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Amparanoia

KTDral. 6 de febrero de 1998.

Una de las cosas que más se echan de menos en los conciertos de los últimos meses es la diversión, pero con Amparanoia eso es, precisamente, lo único que está asegurado. El resto de las cosas pueden venir o no, pero con esta mujer tienes la seguridad de salir de la sala con la sonrisa en la boca y eso, tal y como están los tiempos, supone tierra conquistada. Si Amparo tuviera uno de sus boleros en una película de Almodóvar estaríamos hablando de una de las artistas más reconocidas de este país; pero, como eso aún no ha sucedido, la andaluza sigue su pasear por salas de mediano aforo (ya sólo le queda el asalto a las grandes) dejando constancia de que su propuesta tiene hoy muchas papeletas para ganar el premio de la rifa de este año.

Y es que lo suyo es tan fácil como difícil. Fácil es añadir una trompeta a su grupo de esencia rockera aderezado de percusión, fácil es hacer canciones que hablen sobre las cosas que pasan y fácil es huir de pretensiones teniendo muy claro que lo fundamental en un concierto es que el público se divierta. Difícil, por otra parte, es calar en las mujeres como cala Amparo (que las vuelve a todas locas), difícil es marcar un territorio entre la pachanga de pueblo y una música más elaborada y difícil es conquistar cada rincón de KTDral consiguiendo que, desde la primera hasta la última fila, todo el mundo esté pendiente de lo ocurrido en el escenario. Amparo lo consigue con una bailarina vestida de mora que ejerce la danza del vientre, con unos ritmos tremendamente contagiosos y con canciones que, poco a poco, se van haciendo himnos: En la noche es un tema que caldea, Me lo hago sola pone a las chicas en tensión máxima, Hacer dinero es un clamor, Que te den, con su ritmo de ranchera, pone a bailar a todo el personal y La semana cierra los conciertos con un éxtasis en la sala. No quedan ahí los pildorazos de Amparanoia: una versión del Achilipú o Mi amor se fue obtienen el mismo resultado y eso hace pensar que, antes o después, Amparo y sus compañeros estarán en un escalón mucho más alto dentro del panorama musical actual. El hecho de colocar a Color Humano como teloneros fue otro clarísimo acierto. El grupo multicultural calienta el ambiente, agrada y divierte aun cuando se le note menos progresión. Con todo, es otra banda a la que habrá que prestar atención, porque el circuito de salas pequeñas ya es, también, como el salón de su casa.

E.P.

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