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Slayer + Sepultura + System of a Down

Plaza de Toros La Cubierta. 6 de noviembre de 1998

Antes que nada hay que comentar la suerte que tiene la ciudad de Madrid de contar con un recinto de programación taurina que, gracias a estar techada, es una opción más para los promotores que traen a bandas de potente calibre. Lo malo es que si antes queríamos librarnos del "pabellón de los rebotes" ahora nos hemos encontrado con "el coso de las reverberaciones", o, comúnmente llamado, "de los ecos". Es una verdadera lástima que en un edificio de reciente construcción no se haya realizado un mínimo estudio acústico.

Vamos a por la música. Abrió este goloso cartel triple el nuevo descubrimiento del famoso capo de la American Recording Rick Rubin, los angelinos System of a Down, quienes poseen un homónimo álbum de debut superentretenido con detalles frescos en esto del metal moderno. En directo se les ve con pocas tablas, muestran poco movimiento en el escenario y se miran entre sí, más o menos, para ver qué tal. También su corta intervención (veinte minutos) les dio poco tiempo para calentarse, aunque mostraron su eclecticismo en temas como D-Evil, Know, Sugar y la marchosa Suite-Dee que tocaron con corrección. Para gran parte del público, encontrarse de nuevo con el "dinosaurio" Sepultura guardaba motivos de expectación, sobre todo por ver cómo es y cómo se lo hace el nuevo vocalista Derrick Green, un enorme muchacho de color negro con trenzas rastas hasta la cintura que impone su indudable poder escénico (a las girls les moló su poderío). Musicalmente, y volviendo al asunto del sonido, me gustaría saber qué temas fueron los tres primeros que tocaron, porque el amasijo de ruido era tan grande que resultaban ininteligibles. Según pasaba el show parecía mejorar el asunto, aunque también pudiera ser que yo hubiera terminado de acostumbrarme. Por otro lado, de todos es conocido el acercamiento del grupo al mundo del fútbol. En Madrid, Igor lució detrás de su enorme batería una camiseta del Real Madrid (como atención a su compatriota Roberto Carlos) y Andreas vestía del Atlético en un claro mensaje comunicativo con el público. ¿Hicieron un buen concierto? Pues claro que sí. A estas alturas eso es indudable. Tal vez los temas de Against, su último álbum, tengan poco gancho, pero es innegable la intención de dar un paso adelante, incluso experimentando. En los solos, en los climax y en las paradas de ritmo, Andreas busca nuevos sonidos ayudado perfectamente por los pedales de su guitarra. Estuvo fantástico. ¿El nuevo cantante? Pues bueno… no toca la guitarra, a veces le da a los bongos y no es la voz dura y chillona de Max, sino que le da un aire más siniestro y oscuro al grupo con una voz muy profunda. El público se entregó de pleno a los brasileños y el ya clásico Roots bloody roots fue digno y bien ejecutado. Casi comparto la teoría del técnico de sonido de Slayer (de cuya mesa casi no me separé), pues para solventar la deficiencia acústica y el problema de los ecos una buena solución fue buscar la nitidez máxima del sonido de los instrumentos por separado y subir al máximo el volumen, con lo cual se tapaban los rebotes en el tiempo y se conseguía que la banda sonara medio bien. ¿Qué decir de Slayer a estas alturas? Son los grandes "señores del heavy metal". En los últimos ocho años, siempre que me ha rondado cerca, he visto sus shows (incluso Donnington) y me siguen pareciendo en excelente forma física y musical. Combinadas las dos, hacen una explosiva mezcla de extremada dureza musical y un inagotamiento físico. A esto le añades la velocidad "espídica" que llevan y puedes entender por qué Tom Araya (voz y bajo), las guitarras de Jeff y Kerry y la impresionante maestría de Paul Bostaph (batería) no necesitan efectos escénicos: ellos, por sí mismos, rozan el malabarismo. Entre tema y tema, para cual más duro… unos minutos de silencio. Puede que su único pecado sea precisamente que son demasiado duros y demasiado serios (menos Tom, que gracias a sus orígenes chilenos se comunicó con el público en castellano). Demostraron que renacen musicalmente después del pequeño bache del Divine intervention y que están otra vez a tope con su nuevo álbum Diabolus in musica. La tralla es continua y hasta aparecen coletazos de vanguardia… ¡Increíble! ¡No se cansan nunca!

Pedro Moreno

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