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David Byrne La Riviera. 10 de febrerode 1998. Chico. ¿Qué se le va a hacer? Hay veces que te empeñas en disfrutar de un concierto y tu cuerpo o tu mente está en otro lado. El pasado día 10, con David Byrne en escena, no estaba yo para muchos trotes y, por ello, supongo que su actuación no me hizo demasiada gracia. Mi chica y el resto del público terminaron bailando como posesos, pero yo, por más que lo intenté, no encontré ningún atractivo al hombre. Era, evidentemente, uno de esos días en los que te pueden poner delante lo que quieran que no sirve de nada. Porque, pensándolo bien, Byrne no estuvo nada mal, realizó un montón de concesiones, ofreció un espectáculo muy digno y su material se quedó en cartera para dar a la gente lo que a ésta más le gustaba: piezas de los añorados Talking Heads. Su banda era escueta, abundando en sonidos pregrabados y casi evitando la batería; pero, a tenor de cómo se movía la gente, no parece que nadie echara de menos el sonido como yo. Habría agradecido más banda, una sección de viento u otra colaboradora para la chica que, haciendo los coros a Byrne, me pareció lo más divertido de la noche. Pero, como te digo, debía de ser solamente una impresión mía. Byrne apareció en escena con un traje rosa lleno de flecos, aunque ese fue únicamente uno de los modelos que presentó en su show. Luego vendrían un traje de chaqueta cian, una falda escocesa que se levantaba lo suficiente como para ver sus calzoncillos, una malla completa que representaba la distribución muscular del cuerpo humano y otra en la que estaban estampadas ilustraciones que representaban el fuego. Todo muy visual, con unos músicos (tres) encargados de mantener una esencia rítmica y que, con más o menos suerte (dependiendo de lo que tocaran), hacían contagiarse al público de los botes que daba la acompañante de David. El concierto empezó un poco sosito, probablemente contagiado por la entrada que reflejaba La Riviera, no tan amplia como podría esperarse. Luego, tras tres o cuatro temas, el ambiente empezó a caldearse y diversos temas de los Heads obtuvieron mejor respuesta por parte del público. En aproximadamente media hora, Byrne los había conquistado y su música empezó a causar el efecto deseado. Dos veces tuvo que salir a dar propinas porque el público no quería irse cuando mejor se lo estaba pasando. En fin. ¿Qué se le va a hacer? Y yo allí con cara de muerto. Desde luego, no era mi día. E.P.
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