de la música Atlantic cumple en 1998 sus cincuenta años de existencia. Los cumpleaños no dejan de ser fiestas para celebrar lo hecho, lo pasado y lo que aún está por venir. En el caso de Atlantic, el pasado es realmente glorioso, mientras que el futuro no se presenta nada mal. El sello, hoy en el catálogo de la todopoderosa Time Warner, es uno de los que más ha contribuido a que en el siglo XX la música esté más cerca de la cultura social y de la realidad que vivimos día a día. Nadie le podía decir a Ahmet Ertegun cuando hace cincuenta años montó una pequeña compañía independiente que iba a convertirse, medio siglo después, en uno de los más grandes magnates de esta industria. Ertegun es hoy en día un verdadero magnate, como los de las pelis, pero sigue teniendo ese encanto que le ha permitido, desde crío, entender a las minorías y a sus culturas. Hijo de un diplomático turco, viajó por medio mundo antes de aterrizar en Londres en 1932. Su madre le había iniciado en la música y tanto ella como su hermano mayor le dieron a conocer lo que eran los discos. Cuando tenía nueve años pudo ver en directo a Cab Calloway y a Duke Ellington y alucinó descubriendo a gente negra que era capaz de crear una música que le impresionó profundamente. Por los azares de la vida laboral de su padre llegó a Estados Unidos y allí se dedicó a visitar todas las tiendas de discos hasta completar una colección de más de veinte mil unidades. Su pasión por la música era tal que era capaz de pasearse el barrio de Harlem preguntando de puerta en puerta si alguien tenía algún vinilo que quisiera vender. Mientras, se formaba como todo un señorito, con gente a su servicio y con estudios en los mejores colegios. Aquello no le impedía entablar amistad con sus propios sirvientes, quienes le descubrieron infinidad de sitios en los que la música negra estaba creciendo apresuradamente aunque no saliera por la radio. Ahmet fundó la Atlantic a finales del 47, tres años después de que su padre muriese, su madre regresara a Turquía y él se encontrara en Washington con un montón de diplomas pero incapaz de trabajar en nada. Con un crédito de diez mil dólares que le aportó su dentista alquiló una habitación que se convertiría en el embrión de una de las compañías discográficas más grandes de todos los tiempos. Durante mucho tiempo la estrategia de Ertegun fue dar oportunidades a los artistas que descubría en las calles y los clubs. En su opinión, la industria discográfica no reflejaba realmente lo que la gente quería escuchar, sino que se limitaba a lanzar artistas que pudieran entrar con facilidad en las emisoras y en las incipientes estaciones de televisión que existían en aquella época. En principio quería trabajar con la Atlantic durante un par de años, tal vez tres, pero ahora, cincuenta años más tarde, sigue tan emocionado con su empresa como en aquellos días. Ertegun lanzó a una armada de artistas de color que le dieron el éxito rápidamente. Professor Longhair, Big Joe Turner o Ray Charles fueron algunos de sus primeros artistas, a los que siguieron un poco más tarde The Coasters, Clyde McPhatter y los Drifters. En muy poco tiempo la Atlantic se consolidó como la etiqueta del rhythm & blues y con ello consiguió el éxito. Su política de trabajo le permitió ver de igual manera el potencial del incipiente rock'n'roll o el del soul de los sesenta. Su hermano Nesuhi, verdadero especialista en jazz, colaboró con él a partir del 55 potenciando la aparición del formato LP, necesario para grabar las evoluciones de los nuevos artistas de jazz que improvisaban durante tiempos muy superiores a lo que cabía dentro de un single. En el 59 ganaron su primer Grammy y desde entonces son muy pocas las ceremonias de la Academia en las que Atlantic no se lleva unas cuantas estatuillas. Rock blanco Otra de las facetas que Ertegun vio con claridad fue la explosión del rock blanco. Artistas como Cream, Buffalo Springfield, Led Zeppelin, Yes, King Crimson o Blind Faith también formaron parte de su escudería y, tras vender su compañía a la Warner en 1967, su primer fichaje fue la distribución de los discos de los Rolling Stones en Estados Unidos. Si bien Ertegun entregó el poder financiero de la Atlantic a Warner él se reservó la dirección artística, lo que, en el fondo, resultó positivo para todos. Eso es lo que debió pensar la cúpula directiva de Warner cuando Atlantic fichó posteriormente a Roberta Flack, Allman Brothers, Genesis, ABBA, AC/DC, Foreigner, Chich, Manhattan Transfer o INXS. En los últimos años el catálogo de Atlantic se ha desenvuelto perfectamente en todos los estilos musicales existentes y ha conseguido alcanzar los cincuenta años de existencia en una situación inmejorable, con nuevas promesas y con un roster de artistas verdaderamente envidiable. Ertegun, como buen magnate, no solamente tiene negocios dentro de la música. Sus cargos honoríficos podrían llenar veinte páginas de esta revista y, entre otras cosas, fue capaz de convencer a Warner para que se hiciera con una franquicia de la NASL, la liga futbolística que se juega en Estados Unidos en campos cubiertos. Su pasión por el fútbol le llevó a ser el presidente del Cosmos de Nueva York (el equipo en el que jugó Pelé sus últimos años y Cruyff cuando se marchó del Barcelona) y a colaborar con la organización del Mundial 94 que se celebró en los Estados Unidos. Su vida es más propia de una película de los años cuarenta que de los días que hoy nos toca vivir. Conquistó a su mujer escondiendo una orquesta en el cuarto de baño de un hotel de Las Vegas y trabaja en un despacho debajo de un Picasso que ya quisiera para sí el Museo Thyssen. Su casa de Nueva York es una verdadera galería de obras de arte y está decorada por Mica, su mujer, quien es una galardonada decoradora. La vida social de los Ertegun es propia de un espacio de "Corazón, corazón", ya que su agenda incluye por igual citas con los Kissinger y con los miembros de los Rolling Stones, presentaciones de Guy Laroche o inauguraciones de exposiciones en el museo que lleva su nombre. Por supuesto, Ertegun es una de las pocas personas de la industria incluida en el Rock and Roll Hall of Fame, aunque eso no debe parecernos extraño, ya que él es uno de los fundadores de tan emblemático museo. Su talento no se quedó únicamente en el propio de un cazatalentos. Ertegun ha sido músico, compositor, arreglista, productor y publicista de los productos de Atlantic mientras esta compañía luchaba por hacerse un hueco dentro del mercado americano. Hoy, con setenta y cinco años, sigue trabajando teniendo a su cargo más de cuatrocientas personas. Es coqueto y cuida su indumentaria, utilizando la ropa más clásica que te puedas imaginar. Tiene un sastre en cada ciudad y es capaz de supervisar directamente la vestimenta de sus empleados en las galas organizadas por la Atlantic. Sin embargo, es capaz de atender a esta revista con la misma atención y saber estar con que desarrolla todas sus funciones sociales, disfruta hablando de música y tiene siempre un tono distendido propio del "abuelito que te cuenta sus batallas". Hablando Al entrar en el Ritz no tenía intención de hablar con Ahmet Ertegun nada relacionado con su vida, ya que disponía de poco tiempo y cada publicación americana que se precie ha publicado alguna vez su biografía (Billboard, por ejemplo, dedicó un número entero al cincuentenario de la Atlantic). Me interesaba más conocer su punto de vista sobre algunas facetas de la industria de las que pocas veces puedes hablar con un hombre con tal poder de decisión. La idea pareció agradarle, ya que, al fin y al cabo, me dio la impresión de que ha contado tantas y tantas veces sus anécdotas con Mick Jagger, Phil Collins o Angus Young que ya debe hasta confundirlas. Se puede decir que Atlantic ha ido creciendo al mismo tiempo que la industria del disco. En su opinión, ¿qué ha sido lo mejor que ha aportado esta industria a la sociedad en general? "En el principio había muy pocas compañías de discos. Me refiero a cuando el gramófono se empezó a convertir en algo popular. En esa época había muy poca disponibilidad de distintos tipos de música, pero a medida que la industria se fue sofisticando y la reproducción del sonido mejoró más y más gente comenzó a escuchar discos. Así, en los años veinte comenzaron a producirse discos de música popular y en los Estados Unidos se empezó a grabar música hillbilly, r'n'b y jazz. Los discos de jazz se extendieron por todo el mundo y se convirtieron en algo muy popular. Se grababa mucho jazz y, ocasionalmente, los músicos de jazz se convirtieron también en artistas de música popular y estándar. En aquel tiempo, en los años treinta y cuarenta, la industria estaba básicamente dominada por un puñado de grandes compañías que trabajaban con las productoras cinematográficas y con las editoriales musicales. De ese modo decidían qué repertorio era más conveniente para ser grabado por ser el más fácil de comercializar. Cada compañía tenía una gran estrella y todas grababan el mismo tema. Tenías opción de comprarlo interpretado por distintos artistas: las Andrew Sisters, Benny Goodman , pero siempre eran las canciones que el editor musical estaba promoviendo. Había una disponibilidad de música popular, pero limitada. Con la llegada del r'n'b y el r'n'r la música comenzó a dirigirse más hacia la persona de la calle. Fred Astaire cantando sus canciones románticas no significaba mucho para una persona que trabajaba en los muelles de Nueva Orleans, para alguien que cortaba leña en el estado de Washington o para quien cavaba zanjas. Lo que querían escuchar eran canciones más cercanas a ellos. Así llegó al r'n'r. Los primeros rocanroleros eran también poetas y componían música que reflejaba sus emociones. En los sesenta, toda la juventud del mundo hizo una revolución contra lo que había sido lo anterior. No sólo en la música, sino en el orden social que sus padres les habían impuesto y en todo el status quo existente. El r'n'r decía algo que la juventud sentía y era mucho más que una simple canción bonita. Era un mensaje de revolución que iba a imponerse poco después de la popularización de la generación beat. Esta música abrió toda la industria, ya que, si Bing Crosby vendía cien o ciento cincuenta mil discos cuando tenía un éxito (exceptuando 'White Christmas' que vendió uno o dos millones), con la llegada del r'n'r teníamos a esta gente vendiendo ocho millones, diez millones Era algo totalmente diferente. Abrió la industria y consiguió que los artistas vendieran muchos más discos que los que nunca se habían vendido. En aquel tiempo la música se convirtió en la expresión de la juventud, no sólo en entretenimiento para bailar, sino en algo más importante que sucedió igualmente en todos los países del mundo. Aprovechando la popularidad de artistas como los Beatles, Elvis y otros de aquella época, la música se expandió hasta tal extremo que las compañías estaban vendiendo más música clásica que lo que vendían cuando vendían música de jazz. Eso hizo que cada vez se grabara más música para hacerla disponible. Contestando a tu pregunta te diré que lo que ha hecho la industria discográfica por la sociedad es conseguir la disponibilidad por todo el mundo de grabaciones de música de todo tipo, muy bien hechas y muy bien presentadas. Esta mañana fui a una tienda de discos en Madrid y había una selección enorme de música clásica, global, rock'n'roll En Madrid puedes comprar el tipo de discos que quieras y, si no lo encuentras en la tienda, puedes encargarlo para que te lo consigan. Hoy cualquier tipo de grabación disponible sigue reeditándose atendiendo a la demanda de la gente. El gran regalo que puede hacer la industria discográfica es proporcionar más música disponible que la que ha habido jamás, de manera que aunque seas sueco y quieras comprar un disco húngaro lo puedas hacer. Eso es maravilloso. Puedes comprar la música de Thailandia si quieres". Su entrada en el mercado discográfico vino dada, sobre todo, por su gusto personal hacia el arte de la música. Hoy en día esta industria está principalmente orientada hacia el ocio. ¿Cómo aprecia usted este hecho, tanto en su trabajo como en los gustos del público? "Déjame explicarte algo. Yo entré en la industria porque amaba y entendía la música, pero yo no hacía discos que sólo me gustaran a mí. Tuve que desarrollar un sexto sentido para comprender lo que quería el público porque si sólo hubiera hecho discos que me gustaran apenas habría vendido veinte o cincuenta copias. Tuve que hacer discos que tuvieran un atractivo general o, en el caso de un disco de jazz, un disco que le gustara a quienes les gustaba el jazz. De ese modo, si quiero hacer un disco de música moderna tendrá que ser, lógicamente, un buen disco, pero también uno que tenga un número mínimo de seguidores, ya que si grabo música que no le interesa a nadie estoy haciendo discos solamente para llevármelos a casa. Hacemos discos para ponerlos a disposición del mundo, pero es importante que interese, por lo menos, a un segmento de la población. Si hacemos música country, por ejemplo, partimos de la base de que no tiene mucho interés fuera de USA porque es un estilo demasiado americano y eso nos obliga a hacer el tipo de música que le gusta a los amantes de la música country. Lo ideal es hacer discos que no sólo sean grandes y tengan atractivo para los seguidores de géneros determinados. Lo que siempre espero es hacer un disco tan bueno que sea capaz de gustar, además de los amantes de esa música, a otra gente. Si puedo cruzar ese segmento del que antes te hablaba es cuando tengo un enorme éxito. Es, por ejemplo, el caso de los tres tenores. Ellos hacen música clásica, pero cuando están juntos cantan música popular que, con su estilo, tiene un atractivo que atraviesa todos los segmentos de la audiencia y que permite llegar a vender diez o quince millones de discos. Es como cuando hicimos 'Thriller' con Michael Jackson. No se hizo para el público del r'n'b o el rock, sino para todo el mundo. Stevie Wonder hizo discos de r'n'b que atravesaron la barrera de un único segmento y se convirtieron en música pop famosa por todos los tiempos. Depende lo grande que sea el artista, lo fuerte y potente del material y la magia que genere esa música para que pueda interesar a cualquier persona". Compromiso ¿Qué compromiso entiende usted que tiene una empresa como Atlantic con el panorama cultural de Estados Unidos? Quiero decir: además de vender discos, ¿es importante para usted que los productos de Atlantic reflejen la cultura de la sociedad de cada tiempo? "Tiene que ser así y es un hecho automático: cuando se vende un tipo de música es porque tiene un significado para la gente. Hay veces que nos critican mucho por acercarnos tanto a la sociedad real. Es el caso, por ejemplo, de los chavales negros americanos que utilizan en sus canciones expresiones que el establishment actual considera insultantes: tacos o expresiones sexuales muy explícitas. Pero, ¿qué le vamos a hacer? Son sus expresiones y ellos reflejan lo que ven, lo que ocurre donde viven, sus situaciones cotidianas No pueden componer canciones felices y decir que la policía es maravillosa si la policía les da palizas todo los días. En algunos casos es muy difícil mantener este compromiso, ya que si hiciéramos caso al establishment y decidiéramos no grabar ese tipo de música la comunidad artística nos consideraría censores. Eso nos obliga a tener mucho cuidado con lo que hacemos porque, aunque suponga molestias y problemas, no podemos arriesgarnos a que la comunidad artística nos vea como inmovilistas, ya que mirarían hacia otras compañías dispuestas a asumir esos riesgos y avanzar hasta el límite aunque éste sea, en ocasiones, peligroso". Cuando usted fundó la Atlantic presumía de conocer una música que no era reconocida por las grandes empresas del disco. Cuando ellos estaban trabajando pop blanco usted se decantó por artistas negros que traían una nueva música. "Era solamente resultado de haberme pasado suficiente tiempo en tiendas de discos como para ver lo que la gente compraba y por qué lo compraba. Cuando estás en la calle y no en una oficina empiezas a comprender los gustos de la audiencia. La gente que está ahí arriba, en los despachos, los grandes ejecutivos de la industria que hacen lo que ellos creen que es grande y maravilloso, aciertan pocas veces. Si sabes lo que está en la calle puedes hacer discos de artistas desconocidos que encantarán al público. Así es como creció nuestra compañía: con ese tipo de artistas". ¿Se ha notado usted alguna vez desconectado de la música que realmente se hace en la calle y en los clubs? ¿Se ha llegado a dar cuenta en alguna ocasión de que estaba en el mismo papel que esos ejecutivos de los que hablaba? "Mis primeros veinte años en la industria los pasé descubriendo artistas y viéndolos en clubs; pero llega un momento, a medida que vas haciéndote viejo y tienes que dedicarte a la gestión de la compañía, en que tienes que dar paso a otra gente que continúe ese contacto muy cercano con la calle porque eso no hay que perderlo nunca. Ahora bien: si estas en la calle con la gente joven tienes que ser uno de ellos. Un cincuentón no puede charlar con chicas de diecisiete años sobre sus gustos musicales: eso no funciona así". Si bien Atlantic es una empresa americana, en su catálogo siempre ha habido músicos de otras nacionalidades, aunque en muy pequeñas proporciones ¿Tiene pensado ampliar las miras de la compañía a tenor del gran auge que la música latina está cogiendo en Estados Unidos? "Nosotros formamos parte del conglomerado de compañías que es Time Warner. Dentro de este grupo hay una división latina que se ha centrado en este tipo de música y tiene artistas muy grandes, como es el caso de Luis Miguel. Nosotros podemos hacer algún disco con influencia latina, pero no grabamos música extranjera si exceptuamos grupos como Gipsy Kings o como ABBA. En la mayoría de los casos son artistas extranjeros que hacen música americana. Es muy difícil vender música de artistas extranjeros a nuestro público. Es como tratar de vender a los españoles discos de artistas suecos o noruegos haciendo música española. No funcionaría". Indies En la última década, el impulso de la música electrónica ha sido verdaderamente sorprendente. La mayor parte de su mercado viene por medio de pequeñas compañías autogestionadas que venden pocas copias y ofrecen su producto por medio de Internet. ¿Cómo ve usted este nuevo mercado discográfico? ¿Cómo se prepara Atlantic para la nueva era tecnológica en la que se anuncia la desaparición del soporte fonográfico? "Nosotros no somos pioneros en las nuevas tecnologías. Siempre hemos estado preparados para incorporar a nuestra producción cualquier nueva configuración musical que se pueda desarrollar, pero hasta que no se desarrolle completamente no pensamos hacer nada. Atlantic tiene técnicos que están trabajando en el campo que comentas e intentamos estar informados sobre los sistemas que puedan ser utilizados por todas las compañías, porque lo que no puede ser es que el público tenga que comprar cinco sistemas diferentes para hacer lo mismo. Ya ha habido suficiente confusión para el público con el paso del LP al cassette y de éste al compacto, algo que obligó a la gente a cambiar sus equipos en muy poco tiempo. Es evidente que habrá cambios, ya que siempre hay cambios. Hay nuevos avances y descubrimientos y, cuando los haya, nosotros estaremos ahí para valorar su interés". En la mayoría de las entrevistas con usted que he podido leer nunca deja de mostrar su gratitud y su interés en sus artistas. Me gustaría saber, de todos con los que ha trabajado, qué músico le ha impresionado más personalmente y por qué. "Muchos me han impresionado, pero de todos con los que he trabajado puedo decir que mi mayor amigo es Phil Collins. Además de un gran músico, es una persona extraordinaria. También soy gran amigo de Charlie Watts y de Ray Charles, o de Aretha Franklin y Mike Jagger. Con muchos de mis artistas tengo una gran amistad". Actualmente, cuando una compañía grande como Atlantic firma a un artista éste suele haber despuntado en el ambiente underground o alternativo. ¿Cuál es su opinión sobre las pequeñas compañías independientes que, actualmente, trabajan del mismo modo que lo hacía Atlantic en sus comienzos? "Pienso que necesitamos a las independientes. Las indies hacen cosas más aventuradas, se arriesgan, no tienen muchos gastos fijos y eso les permite hacer cosas que compañías más grandes no pueden hacer. Siendo una compañía pequeña puedes estar satisfecho con ventas mucho menores que las que se ve obligado a alcanzar una empresa grande porque no necesitas alimentar la enorme maquinaria que, ahora mismo, empresas como nosotros necesitamos. Era muy fácil al principio porque sólo tenía tres personas en mi nómina. Ahora Atlantic tiene cuatrocientos cincuenta empleados y hay que pagarlos a todos". Atlantic cumple ahora cincuenta años. ¿Cuál es la mayor satisfacción que esta empresa le ha proporcionado durante este tiempo? "El trabajar en lo que me proporciona placer. Sea lo que sea, es importante que una persona haga lo que le proporciona placer. Eso es ya de por sí un éxito y ayuda a conseguir muchos más éxitos en la vida". Siempre me he hecho a la idea de que usted era un hombre fundamentalmente de jazz antes que de rock o soul. ¿Es cierto? "Yo disfruto con la buena música, pero sobre todo con la música afroamericana negra. Puede ser el jazz, el r'n'b, el soul pero sobre todo la música afroamericana negra. También aprecio la música de otros países, pero eso es lo que más me gusta y lo que mejor conozco". ¿Conoce usted algo de la música española? ¿Le gustaría tener algún artista español en Atlantic? "Conozco y amo la música española y portuguesa. Es una de las músicas más bonitas que se pueden encontrar en el siglo XX. Me gusta, sobre todo, el flamenco y la música de Julio Iglesias, ya que hace la típica música americana cargada de sentimiento. El hecho de grabar a un músico español no es nunca imposible, pero es bastante improbable debido a lo que comentábamos antes". Por último: ¿qué artista deseó siempre tener y nunca consiguió? "En una ocasión trate de contratar a Elvis, pero Tom Parker, su mánager, no pareció contento con mis condiciones y me sugirió otras que yo no podía alcanzar en aquel momento"." E.P.
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