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Manic Street Preachers La Riviera. 3 de noviembre de 1998 Con un cambio de última hora, con el que todo el mundo salió ganando, el trío galés Manic Street Preachers aterrizó en La Riviera dispuesto, sobre todo, a presentar This is my truth, tell me yours, su último trabajo. Al final, a juzgar por la elección del repertorio, lo que pareció fue una declaración de vida, ya que catorce de los dieciocho temas que desgranaron estuvieron dedicados a los dos últimos discos, en los cuales, curiosamente, ya no está el "desaparecidísimo" Richey James. Precedidos por unos muy poco británicos (al menor no era britpop lo que oímos) Mansun, los MSP de ahora demostraron que tienen muy poco que ver con los primeros Manic, bastante más nihilistas. La hora y media exacta (sin un misericordioso bis) de recital que ofrecieron fue de una perfección tal que incluso llegó a aburrir. Su cantante, James Den Bradfield, goza de una voz magnífica, por no repetir el adjetivo "perfecto": ni un solo fallo pudo apreciarse. Buena modulación vocal, acompañada por un excelso sonido, rematada, para más inri, con el dominio de las cuerdas de su guitarra. Bradfield no necesitaba más que un bajo y una batería, que es lo que lleva en su banda. Sin embargo, allá, al fondo izquierdo, en el lateral, casi escondido por falta de luz, un teclista daba réplica en cuanto a arreglos a todas las canciones de los Manic. Su actual pop, el que puede resultar menos conocido para el gran público (no el que acudió al concierto, rendido desde el principio), sonó muy bien y la banda fue de lo más correcta en sus ejecuciones. Sólo faltó la emoción. Ni las luces (sobrias), ni el montaje (inexistente) ni la actuación del grupo (estudiada y perfectamente medida) pudieron proporcionarla. Elegancia quizás, personalidad seguro, fijo que un nuevo estilo pero no emoción. La perfección puede resultar aburrida. Jorge Ballarín
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