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La Cabra Mecánica But. 27 de enero de 1998. Y ahora tenemos de moda el mestizaje: fusión rítmica entre el pop español y los ritmos latinos, vengan de donde vengan. En unos pocos años, multitud de grupos se han estrujado el cerebro recordando la última oferta que hacían los antiguos Radio Futura, los ritmos abolerados que tanto usa Sabina, la oferta de fusión que presentara en su día Ketama y, por arte de magia, tenemos pachanguita divertida en cualquier esquina que se precie de contar con un poco de marchilla. La Cabra Mecánica es uno de los últimos lanzamientos dentro del entorno: grupo con oferta discográfica divertida, letras directas y ritmos con percusión. Su vertiente de directo se presentaba con el interés de un nutrido público y, como viene siendo habitual, el termómetro se puso en marcha para medir el grado de intensidad que el mestizaje de tango, son y ritmos de Lavapiés eran capaces de transmitir a la gente situada en el escenario. El concierto empezó, terminó y, quien más, se había echado un bailecito. Estábamos ante otro de los grupos que, con gran disco, es incapaz de comunicar en directo. Y esto del mestizaje, si no mueve, es que pincha en duro. Vengo de Lavapiés, Pegate un tiro, Reina de la mantequilla y el resto del material ofrecido en el disco de debut fueron cayendo mientras la banda no se movía un ápice (solamente la entrada y salida de un violinista conseguía movimiento en el escenario) y los músicos presentaban una estética tan habitual como el resto de sus compañeros de circuito. Alguna gracia con los teclados, dos guitarras complementarias, el toque latino de la percusión y letras tan gloriosas como Que te follen: todo tan previsible como el resto de las bandas "mestizas". La única diferencia es que aquí nadie bailaba, que no sabías dónde mirar y que la claridad del vocalista hacía añorar las versiones discográficas de los temas. Puede que, con el tiempo, mejoren. E.P.
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