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Festimad Parque de El Soto. Móstoles. 1 y 2 de mayo de 1998 Cuando las cosas no pueden ser, no pueden ser. Y además, como decía el otro, son imposibles. El Festimad de este año tenía un cartel que no hacía presumir un resultado tan positivo como otras temporadas, pero lo peor es que eso se juntó con un tiempo desagradable, lluvia que convirtió el recinto en un barrizal, la suspensión de Fabulosos Cadillacs, Junkie XL y Smash Mouth (tres cabezas de cartel) y unos conciertos que, fuera por lo que fuera, no alcanzaron el grado de calidad previsto. El primer día, Suicidal Tendencies cumplió ante un público que todavía exigía poco, Motorhead ofrecieron lo de siempre con la voz de Lemmy en un momento poco propicio, los Cramps hicieron su numerito con más gracia que calidad y Offspring justificó muy poco su colocación como cabeza de cartel. En el escenario llamado El antojito la propuesta latina tuvo repercusión, aunque los nombres de los participantes más interesantes coincidieran en horario con otros conciertos a priori más suculentos. La nota interesante del día vino de un grupo que, en principio, no estaba previsto entre los favoritos: Save Ferris. Los californianos descargaron su muestra de ska-pop y lograron convencer al público congregado en el pequeño escenario en el que tocaron. Fueron, junto con la nueva formación de Ash (tremendamente melódica) y el paso de Lunatic Calm por el Zoom zone, lo mejor de la primera jornada, una jornada que ya contó con lluvia y con todo lo que esto suponía. El segundo día tenía, en principio, mejores ofertas, pero lo cierto es que tampoco los artistas tuvieron su golpe de gracia. Solamente los Yum Yums, ubicados también en el escenario más pequeño, echaron un poco de color y calor a un ambiente que se empezaba a contagiar de la baja temperatura que ofrecía el tiempo. La banda, con un punk tan melódico que los ubicaba casi en la década de los sesenta, tocó con un enorme retraso, después de los "heavysinfónicos" Moonspell, y consiguieron llevarse el gato al agua con un magnífico sonido, un repertorio que no tuvo un momento bajo y una presencia escénica simpática que ayudó a su propuesta. Después vendrían las decepciones de Teenage Fanclub, tremendamente melosos, y Massive Attack, ubicados en el escenario principal y, por tanto, perdidos con una propuesta tranquila y oscura que no casaba demasiado con un público que deseaba entrar en calor mientras comenzaba a aparecer la lluvia. Esta ya no pararía durante la actuación de Fromheadtotoe -un grandísimo directo que tuvo que vérselas con un escenario que, finalmente, terminaría cerrándose por las condiciones meteorológicas- ni durante la de Molotov, el grupo mexicano que, probablemente influenciado por el tiempo y el ambiente, no respondió a las enormes espectativas que había despertado. La suspensión de Smash Mouth y de Junkie XL hizo que una banda como Hellacopters contara con más público del previsto. Esto pareció animarles y los suecos descargaron una ración de heavy metal que sí colaboró para poner más caliente al personal y animarle a buscar mejores resultados en la actuación final de Dover. Los madrileños, por su parte, no tuvieron su mejor día. Aunque se mostraron ilusionados en su rueda de prensa, la garganta de Cristina no mostró su mejor faceta y muchas de sus canciones quedaron a menor nivel de lo que nos tiene acostumbrado el grupo. Presentaron nuevos temas que hacen pensar que su próximo disco será más duro y ofrecieron una escenografía que confirma que la banda puede asumir tranquilamente grandes audiencias. En resumen, la edición de este año del Festimad Móstoles quedó muy por debajo de sus predecesoras aunque el público respondió con una cifra de dieciséis mil asistentes. La organización estuvo de lo más correcta y el espíritu festivo dominó entre el público, aunque, eso sí, este año volvieran a su casa con más barro que cualquier otro. E.P. Ilusiones y decepciones Hay quien defiende que en los grandes festivales musicales lo de menos es la música y que el público, en general, acude por el ambiente que se crea en la concentración de decenas de miles de seres humanos. De ser cierta esta teoría, la tercera edición de Festimad en el Soto de Móstoles ha sido todo un éxito de convivencia, camaradería y complicidad entre los más de quince mil asistentes a pesar de las incomodidades provocadas por la lluvia y el barro. En el terreno estrictamente musical hay que hacer una división entre los dos días de duración. El viernes día 1, un cierto sentimiento de decepción flotó a última hora entre la concurrencia arremolinada ante el escenario Festimad, que, después de haber elevado la adrenalina gracias a la veteranía y el vampirismo de los Cramps, se encontró con Offspring y Pennywise, dos grupos supuestamente de punk-rock que o no supieron o no quisieron conectar con el público. Los primeros confirmaron las sospechas de que se trata de un grupo de una sola canción, Come out and play (la única celebrada realmente por el público), y un único disco, Smash, con el que hace cuatro años se convirtieron mundialmente en unos ídolos con pies de barro de la nueva generación punk. Ni su cambio de imagen (ahora reivindican la estética glam) ni los intentos de su cantante por animar el cotarro lograron evitar cierta sensación de sopor. Otro tanto les pasó a Pennywise. Los chicos ponen voluntad y lo cierto es que cuentan con buenas canciones en el repertorio, pero son tan parecidas entre sí (más todavía en su limitado directo) que terminan saturando. Lo más destacable de su actuación fue su versión "destroy" del clásico Stand by me y su revisión del Blitzkrieg bop de los Ramones. Los británicos Ash, sin necesidad de tanta pose punk, estuvieron más acertados en el escenario Tipo con canciones efectivas, aunque algo sosos de escenografía. Mención especial a la fantástica A life less ordinary, canción compuesta para la banda sonora de la película del mismo título, que en directo resultó demoledora. Las revelaciones de la jornada estuvieron en los escenarios pequeños. Entre la amplia oferta nacional del de Subterfuge destacaron las buenas vibraciones que transmite Undrop, trío que dará que hablar los próximos meses, aparte de la confirmación de la química existente entre Sexy Sadie y Big Toxic, los efluvios psicodélicos de Lazy Sundays y las cadencias melódicas de Mercromina. Por su parte, en el escenario más pequeño gustaron especialmente Save Ferris y Space Monkeys, un cuarteto llegado de Manchester que combina canciones de perfecta estructura pop con la electrónica logrando un delicioso resultado. El sábado 2 merecía la pena no moverse de los escenarios pequeños porque allí estuvieron las propuestas más edificantes. Con retraso comenzaron su espléndido recital energético los noruegos Yum Yums, pero, una vez encaramados al escenario, ninguno de los presentes pudo resistirse al indudable encanto de esta formación que bebe en las mejores influencias del punk-pop. The Saints jugaron la baza de la experiencia mientras Nuevo Catecismo Católico se confirmó como una de las avanzadillas más interesantes del punk-rock en español. Hellacopters cerraron la programación del escenario con aromas que abarcaban desde The Stooges a los Supersuckers. Los grupos de Subterfuge que sobresalieron este segundo día fueron Undershakers, congregando a numeroso público expectante al que no defraudaron, y los Fresones Rebeldes, repletos de candor e inocencia juvenil que no supo captar cierto sector calimochero y embrutecido del respetable llegando incluso a hacer diana con una botella en la cara de la atónita cantante. Ya se sabe: No esta hecha la miel para la boca del asno. Carlos Moral
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