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Agradecidos Rosendo Canciller. 12 de febrero de 1998. La noche se planteaba como una fiesta y, puestos así, lo fue por todo lo alto: una entrada limitada para invitados, barra libre y doce grupos en el escenario dispuestos a dejar claro su "agradecimiento" a uno de los padres de lo que se dio en llamar rock madri-leño. Con este planteamiento, cualquier evento parece un desfile de tomateo, con la gente aprovechando para charlar, saludar y, de vez en cuando, hacer algún negocio. En el otro lado, en el escenario, los músicos van a otra cosa: a divertirse. De los catorce nombres que en Agradecidos Rosendo homenajean al de Carabanchel sólo faltaron dos: Ska-P y Extremoduro. Una grave lesión en la garganta de Pulpul hizo que los primeros no pudieran subirse al escenario. Puede que, en ese día en concreto, pudieran haber apañado cualquier colaboración para estar presentes, pero la banda prefirió no estar antes que hacerlo mermada. Lo de Extremoduro era otra cosa: Robe no es de los más aficionados a aparecer en este tipo de eventos. Lo malo que suelen tener estas cosas es el asunto del sonido y la poca continuidad que tiene el show mientras uno sale y otro entra. En esta ocasión, los dos asuntos estuvieron a una altura de lo más respetable: todo sonó perfectamente y apenas hubo entretenimiento en el desfile de bandas. No todas estuvieron igual de acertadas, pero es que, como comentaba Fernando de Reincidentes, "en cuanto empiezas a animarte ya has terminado". Con todo, ninguno de los grupos desentonó y a todos se les vio muy identificados con su versión. Desde que Enemigos abrieron el fuego con Entonces duerme hasta que Los Canallas cerraron el espectáculo con Hasta de perfil, desfilaron por el escenario de Canciller Barricada, Reincidentes, Porretas, A Palo Seko, Pulgar, Siniestro Total, Buenas Noches, Rose, Mamá Ladilla, Gran Jefe y Los Ronaldos. Al final, con Canallas todavía en el escenario, el propio Rosendo agradeció a la gente su participación y al público su presencia. El único punto que podría haberse mejorado es una mayor presencia de público. Solamente cuatrocientas personas fueron invitadas a la presentación y el Canciller es una sala con un aforo mucho más amplio. Eso hizo que la distancia entre los músicos y el público fuera grande y que en ningún momento existiera el calor que las canciones de Rosendo y la actitud de los músicos pedían. Pero, en fin no te puedes quejar: era como si estuvieran tocando para ti solo y eso siempre es un lujazo que no se vive muchas veces. E.P.
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