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Manolo García

La Riviera. 8 de junio de 1998

Manolo García superó la prueba de su presentación en solitario en Madrid con nota y asegurándose que cuenta con un público fiel que le sigue allá donde vaya y emprenda el proyecto musical que emprenda. En el calendario de su gira para dar a conocer en directo los temas que componen su álbum Arena en los bolsillos sólo figuraba una fecha para Madrid, pero el fulminante ritmo de venta de entradas finalmente obligó a que se fijaran cuatro fechas: 4, 5, 6 y 8 de junio.

En el concierto de cierre, la sala presentaba un aspecto tan abarrotado como en los tres anteriores y la principal característica del público era la misma que se puede considerar como fundamental en García: se trata de gente normal y corriente, gente de a pie. Y es que a uno le puede gustar o no lo que hace este trovador de lo cotidiano, pero lo que es innegable es que ha conseguido su parcela en el panorama musical español a base de ofrecerse tal como es: un tipo sencillo, algo enclenque, con nula vocación de estrellato en medio de una vía láctea repleta de bombillas artificiales. A pesar de esa aparente falta de carisma, Manolo García logra transmitir (y de qué manera) sensaciones a un público que conecta con él desde el primer momento y ya no para de entonar sus letras como si de poemas colectivos se trataran. Acompañado por seis músicos (guitarra, bajo, batería, percusión, teclados y sección de viento), el que fuera mitad de El Ultimo de la Fila empezó su recital con Sin llaves para después ir intercalando canciones de su trabajo en solitario, como Carbón y ramas secas (que realizó en versión eléctrica y después en acústico), Pájaros de barro, Prefiero el trapecio, Zapatero, Sobre el oscuro abismo que te meces, Como quien da un refresco o A San Fernando, con otras inevitables de su anterior aventura musical junto a Quimi Portet, como Dulces sueños. Hasta tres veces tuvo que regresar al escenario, decorado con flamencas y toros de plástico, un vez finalizado oficialmente el concierto, ante el reclamo de los presentes en la sala. Un detalle, el de la decoración, que quizá tenga que ver con la mayor influencia flamenca presente en su nueva faceta en solitario. A ello se suman también ritmos de procedencia árabe y todo aderezado con un carácter muy latino, el que siempre ha acompañado a García en su evolución musical, caracterizada por la búsqueda de un estilo propio e inconfundible a través de la fusión de estilos. Por lo visto a través de los veinticinco temas que conformaron su repertorio en directo, cada vez está más cerca de lograrlo.

Carlos Moral

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