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Chema Cuéllar Galileo Galilei. 14 de enero de 1998 Es bien sabido que, cuando la televisión anda en algo, el lío es seguro. Ahora, con esto de la Vía Digital, parece ser que a los de la tele pública les ha dado por grabar algunos conciertos de jazz y, ni cortos ni perezosos, en lugar de ser discretos recogedores de eventos, los equipos de realización se creen que todo el mundo tiene que estar a su servicio. Así, para grabar una actuación tienen que retrasarlo todo, marcar los horarios a los músicos (aunque el asunto se grabe), la duración del show y, para que no falte nada, interrumpir el inicio para cambiar la ubicación de un foco. Esto, como antecedente de un concierto en el que Chema Cuéllar presentaba el material de su primer disco como crooner, no era ningún aliciente. Y así quedo. De nada valió que los músicos (Paco García, Juan San Martín y Michel Philp) fueran solventes, que Chema demostrara su capacidad ni que Connie Philp estuviera sensacional en su papel de partenaire. Aquello iba a su bola y el público contaba aun menos que los músicos. El sonido, por lo menos, fue bueno, aunque los artistas tuvieron que actuar sin monitores quien sabe por qué ciencia estética. El repertorio se vio acortado hasta poco más de media hora y allí nadie sabía si, cuando se fueron los músicos, aquello había acabado o estábamos ante un descanso para publicidad. Chema asumió los primeros temas (It had to be you, Stella by starlight) con un claro nerviosismo, algo mucho más real que aparente, siempre pendiente de lo que tuvieran a bien decir los manejadores de cámaras y cabinas. When you wish upon a star, la canción perteneciente a la banda sonora de Pinocho, le quedó ya bastante aderezadita y The lady is a tramp fue la que se encargó de marcar la pauta que, en buena lógica, debería haber tenido todo el concierto. Fue entonces cuando apareció Connie, con su voz cautivadora y con una carga de swing que aún no se había visto en el escenario. Después de hacer el Fly me to the moon se marcó una versión del Mack the knife realmente esplendorosa y terminó su actuación cantando a dúo con Chema el Send me in the clowns. Luego llegaron otros buenos momentos, con el ambiente más caliente y el público más expectante. Orange colored sky quedó realmente bien y, después de la pausa, la versión de New York, New York fantástica. El final, con Route 66 y con Connie de nuevo en el escenario, no hacía presagiar que aquello terminara tan pronto, pero así fue. Unicamente un blues con la participación de Maite Pizarro, Judy Clericuzzio y, de nuevo, Connie dejó un buen sabor de boca después de tanto desparramo. E.P.
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