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Historia andaluza. Mayo 1997

Recopilando una parte importante de la música española

Acaba de aparecer en el mercado el álbum recopilatorio "El duende eléctrico". En el doble compacto aparecen veinticinco temas que pasan revista a la evolución de la música contemporánea andaluza durante las últimas tres décadas. Esta aparición viene que ni pintada para recordar a una multitud de músicos que construyeron los pilares de lo que ha terminado siendo el nuevo flamenco. La historia viene de lejos…

A principios de los años setenta, en España estaba comenzando a entrar el rock'n'roll. Los más avispados devoraban los pocos medios informativos que había por la época y seguían con devoción los programas especializados que existían en la radio. Era un momento en el que, básicamente, el mercado discográfico español funcionaba en base a cantantes melódicos bastante horteras, lolailos muy raciales con peineta y americana y conjuntos pseudopop que trataban de emular a las cosas que venían de fuera. Triunfaban los Camilo Sesto, Los diablos, Los tres sudamericanos y productos por el estilo, aunque… había gente preocupada por crear un producto moderno y, al mismo tiempo, autóctono. El rock que se hacía hasta el momento solía basarse, principalmente, en traducciones de éxitos americanos y no contemplaban ninguna de las fusiones que comenzaban a realizarse allende los mares. Cosas como el blues rock o el rock latino nos quedaban todavía muy grandes.

Con éstas, la mayoría de la gente a la que le agradaban las historias de Hendrix, de Woodstock o del incipiente hard rock solían frecuentar los mismos círculos y, entre los músicos, solía haber bastante sintonía. El problema para poner cosas en marcha era, sobre todo, la enorme falta de medios de la que adolecía España: una guitarra eléctrica valía una pasta, sobre todo si tenemos en cuenta que lo que aquí se vendía eran, casi todo, imitaciones que valían para poco más que realizar acompañamientos con una estética coquetona. Los grupos que habían podido salir de nuestras fronteras para presentar su música (Bravos, Canarios, Four tops) procuraban aprovisionarse de material antes de cruzar de vuelta la frontera, pero la mayoría de la gente que funcionaba por aquí tenía que apañarse con lo que hubiera.

El primer "movimiento", si puede llamarse así, que surgió como ruptura era lo que dio en llamarse "rock progresivo". La etiqueta englobaba dentro de sí a unos cuantos artistas que mezclaban churras con merinas y que se caracterizaban más por su peculiar forma de vida que por la música que hacían. Aparecían con el pelo larguísimo (en la España de los primeros años setenta), fumaban cigarrillos que ellos mismos se liaban y en los que echaban una cosa que estaba prohibida, vestían pantalones vaqueros con una enorme campana y hablaban de cosas tan extrañas como el amor libre y los hombres de las praderas.

Dentro de esta primera hornada surgieron grupos como Máquina, Cerebrum y, sobre todo, Smash. Smash, banda en la que militaba el guitarrista Gualberto, fue, probablemente la primera que se planteó hacer rock con una raíz netamente española y, como eran andaluces, les salió un rock con cierto toque patrio que era odiado por todo el mundo excepto por quienes estaban en el "rollo". La vida de Smash fue bastante corta y terminó según empezaban a consolidarse movimientos más localizados que sí obtendrían más repercusión que los grupos pioneros. En Cataluña surgió una especie de rock, medio sinfónico medio jazzy, que recibió la etiqueta de "roc catalá". En Madrid nos dio más por el "rock urbano", mucho más bronco y transgresivo, y en Andalucía apareció un esquema muy llamativo que se dio en llamar, lógicamente, "rock andaluz".

Los catalanes se desarrollaron bien y dieron al panorama hispano una buena colección de grupos con mucha repercusión. Cataluña siempre ha apoyado mucho su producto y en la década de los setenta el mercado catalán era un verdadero hervidero creativo en el que la gente consumía por igual a los cantautores de la nova canço que a futuristas tan luminarios como Pau Riba o Sisa. Allí surgieron cosas tan interesantes como la Dharma, Iceberg o Secta sónica por poner algún ejemplo.

Los madrileños, por su parte, tardaron más en salir, pero fueron los que se llevaron el gato al agua. Grupos como Leño revolucionaron la ciudad y consiguieron que la gente de los barrios se sintiera muy identificada con la música de los nuevos artistas. La evolución del género derivaría en el heavy que tanta repercusión tendría en los ochenta con grupos tan emblemáticos como Obús o Barón rojo.

El rock andaluz tuvo la suerte de coincidir con una serie de peculiaridades que le permitieron ir mucho más allá de lo que en principio parecía que podía conseguir. Por un lado, el mercado español aceptó con mucho agrado un invento de diseño que recibió el nombre de "gipsy rock". Las grecas, el dúo que primero saltó a la palestra, obtuvo un apoyo inmenso por parte de los medios y acostumbró a los programadores a ese cambio en el sonido andaluz que volaba desde Antonio Molina (lo más habitual en la época) hasta un par de chicas que enseñaban el ombligo y que decían unas tonterías enormes a ritmo de rumba mientras movían el culo tratando de ser sexys (eran como Azúcar Moreno, pero hace veinticinco años). Tras ellas vino una explosión de rumba (Chichos, Rumba 3, Chunguitos…) que permitió a todo lo que sonara a lolailo entrar bien en las radios. Al mismo tiempo comenzaban a aparecer en la televisión española una serie de programas musicales orientados a los jóvenes dirigidos por un personal bastante introducido en la vanguardia y poco amigo de seguir las corrientes mayoritarias. Por el lado de la prensa, la primera hornada de revistas musicales empezaba a obtener el relevo de revistas más especializadas que apoyaban decididamente el producto nacional. Por si te suena de algo, en la tele existía "Mundo pop", en el dial de la radio imperaba "Onda 2" y "Radio Juventud" y en el apartado de la prensa aparecieron "Star" y "Vibraciones" mientras comenzaba a crecer "Disco express".

El último empujón que hacía falta era alguien dispuesto a mojarse para lanzar a los grupos. Gonzalo Garciapelayo, quien había sido manager de Smash, sumamente relacionado con Radio Popular, se tiró al barro y montó el sello Gong, muy orientado a dar salida a los músicos andaluces y a todos aquéllos que aportaran ideas nuevas dentro del panorama musical nacional. Ya sólo faltaba el artista que diera el empujón y ese artista no fue otro que Triana. El rock andaluz tenía todo a su favor para tirar para adelante.

La continuación

Si bien a Triana le costó arrancar, lo cierto es que su carrera no hizo sino crecer. Sus dos primeros álbumes se escriben con letras de oro en la historia del rock español y, a partir de su tercer trabajo, consiguieron conquistar todas las listas de radio fórmula que había por la época. Su trabajo fue sumamente reconocido y abrió la puerta para otras bandas que, si bien no hacían lo mismo, sí centraban su actividad en la fusión de lo andaluz con géneros que provenían de fuera. Así aparecieron Imán, que se colocó cerca del rock sinfónico, Veneno, el grupo transgresivo por naturaleza que fue la cuna de Kiko Veneno y Raimundo Amador, Guadalquivir, con una onda más jazzy que empezaba a coger de la incipiente fusión y del jazz rock, Alameda, que introdujo el toque andaluz en el pop y que arrasó con su primer trabajo… Los tiempos de los primitivos Smash, Gong o Goma habían pasado, pero el relevo se había convertido en un género por sí mismo que terminó ocupando un buen pedazo de mercado.

La evolución posterior de la música andaluza fue muy irregular. Con el predominio posterior de las formas madrileñas (el rock urbano, el heavy y luego la movida) los delicados artistas andaluces perdieron mucha de su iniciativa. España estaba cambiando y era preferible la caña al virtuosismo. La música andaluza que consiguió repercusión fue la avanzada por Veneno, una especie de fusión entre el flamenco y el blues acústico sobre el que se podía evolucionar y que contaba, al mismo tiempo, con el apoyo de las compañías grandes. Así surgirían la carrera individual de Kiko o Pata negra, el grupo de los Amador que, si bien obtuvo mucha repercusión entre la crítica, no consiguió cifras tan millonarias como para pensar en una recuperación de la música andaluza. Por otro lado bastante distinto andaban Medina Azahara, los cuales fueron capaces de conectar con el público del rock duro en base a una estética que no era óbice para mantener una típica esencia andaluza que han mantenido hasta el día de hoy.

Nuevos flamencos

El siguiente empujón que tuvo Andalucía fue el reconocimiento masivo que tuvo Camarón, un cantaor flamenco que llegó a ser apreciado por el público joven y que no ponía reparos a colaborar en cualquier proyecto que le gustara. Camarón transformó el flamenco, usó músicos de rock y demostró que los cánones de lo puro no tienen por qué ser estáticos si de lo que se hablaba era de arte. Camarón ha sido, dentro del flamenco, el mejor de todos y, por ello, dio pie a un antes y un después de su figura. El después fue lo que, con el tiempo, se comenzó a llamar la generación de los "jóvenes flamencos", una colección de artistas que mantienen la raíz andaluza pero que abordan con naturalidad un mestizaje que no huye de lo latino, lo africano o el blues americano. Los hermanos Amador y Kiko Veneno fueron los que primero lo vieron y, tras ellos, los Carmona, quienes dieron con el filón: Ketama supuso la renovación de la música andaluza y un nuevo empujón dentro de la evolución de la misma. A partir de ellos, y hasta hoy, han salido artistas por doquier: unos buenos y otros no tanto, unos innovadores y otros simplemente clónicos de los primeros. De hecho, han salido tantos que encontrar la calidad en los últimos productos de los "jóvenes flamencos" cada vez es más difícil, oculta entre una enorme producción que no termina de consolidar a ningún artista. Manteca, la nueva formación de Manglis (quien estuviera antes en Arrajatabla), y la carrera en solitario de Raimundo Amador parecen ser las bazas más interesantes mientras se espera la consolidación de Mártires del compás o La barbería del sur.

Toda esta historia queda bastante bien reflejada en "Duende eléctrico", un disco doble en el que se recogen piezas emblemáticas de la mayoría de los grupos aquí citados junto con otras piezas que, aunque no son de artistas andaluces, ayudan a ubicar acertadamente el terreno artístico que aborda el álbum. Este, obviamente, tiene que entenderse más como un documento que como un álbum con unidad, porque, por suerte o por desgracia, la música andaluza de estos años ha sido tan abierta y variada como fue posible. Para los coleccionistas es un álbum imprescindible, para quienes quieran recordar su juventud, fundamental, y para quienes crean que la música española comienza con Alaska, necesario.

E.P.

Varios. "Duende eléctrico". Fonomusic 1003

Lo último

Paco Ventura

El guitarrista de Medina Azahara ha presentado hace pocos días su primer álbum en solitario. Su decisión vuelve a traer a la arena la tradición guitarrera que hacía tiempo no resurgía en Andalucía. Desde los tiempos de Gualberto hasta los de Pizarro, muchos han sido los guitarristas que han expuesto amplitud de formas, técnicas y estilos. Paco, por su parte, aparece en la corriente virtuosa y en el estilo neoclásico, cerca de lo que internacionalmente ha presentado Yngwie Malmsteen en muchos de sus trabajos.

Ocho son los temas que aparecen en "Aventura", un álbum que muestra a Paco como un guitarra tremendamente técnico y escrupuloso aun cuando aporta poco terreno dentro de la composición novedosa. Siempre es positivo que aparezcan este tipo de discos en nuestro mercado, por cuanto nuestros guitarristas no tienen nada que envidiar a los extranjeros. El hecho de que Paco pertenezca a un grupo popular como es Medina Azahara puede permitirle ser reconocido desde el primer momento por los amantes de la guitarra eléctrica.

Paco Ventura. "Aventura". Avispa 32

Triana

Cuando a Jesús de la Rosa le llegó la hora de marchar se fue el noventa por ciento de Triana. El era el compositor, cantante y teclista de la banda y el máximo responsable del estilo del grupo. Tras su muerte, el grupo ha tratado de recuperarse hasta el punto que J. J. Palacios, "Tele", su batería, ha presentado recientemente un nuevo álbum firmado por Triana. La actual formación la conforman Juan Reina, Rafa de Guillermo, José Juan, Julián Planet y el propio

Tele" y cuentan entre su material con dos temas inéditos firmados por el fallecido Jesús. El estilo ofrecido intenta parecerse al que hizo popular la primigenia formación de Triana. Esto se consigue sólo en parte, sobre todo porque el tiempo ha pasado y porque la credibilidad del grupo decae ante su insistencia por recuperar un nombre tan mítico. Por lo demás, "Un jardín eléctrico" es un álbum que no merece desprecio y que probablemente fuera más valorado si hubiera sido firmado por un nombre que respondiera más adecuadamente a la actual formación.

Triana. "Un jardín eléctrico". Omni

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