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Laurent Garnier

La Riviera. 8 de octubre de 1998

Muchos conservaban en su memoria la anterior visita de Laurent Garnier a Madrid como DJ en una sala abarrotada de noctámbulos a altas horas de la madrugada. Esta vez, sin embargo, estaba preparado su live act para las diez de la noche. ¡Qué extraño! Horas tan tempranas para escuchar una música que se disfruta mejor en las locas horas de los "afters". Pudo ser por ello o por el aparentemente alto precio de la entrada, pero el caso es que únicamente unas mil personas disfrutamos (sí, disfrutamos) de Laurent Garnier en vivo, en "live act", "show" o "performance": me da igual cómo llamarlo.

Fue increíblemente bueno. Mr. Garnier eliminó los platos giradiscos y se convirtió en el comandante de una flota de teclados, programadores, sistemas midi… acompañado por una violinista que más que tocar le apoyaba creando sonidos muy especiales. También había un percusionista y un batería con mayoría de timbales electrónicos. Este cubrió con "breaks" diversos, aunque no muy imaginativos, los huecos en tiempo de la máquina de sonidos de la nave Garnier. Una nave que se mostró muy profesional y experimentada después de más de quince años en activo. Perfectamente centrado en sus aparatos, este "imaginero parisien" monta y monta capas de sonidos, samplers, ritmos y, a veces, alguna "antimelodía" con los teclados creando un espacio musical del que se puede decir que parte de la psicodelia, del abstractismo… pero que en realidad, y dada la dureza de su transmisión, se queda en un techno-bakalao de lo más cañero que puedas escuchar actualmente. Los constantes crescendos, siempre muy excitantes con finales y fundidos brillantemente resueltos, y la ausencia de blancas (percusivas, claro) en predominio de las negras machaconas son características de este estilo que procede en parte de Detroit, que también se gestó en Inglaterra y que es muy propio del centro de Europa (sobre todo en la mákina alemana). Los toques jungle y el final drum'n'bass aparecieron como pinceladas esporádicas, pero muy eficaces y atractivas, como añadidos a sus piezas. Laurent Garnier y su inseparable minilinterna (en su mano izquierda) nos mostró en muchas ocasiones, y sin salirnos de las bases techno, una inclinación al gran Jean Michael Jarre, sampleando y "destruyendo" algunas famosas melodías de éste y ejerciendo de "progresivo" al llegar a mezclar su propia música con la del creador de Oxígeno. El nivel sonoro gozó de gran volumen y de la nitidez necesaria, pues se contó con el mismo equipo de sonido que Molotov usó el día antes. Respecto a las luces, como es lógico en este tipo de espectáculos, adquirieron un protagonismo especial de transmisión de la música. Desde aquí felicitar al técnico de la mesa porque estuvo extraordinario con el uso de los fondos monocolor y con los flashes a ritmo (muy hardcore por momentos), pero ahí no queda la cosa: como complemento a todo, los performers de Les Nuits Blanches añadieron humanidad y movimiento al live act. El dúo de bailarines, casi siempre subidos en zancos o en grandes plataformas, generaron con sus coreografías, perfectamente sincronizadas con la música, seres futuristas, fluidos rosas, androides con cuerpos iluminados con pequeños focos… ¡hasta la rígida estructura de la Torre Eiffel bailó contoneándose en curvas! Todos fueron unos números maravillosos, sí señor. Arte visual o "visual art", dependiendo del grado de snobismo.

Pedro Moreno

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