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Rosendo

La Riviera. 15 de octubre de 1998

Era de suponer. El de Carabanchel está en uno de los momentos más felices de su carrera y eso, lógicamente, también se tiene que reflejar en su directo. Puede que algunos vean en su actuación en La Riviera un bajón de público con respecto a sus anteriores actuaciones en Madrid (recordemos que Rosendo llegó a abordar la Plaza de las Ventas en la gira Rock en las tripas), pero lo cierto es que el recinto registró un llenazo que permitía prever al más pesimista que una fecha más no habría sido ningún desacierto.

Lo que el madrileño presentó en directo fue un verdadero repaso a sus grandes éxitos, un manojo de canciones extraídas de un repertorio que ya tiene canciones populares y conocidas para dar y tomar. Como era de prever, las estaciones más visitadas del trayecto fueron su último álbum (A tientas y barrancas), el celebrado Para mal o para bien y sus dos emblemáticos Jugar al gua y Locos por incordiar. Con esos cuatro discos, el carabanchelero tuvo más que suficiente como para contentar al personal y ponerlo a botar como si le hubiera dado cuerda. Flojos de pantalón, Loco por incordiar, Pan de higo, Y dale, Agradecido o Cosita se entremezclaron adecuadamente con Como el pico de un colchón o Aire, temas de su nuevo trabajo, el cual ha supuesto para Rosendo uno de los mejores logros de su dilatada carrera. No faltó en el concierto algún recuerdo para Listos para la reconversión o la banda sonora de Dame algo, compuesta por el guitarrista, pero esos temas fueron menos celebrados que el grueso de la actuación. En formato de trío y con una escenografía coqueta, fueron cayendo una a una las canciones en un show que se alargó hasta las dos horas y que, tras cerrarse con el habitual Navegando, tuvo que volver a retomarse aun cuando la sala ya había encendido sus luces y puesto a trabajar al disc-jockey. La gente, sin ninguna intención de moverse ni un ápice, esperó pacientemente montando una bulla impresionante hasta que el trío volvió a aparecer para abordar el Salud y buenos alimentos, que significó el único recuerdo para el álbum Deja que les diga que no. Tras ello, todos contentos y felices, Rosendo puede presumir de haber conquistado Madrid una vez más, aunque, en esta ocasión, puede que hubiera convocado más público si se lo hubiera propuesto.

E.P.

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