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Senser

Caracol. 8 de junio de 1998.

No era mala la oferta. El reciente Asylum ha colocado a Senser en el punto de mira de quienes gustan de los proyectos novedosos, los sonidos alternativos y las nuevas técnicas de composición. Sólo quedaba demostrar en directo que el proyecto funciona tan positivamente como en el disco y Senser, con un show escueto, sin efectos, y basándose únicamente en el carisma de su vocalista, sacó adelante una actuación en la que el público se quedó un poco corto. Pudiera ser el precio o la promoción de su material, pero lo cierto es que la banda mereció una mejor entrada en su presentación en Madrid.

Eso, lógicamente, no molestó al público que se acercó a Caracol para ver el concierto. La amplitud de espacio permitió bailar a quien quiso y pegar saltos a quien se decidió por esa forma de gimnasia. Senser colocó sus poderes desde el principio y, si bien hubo altibajos en su show, lo cierto es que mantuvo un nivel mucho más que digno durante toda la actuación. Su oferta va desde los sonidos techno, muy matizados con originales efectos de guitarra y con la participación de un DJ en escena, hasta las partes más duras del hip hop, con una vocalista que rapea más que canta y que sabe combinar su actitud con su oferta musical. Afortunadamente, el grupo nunca cayó en clichés ni en poses estereotipadas. Su voz femenina controla el escenario, dirige con sencillez y marca la pauta para que sus compañeros rebajen la intensidad de sus temas de cara a hacerlos más accesibles y bailables. Eso trajo consigo que el directo de Senser modificara el material de la banda, eliminara los rasgos más duros y presentara un sonido más bailable, relajado y coquetón que igual utilizaba bajos de funk como baterías eminentemente rockeras. La mixtura funcionó y quienes deseaban ver la parte más fuerte de Senser tuvieron que cambiar su chip porque lo que recibían tampoco era nada desagradable. De hecho, el público respondió con agrado y, cuando el show acabo, siguió solicitando la vuelta de la banda aun cuando el equipo se había empezado a desmontar y la música de ambiente ya estaba sonando. El grupo volvió al escenario y un solo de batería dio tiempo a que los técnicos volvieran a colocar micrófonos y platos que ya habían sido embalados en sus respectivos estuches. El bis, perteneciente también a Asylum (como la mayoría del repertorio elegido), culminó una noche interesante en la que se pudo comprobar la valía que Senser atesora: buena música, buenas interpretaciones y una oferta contundente. Ojalá la próxima vez vengan con mayores expectativas y su show sea algo más espectacular.

E.P.

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