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Yosuke Yamashita

San Juan Evangelista. 28 de marzo de 1998

Por un momento pareció que todo iba a venirse abajo. Yosuke había empezado su concierto con una intensidad atronadora, totalmente envuelto en el free y gustándose después de aporrear el piano con los codos y los puños. Cecil McBee, su contrabajista, iba y venía a lo largo del mástil en una improvisación totalmente diferente y Pheeroan Aklaff, batería, también iba a su bola buscando ese momento en que los tres congeniaran y encontraran alguna melodía que los uniera.

Así fueron los tres primeros temas del concierto que el pianista japonés ofreció en Madrid recientemente. El comienzo, después de la espera que supuso el retraso del afinador, hacía pensar que poner a punto el piano no iba a servir para nada y que éste quedaría desafinado en menos tiempo de lo que cuesta colocarlo en condiciones. Sin embargo, el comienzo del concierto era la prueba palpable de las formas que el japonés suele colocar en sus discos: desde los sonidos más extremos hasta los contenidos más líricos. Yosuke empezó por lo extraño para ir girando, poco a poco, hacia un manantial más asequible en el que tanto él como su pareja acompañante pudieron lucir su capacidad y compenetración. Los últimos trabajos del pianista, Spider, Canvas in quiet y el recuperado Stone flower, muestran el momento actual en el que se mueve este músico inquieto: cualquier tendencia es buena para expresar sus momentos creativos. Eso lo representa igualmente en directo, donde no deja espacio sin ocupar, tecla sin usar ni emoción sin sentir. En su paso por Madrid, Yosuke se presentó rabioso para ir pasando por la templanza, la lucidez y terminar finalmente en el sentimentalismo. Fue un concierto lineal que, curiosamente, tuvo sus mejores momentos en sus últimas interpretaciones. Fue entonces cuando se apreció la grandeza del japonés a la hora de abordar sus piezas en trío, cuando sus músicos exhibieron su capacidad con unos solos impresionantes y cuando el Johnny se inundó de jazz de alto calibre para cerrar el Ciclo de Primavera tal y como se esperaba. No fue éste un concierto propio de club (se abrían roto los vasos) ni una oferta natural para el oyente que se conforma con sentarse y escuchar. Yosuke exigió de su público hasta que le tuvo ganado, le ofreció un espectro de sensaciones que no siempre fueron agradables y terminó su paso por Madrid como el maestro que es. Todo muy propio, muy representativo de su obra y muy cabal dentro de su amplio universo.

E.P.

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