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Iggy se lo llevó de calle. Mayo de 1998 Décimo aniversario del Espárrago La celebración llegó con una tarta y velitas. Pero eso fue para los organizadores. La verdadera celebración para las diez mil personas que asistieron a la décima edición del Espárrago fue la actuación de Iggy Pop. Nadie se explicaba por qué no era él el cabeza de cartel. Pero, tras su derroche en el escenario, una cosa quedó clara: da lo mismo dónde se le sitúe y en qué orden. Es él quien se encarga de poner las cosas en su sitio. Inmenso, alucinante, genial, extraordinario todos los adjetivos son pocos para definir lo que La Iguana aún es capaz de poner encima de las tablas. Una banda fabulosa fue desgranando tema tras tema para que Iggy, pecho al descubierto, colocara a todo el público boca abajo, bailando a su son y respondiendo exactamente como él deseaba. Puro magnetismo, canciones emblemáticas, un poder que va más allá de lo terrenal y una tensión que comunica hasta con la gente que está a cuarenta metros del escenario. Ese es Iggy, Mr. Pop, una persona que, evidentemente, equivocó el apellido y que debería pasar por el juzgado para modificar sus datos de filiación y llamarse Iggy Rock. Desde las primeras horas del sábado 4, día en que comenzó la décima edición del Espárrago, todo el mundo se hacía la misma pregunta en la zona reservada a la prensa: "¿Cómo se puede hablar de Faith no More o de Bad Religion como cabezas de cartel estando aquí Iggy Pop?". Probablemente estos comentarios tenían en cuenta la historia, la discografía, la leyenda y la calidad musical de este hombre. Mirándolo objetivamente, Iggy estaba a años luz de cualquier otro, aunque, en estas cosas de horarios y programaciones, nunca se sabe: en muchas ocasiones determinados grupos imponen su orden en el cartel, otros no quieren asumir su posición real (se llegó a comentar que fue el propio Iggy el que no quería cerrar el festival) y, como viene siendo habitual, los grupos españoles son siempre los peor parados en este aspecto. Porque, si ya era raro el hecho de que Iggy no cerrara el evento, también resultó de lo más extraño la colocación de Ska-P en el cartel del Espárrago. Los vallekanos se lo llevaron muerto, con una claridad enorme y poniendo a bailar hasta al encargado de seguridad. Tras su actuación, la aparición de Dream Theater resultó desangelada, con la mitad del público tarareando aún el "Legalización" que cerró el espectáculo de los madrileños. Otros que tampoco tuvieron mucha suerte en su ubicación fueron Amparanoia, que aunque pilló a todo el mundo comiendo tuvo una respuesta enorme, y Kevin Saunderson, quien, a pesar de ser el nombre más emblemático del escenario dance del segundo día, pinchó al mismo tiempo que Iggy descargaba en el escenario principal. Sea como sea, una cosa es el orden en que se colocan las cosas y otra lo que los artistas demuestran en el escenario. Y, si bien la tónica del festival tuvo un notable alto, no es menos cierto que las mejores propuestas no siempre vinieron de los nombres más grandes. Sábado 4 El sábado no apareció con buena cara. Durante la mañana había estado chispeando y las nubes tuvieron el mal gusto de ponerse justo encima del recinto ferial que alberga al Espárrago. Entre "venaos" que se tiraban desde la grúa a una altura que mete miedo y gente que empezaba a preparar su cuerpo y su mente con sustancias que meten en calor al más "pintao", los primeros grupos fueron mostrándose con la ventaja de no tener aún competencia en el resto de los escenarios. Así, aparecieron Sin Perdón, el nuevo proyecto del ex091 José Antonio García, y K-Tulu, quienes aprovecharon el horario para tener delante un público amplio al que convencer. Los siguientes en tomar el escenario principal fueron Cornershop, de los que poco comentario se puede hacer. Tocaron veinte minutos, pero no porque hubiera complicaciones: el domingo en una sala de Madrid cobraron más de dos mil pesetas por entrada y estuvieron en el escenario algo más de media hora. Debe ser la tónica de un grupo que, por lo menos en su visita a España, parece que se sobrevalora demasiado. Chumbawamba animaron el cotarro con un pop facilón, agradable y muy comercialote. Lo aderezaron con una actuación en la que sus vocalistas iban mostrando una colección de disfraces mientras que los músicos cumplían con solvencia y con un sonido verdaderamente bueno. Una monja borracha, una boxeadora o un enmascarado fueron enseñando una propuesta musical amigable que, con todo, no daba para más de media hora: si no hubiera sido por la puesta en escena mucha más gente habría notado que este grupo se repite más que el pepino y que, en cuanto les sacas de tres formas diferentes, ya no tienen nada que aportar. Con todo, se lo hicieron bien, entretuvieron y no defraudaron, lo que ya es suficiente para estos anarquistas de diseño cuya música aparece en los anuncios de la tele. Aprovechando un intermedio me acerqué con mi chica a ver a Hechos contra el Decoro, una formación que, en mi opinión, sonó mucho mejor que las otras veces que les he visto en directo. Consiguieron conectar con el público, aunque evidenciaron las carencias que persiguen a su música: rapean tan rápido que sus letras se pierden y eso no sería importante si no fuera porque, para fortuna de todos, la gente de Hechos son unos magníficos letristas. No estaría de más que en las composiciones de su segundo disco cuidaran este aspecto, ya que es una verdadera pena que, en directo, sus canciones se queden en una explosión rítmica que evita apreciar una de sus mejores facetas. Mientras, en el escenario principal ya estaba preparada la actuación que Enrique Morente iba a realizar con Lagartija Nick. En principio estaba proyectado que al día siguiente actuaran por separado, pero, mientras Morente mantuvo su show en el escenario de flamenco, los Lagartija anularon el suyo. Afortunadamente, lo hicieron con suficiente antelación como para que la gente estuviera informada y la actuación no se contemplara en los horarios disponibles para el público. Lo de esta unión es un verdadero escándalo. El proyecto que han puesto en marcha Morente y los Lagartija debería tener futuro. Su "Omega" ya fue llamativo, pero en directo son una verdadera bala, un espectáculo impresionante y un caudal musical que no está a disposición de la gente todos los días. En el Espárrago, al aire libre y con un público amplísimo, supieron conectar con todos, exponer con limpieza su trabajo y dejar un sabor de boca de lo más agradable. Hicieron también el tema incluido en el reciente "Val del Omar" de Lagartija alargando un poco lo expuesto de "Omega" y, en conjunto, cuajaron uno de los momentos mágicos del festival. La voz de Morente es capaz de calentar a un esquimal y el poderío musical de Lagartija Nick la arropa con un cuidado y con un poder que emociona. Realmente, y a estas alturas, creo que "Omega" se ha convertido en un disco histórico en la música española y que, si alguien tuviera talento, recogería la oferta mestiza, contemporánea y elegante que esta unión ha provocado. Tremendos. Preparándose Era cuestión de irse preparando para los cabezas de cartel, pero pronto nos daríamos todos cuenta de que lo mejor del día ya estaba visto. Mientras la organización daba el último toque a los trastos de Ocean Colour Scene, nos dejamos caer por el escenario de dance para ver un ratito a Side Effects, uno de los pocos espectáculos en directo que se podían ver en aquel recinto, ya que la mayoría de la programación estaba completada con DJs. El caso es que DJ Juanito Mora se entretuvo más de lo previsto y que cuando los Effects quisieron empezar casi teníamos que salir corriendo. Lo poco que les vi me resultó muy lento y me pareció que la introducción de su show fue algo larga, lo que hizo que el público, que estaba encantado moviendo el cuerpo, se parara y mirara al escenario para percatarse del motivo por el que todo el tinglado había decaído. Cuando el asunto iba cogiendo marchilla fue cuando tuvimos que irnos, por lo que me quedé con las ganas y tendré que dejarlo para otra ocasión. Claro que, de haberlo sabido, igual me había rentado más quedarme bailando con mi chica, porque Ocean Colour Scene tampoco aportaron nada que no hubiera visto ya. Los ingleses han venido cuatro veces en un año, empezando por el Festimad del 97; luego hicieron algunas fechas con Oasis y, finalmente, se volvieron a presentar en Madrid no hace mucho. Con éstas, el repertorio y show de los Ocean no me sorprendió demasiado, aunque, por lo menos, disfruté sus canciones y su manera de hacer música. Sus temas son de los que siempre entran bien y su propuesta es agradable y llamativa. Lo dicho: un buen rato pero poco más. Hasta que comenzaron Faith no More estuvimos un rato viendo a Garage H (¡Anda que no hicimos kilómetros este día!), pero lo que vimos es poco representativo representativo de una oferta tan rica como la suya. Apenas una explosión de rap metal encuadrado en un buen show de escenario y unas letras de las que no se entendía nada. Su problema es el mismo que el de Hechos contra el Decoro y contra eso sólo se puede luchar sabiéndose el material de antemano o confiando en que sus próximas canciones tengan menos texto en el mismo espacio. En fin, vuelta al principal para ver la nueva oferta de Faith no More. En esta ocasión, se plantaron con una intro un poco moña que dio pie a algunos temas cañeros que levantaron al público. Sin embargo, la mayoría de su concierto se movió en otra dirección, con piezas muy melódicas en las que los norteamericanos mostraron más facetas y talentos que los puramente metálicos. En conjunto, el concierto les quedó de cine, digno para cerrar y sin que nadie pudiera quejarse: un sonido portentoso, poder en ocasiones, certeza lírica en otros momentos y un aderezo de luminotecnia sumamente adecuado. Mucho más de lo que creía y un repertorio que hace esperar de este grupo un buen futuro cuando terminen de romper en nuestro país que parece negarles el pan y la sal después de siete discos que muestran talento variado. La última atracción de la noche tendrá que esperar para otra ocasión. Howie B, encargado de cerrar el escenario dance, cambió su hora y yo, que a estas alturas ya no me enteraba de nada, me lo perdí. Bueno tampoco tenía yo el cuerpo para mucho baile y a lo mejor no lo habría visto con demasiada objetividad. Domingo 5 Este día el tiempo acompañó más, por lo menos por la mañana. No vi a King Changó, que estaban encargados de abrir el escenario principal, pero tampoco me importó mucho. Un festival hay que tomárselo con calma si no quieres terminar reventado y ese día preferí comer con mi chica sentadito en un restaurante de Granada aunque eso supusiera no ver a la formación multicultural que ha aupado David Byrne con la edición de su primer álbum. Mi cuerpo me lo agradeció todo el día, por lo que no me quejé. Llegamos a ver cómo la gente recibía la propuesta de Amparanoia con alegría. Al fin y al cabo era lo esperado. Amparo volvía a su tierra después de haber conquistado media España con las tonadas de "El poder de Machín", por lo que triunfar en el Espárrago no era una cuestión difícil. Parecía que Blanquito Man ya había despertado a todos y que las canciones de Amparanoia se recibían sin legañas en los ojos. Eso sí: se recogieron también con una polvareda enorme propia del baile generalizado. Lo del polvo parecía que iba a ser la tónica del día, ya que después de Amparanoia aparecían Ska-P con su tonada pachanguera preparada. Y, si Amparo había hecho bailar a la gente, lo de Ska-P fue otro escándalo: su show, afianzado en canciones que ya todo el mundo conoce, contó con proclamas, banderas, un individuo que se cambiaba de ropa en cada canción, muñecas hinchables, canutos gigantescos y un alboroto enorme en el escenario cuando interpretaron su particular himno del Rayo. Aunque a esas horas ya estaban funcionando todos los escenarios, parecía que todo el mundo se había decantado por los vallekanos. Ska-P van a la propuesta segura: ritmos populares y letras incendiarias con las que es imposible no sentirse solidario. Además, su presencia en escena es ya un espectáculo en toda regla, con un ánimo continuo al público, un éxito detrás de otro y un soporte musical que falla poco. Se lo llevaron de calle y el público quedó con una sonrisa de oreja a oreja. Era obvio que colocarles a las cuatro y media de la tarde resultaba injusto y que su actuación habría merecido ser con luces, pero lo decíamos antes. Lo de Ska-P se engrandeció más cuando Dream Theater perdió la mitad del público. Unas dos mil personas se apelotonaron delante del escenario demostrando ser fans comprometidos con la propuesta heavy sinfónica de los Theater, pero el resto del personal decidió cambiar de terreno o ver al grupo en un plan más relajado y distendido. Y acertaron: la propuesta discográfica de Dream Theater puede ser de lo más llamativo, pero, actuando a la luz del día y sin los alucinantes efectos que incluyen en sus grabaciones, su actuación quedó poco lucida. Sus armónicos se perdían en el aire entre conversaciones y su presencia, todos vestidos de negro, pasaba inadvertida en un escenario que no contó con ningún detalle especial en este show. Tampoco lo arreglaron los Therapy?. Se presentaron con su nueva formación de cuarteto y soltaron un montón de temas de lo más melódico que hizo que un público expectante se quedara con cara de póker. No es que su actuación fuera mala, pero habría quedado mejor cuatro horas antes. Vamos: que fuera una cosa reposada para tomar una copa y tararear de vez en cuando las piezas más conocidas. Estos Therapy? tienen muy poco que ver con los que han venido a España en otras ocasiones. Y después llegó Dios. O Iggy, que, en este Espárrago, era más o menos lo mismo. Y, como Julio César, llegó, vio y venció. No le hicieron falta más que dos canciones para poner todo el recinto a sus pies. Hizo comentarios en castellano, se mosqueó con una cámara de televisión, destrozó su micrófono y mostró una forma impresionante y envidiable (por lo menos por mí). Su sonido estuvo magnífico y su banda le respaldó con una solvencia de alabar. Al final, incluso, pudo haber movida cuando la dichosa cámara de la tele (de ésas que están colgadas en una grúa) voló tan bajo que cayó en manos del público. Si Iggy estaba molesto con ella, imagínate el público al que le quita la visión continuamente. El asunto fue divertido, aunque supongo que a quien tenga que pagar la grúa no le hará ninguna gracia. No estaría de más que la gente de las televisiones tomara nota: una cosa es retransmitir un concierto y otro meter las cámaras en la boca a todo el mundo. En esta ocasión, por lo menos, no se encendieron los focos de cara al público, algo a lo que también es muy acostumbrada la gente televisiva. En fin: la cuestión fue que el señor Iggy se lo hizo de cine (no de tele), con una plasticidad enorme, una energía brutal y un rock sin contemplaciones que dejó pequeño todo lo que habíamos visto. Con éstas, ya casi había perdido interés el que Bad Religion se subieran al escenario. Mi chica y yo nos dimos una vuelta por la zona dance para ver cómo pinchaba Kevin Saunderson su última media hora. Haciéndolo con gusto, equilibrio e intensidad, el bueno de Kevin tuvo que conformarse con ver cómo la gente comenzaba a llegar en tropel casi cuando él estaba acabando su set. No tuvo suerte con el horario, aunque tampoco parecía tener muchas ganas de agradar: llegó, curró, hizo su promoción y se fue. Lo bueno que tiene es que su gran conocimiento de repertorio siempre aporta una sesión que no defrauda, aunque, como él mismo diría después, no fuera "nada espectacular". Bad Religion, por su parte, le echaron ganas y no defraudaron. Lo que ocurre es que hasta colocarse a la altura de Iggy les queda comer mucho chocolate. Desgranaron su punk pop con alegría y desparpajo, hicieron que el público bailara y consiguieron que alguno se fuera a ver a Morente, que estaba tocando en el escenario de flamenco. El show fue suficientemente bueno para terminar, aunque pobre para hacer olvidar lo ya ofrecido en el mismo escenario. En conclusión Dos días después de iniciado el Espárrago y con los pies machacados era hora de hacer repaso: Iggy, Ska-P y el tándem Morente-Lagartija pusieron lo mejor de la edición, Faith No More y Amparanoia dejaron buen sabor y el resto de los grupos se movieron en unos parámetros muy válidos si exceptuamos la plantada de Cornershop. Hubo variedad, gente dispersada en todos los escenarios y pocos agobios, aunque en el caso de la entrada había que pasar hasta tres controles que, en este tipo de eventos, se han demostrado necesarios dada la cantidad de gente que acude únicamente con la intención de colarse. Un buen balance para el cumpleaños, algo que obliga al Espárrago a mantener este listón, cuanto menos a la misma altura, el año que viene. La organización funcionó sin que yo le viera más pegas que las propias en un evento donde se junta tanta gente (unas diez mil personas). Habría agradecido más contenedores para la basura y, por lo que me comentaron (yo no puede comprobarlo), se sufrió algún retraso en el escenario flamenco. El festival contó también con un recinto chill-out en el cual descansar mientras te tomabas alguna bebida oriental y una zona dedicada al mercadillo donde podías encontrar casi de todo. Se puso un servicio de autobuses para que la gente pudiera ir al camping sin pegarse una caminata y los precios de las bebidas y comidas me parecieron razonables. Suficiente oferta y suficientemente buen cartel para que un público numeroso se acercase a Granada desde otros puntos de la geografía española. E.P.
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