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Charlie Wood. Junio de 1998 Soul-jazz con blues y gospell Se dice que Memphis impregna a todo músico que toca por allí. Es muy probable. Escuchar a Charlie Wood es como estar en Memphis. Tiene treinta años, toca el Hammond y hace rhythm'n'blues. Acaba de aparecer en nuestro país "Southbound", su tercer disco, aunque podría considerarse el primero porque sus dos obras anteriores salieron con pequeñas (pequeñísimas) compañías sin distribución. "Prometo que la próxima vez que venga a España habré aprendido castellano", dice. Y le creo. Desde que me lo han presentado he descubierto a un hombre afable, grande como un oso y con la típica imagen del vaquero americano. Cierto que no lleva sombrero, pero su volumen, su pelo recogido en una cola de caballo nada lacia y su manera de mover las manos parecen más propios de un tratante de ganado que de un organista. "Comencé a estudiar piano clásico a los cuatro años, pero mi profesora me dijo un día: 'Eres un buen pianista, pero será mejor que olvidemos lo de la música clásica'. Tenía por entonces dieciséis y fue cuando comencé a tocar rock y jazz". Probablemente fuera una decisión acertada, porque, mientras tomamos un café, soy incapaz de imaginarme a tal individuo metido en un smoking y tocando en una sala de conciertos. Sí me lo imagino (es más fácil) en el típico tugurio americano de carretera, esos locales donde te sirven la cerveza en la botella, hay siempre dos mesas de billar y al fondo toca una banda que hace que la gente baile. "Estudié literatura inglesa y conocí el ambiente universitario. Fue allí donde comencé a intervenir en bandas de rock y de blues. Estuve en Nueva Orleans y luego en Memphis. Tocábamos en garitos tratando de convencer a la gente para que nos pagara después de tocar". Lo dice con una sonrisa en los labios, aunque se pone serio en cuanto le digo que empiezo a hacerle una entrevista. Aún no parece acostumbrado a tratar con la prensa y todo lo que tiene de campechano y gracioso se vuelve seriedad en cuanto me ve tomar notas. "Sí. Reconozco la influencia que Ray Charles y Mose Allison tienen en mi música. Del primero me gusta su voz, sus canciones todo. Fue el primero que juntó el gospell con el jazz y el blues. Allison es superdefinible: tiene un sonido único y sus canciones son brillantes, simples e inteligentes a la vez. Tiene letras puras del blues, pero con un gran sentido del humor". Luego me entero que, fuera de la música clásica, lo primero que Charlie escuchó fue un disco de Mose Allison. Le pregunto el porqué de su decisión de tocar el Hammond. "He tocado otros teclados, pero me gusta el sonido del Hammond. Según lo configures, tiene un sonido personal y siempre sorprendente. Cuando estás tocando en una banda el teclado siempre está por detrás de las guitarras y la voz. Con el Hammond es al contrario: tiene una enorme presencia y es muy emocionante". Admite una profunda influencia y ayuda del entorno de Memphis. "Allí improvisan en cualquier música", comenta. A él le ayudó especialmente porque un día Albert King le vio y se lo llevó de gira. "Es muy difícil trabajar con él, pero se aprende mucho y estoy muy contento de haber tocado en su banda. Una de las cosas que más me sorprendió cuando giré con él es que tienes que saber tocar de todo y en cualquier tonalidad, aunque no sea nada frecuente. Otra es que en un escenario no vale sólo la música: también tienes que aportar un espectáculo". Después de Albert King conoció a Ben Sidran y así llegó a editar "Southbound", su tercer álbum, en el sello Go Jazz. Eso le ha permitido iniciar una carrera internacional. "He tenido mucha suerte. Ben tocó con Fred Ford, el saxofonista que estaba en mi grupo, y por medio de él conoció mi música". Ahora está contentísimo con el resultado de "Southbound" y, realmente, tiene motivos para ello. Blues, algo de soul y un ligero toque de jazz configuran un r'n'b muy puro y con mucho feeling. Sus temas arrebatan y son difíciles de etiquetar. "No sé cómo definiría mi música. Puede que algo como souljazz con mucho blues y gospell". En el verano volverá a España para presentarse en directo. El país le encanta y ha quedado sorprendido de la forma de vida que tienen los madrileños. Dentro de pocos meses podrá integrarse un poco más en esta ciudad y nosotros podremos confirmar si lo ofrecido en "Southbound" es tan bueno en un escenario como se ha llegado a decir. E.P.
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