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Iron Maiden + Helloween

Palacio de los Deportes. 19 de mayo de 1998

No podrán quejarse los heavies de estos tiempos. Después de la visita de Judas Priest se volvían a presentar en Madrid los otros dos grupos que aún están en la cúspide de los más clásicos y dentro de nada podrán gozar con el monstruoso volumen de Manowar y con las formas barrocas de Malmsteen o Stratovarius.

Los Maiden aparecían con nuevo disco bajo el brazo y con la esperanza de que Blaze Bailey hiciera las cosas mejor que en su última visita, un concierto en el Pabellón en el que todos nos quedamos añorando lo bien que salían las cosas cuando el vocalista de la banda era Bruce Dickinson. En este último show Bailey apareció con mejores formas, pero con el hándicap de la actuación anterior de Helloween, un concierto en el que Andi Deris estuvo francamente bien y tiró tanto de su banda como del público. Los alemanes también venían de presentación. En este caso se trataba de su reciente Better than raw. Cogieron el envite de telonear a los Maiden y acertaron, ya que contaron con un público entusiasta que recibió bien sus temas y que apoyó y coreó todo lo que se podía corear. Helloween sigue sin encontrar la fórmula para convencer al público de que son tan buenos como cuando grabaron el famoso Keeper…, pero hay que admitir que sus continuas visitas a nuestro país les están granjeando una importante parroquia que ya les ha consolidado entre las bandas de referencia dentro del género. Tras ellos aparecieron los ingleses con toda la parafernalia que de ellos se puede esperar: telones gigantescos ilustrados, luces por doquier con las formas más pintorescas, un paisaje lúgubre retratado en la escenografía y un Eddie que, tarde o temprano, tenía que aparecer, esta vez vestido de futbolero. Si bien dieron amplio terreno a los temas de su reciente Virtual XI, los Maiden no se olvidaron de recoger las mejores canciones de su repertorio para mantener una tónica general que agradó al respetable. Si bien en estos temas era cuando Bailey se quedaba más oscuro y que la mayoría de estas piezas eran alargadas hasta la saciedad contando con la colaboración del público, se puede decir que siempre superaron al material más reciente, ciertamente tedioso y hasta pesado en ocasiones. El sonido fue realmente bueno durante toda la noche, lo que permitió apreciar con facilidad la capacidad de los instrumentistas, muy buenos en ambos grupos y con una carga de entrega francamente elogiable. El público de Madrid ha sabido ganarse a ambos grupos y es difícil que pasen por esta ciudad sin dejar lo mejor de ellos. En resumen, el show ofreció lo que se esperaba. Ambas bandas tienen ya carretera suficiente como para sacar adelante un concierto con solvencia, manejan el negocio del espectáculo con soltura y saben conjugar sus ganas de mejorar con sus guiños al pasado en base a mantener sus fans. Fans que, por otro lado, están dando una enorme lección en los últimos años: cuando el heavy está de capa caída los aficionados son capaces de esperar, tener paciencia y conceder terreno a sus grupos clásicos hasta que lleguen épocas mejores. Si bien el Palacio no registró la entrada de otros tiempos, no se puede negar que el espacio destinado al público (no se permitió el acceso a la tribuna superior) estaba cubierto y, lo mejor de ello, estaba cubierto con gente entregada, dispuesta a disfrutar y a animar a los grupos con continuos gritos, coreos, manos en alto y saltos por doquier. Ellos se lo pasan bien y las bandas cumplen. Suficiente como para salir satisfecho.

E.P.

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