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Lluis Llach Círculo de Bellas Artes. 8 de febrero de 1998. Lluis Llach celebró con nosotros treinta años en los escenarios y nos deleitó con el material de su disco Nu (desnudo), álbum que da música a un espectáculo que se lleva representando casi dos años. Lluis estuvo arropado por su piano y por una espléndida voz que vibró en todas las canciones. El publico tenía ganas de oír y cantar con él todos los temas que iba presentando con sabrosos comentarios sobre el amor, la felicidad, la política y la sociedad. Dividió el concierto en tres partes, con canciones sobre la vida, los poetas y los niños, y no faltaron los bises que el público puesto en pie pidió para que cantara los temas más conocidos. En la primera parte interpretó canciones como Vida, Y si canto triste, Rueda, Abril 74 y nos recordó los tiempos en que la dictadura no nos permitía cantar más que canciones tristes, de viejos, pero en los que no era imposible hacerlo en libertad si un Ministro del Interior (o de Gobernación) te obligaba a exiliarte en París. Nos propuso amar la poesía con Café Antich, Café a Mahalta o Coplas del exilio, con textos de Martí i Pol, Pere Quart o Marius Torres y no olvidó ni la solidaridad ni la pobreza representadas por canciones como Venimos del norte, venimos del sur o Luna, aunque confesó las contradicciones de su origen burgués y su forma de vivir. El concierto terminaba con En el teatro, la única canción nueva, un homenaje a los escenarios que ha pisado y que han guardado cantos y disfraces. El público, puesto en pie, aplaudió durante largos minutos y Llach nos regaló seis canciones más: Itaca, La estaca, Viñas verdes, Voy y vengo, Amor particular y Entre cuatro, dedicada a los militantes de izquierdas de largo recorrido. Cuando la mayoría del público dio por concluido el recital y se marchó, Lluis respondió a un buen número de personas que aún quedaban en el teatro interpretando un tema más. Nu (desnudo) de instrumentos, pero vestido de buena poesía, buenas canciones y muchas vivencias, Llach dejó claro que aún cree en la utopía y que mantiene su postura catalanista y libertaria, algo que agradó a un público que le pidió verle más a menudo en Madrid. José Daniel López
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