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Chema Cuéllar. Julio 1997 El espíritu del crooner sigue vivo Realizar en 1997 una grabación de estándares de la música con una big band es ya un hito. Realizarlo bien, después de todo lo que se ha hecho dentro de la música, difícil. Si a todo eso añadimos que siempre hay que aportar algo nuevo y que, cuanto menos, hay que mantener el nivel brillante de lo que ya existe, se hace difícil pensar que la música española pudiera contar con un crooner en toda la regla. Chema Cuéllar lo es y su álbum junto a la Swing big band lo demuestra. Tiene apellido segoviano y puede cantar lo que le pongan delante, desde clásico a pop. Cuenta con una garganta con unas posibilidades inmensas y, debido a ello, pretende que cada trabajo suyo exhiba la dificultad de lo que hace. Como él mismo comenta "después de hacer clásico, lo más meritorio que se puede realizar es cantar jazz. Es muy difícil, ya que exige preparación y capacidad". Aunque le tentó un proyecto para trabajar con Julio Blasco musicando poemas de Neruda, al final se decidió a dar el salto, pero no podía hacerlo de cualquier manera. "El disco está cargado de amistad. Cuando conocí a los miembros de la Swing big band surgió la magia y algo parecido a un noviazgo. Coincidimos en la idea y nos planteamos llevarla a cabo. Yo tengo mucho respeto por cada uno de los músicos con los que he trabajado, así que lo que no podía hacer era algo de cualquier manera. Aunque buscamos la diversión, tenía muy claro que este trabajo o quedaba brillante o no merecía la pena hacerlo." Se trataba de la grabación de catorce temas clásicos de la música americana con la dinámica que aportaban las big bands que grababan para la Capitol en los años cincuenta. En teoría, si se hacía en los años cincuenta hoy se podría hacer mejor, pero no por ello iba a resultar más fácil. "Para grabar con veinticinco artistas necesitas un sitio en el que quepan con amplitud. Una big band tiene que sonar con todos sus miembros al mismo tiempo y tienes que tener suficiente espacio como para que cada instrumento suene perfectamente sin que se cuele en el micrófono del otro. Elegimos el auditorio de Lanave y colocamos a los músicos en el sitio donde habitualmente se sienta el público para facilitar esta tarea. El repertorio que elegimos tenía que tener dos cosas fundamentales: que fuera divertido y lo suficientemente difícil de interpretar como para que me atrajese." Grabarlo debió resultar muy complicado. "Realizamos un cableado de fibra óptica hasta la mesa y tomamos todos los temas de la banda de un tirón. Podíamos hacerlo una vez o siete, pero no podíamos ponernos a unir parte de una toma con parte de otra. A la hora de mezclarlo trabajamos con treinta y cuatro canales reales, lo que suponía una odisea que llevó casi cuatro meses." Más difícil todavía Aún quedaba la parte vocal. "Esa se podía meter después para no complicar más el asunto. Primero grabó su parte Sheilah y luego yo hice la mía." Sheilah Cuffy y Connie Philp están presentes en el álbum. Sheilah canta una estupenda versión del "Soon I will be down with the trouble of the world" de la película de King Vidor "Imitación a la vida". "Connie me ayudó muchísimo en lo que me correspondía. Fue mi hada madrina, pero más hada que madrina. Tuvo siempre una actitud humilde que la impedía inmiscuirse en nada, pero todos los que estábamos en el proyecto la convencimos para que cantara. Así surgió el dúo de "Fly me to the moon"". Después de más de nueve meses grabando la cuestión no terminaba ahí. "Luego vino la historia editorial. Hay muchos temas que todos estamos hartos de oír, pero que nadie sabe dónde están registrados. Conseguir los permisos editoriales llevó un trabajo enorme, sobre todo en las piezas que se escribieron como bandas sonoras de alguna película." Todo ello ha dado como resultado un álbum realmente magnífico, pero con un gran inconveniente: quien no está acostumbrado a escuchar a crooners siempre puede señalar "¿y porqué un disco de Chema Cuéllar y no uno de Sinatra o Tony Bennett?" "Yo también podría decir ¿y por qué uno de Bennett y no uno de Sinatra? O viceversa. Son artistas distintos que cantan de una manera distinta y yo, desde luego, no tengo ninguna intención ni de imitarles ni de hacer lo que ya está hecho. Este disco es más actual y en él prima más la interpretación. Aquellos artistas estaban dotados de una gran voz, pero en aquella época casi no se interpretaba. Este es un álbum que puede escuchar todo el mundo porque suena como se puede sonar hoy, con los mejores medios y con un sonido que antes no era posible conseguir." ¿Crees que la propuesta va a ser comprendida? "Sin duda. Tú puedes conocer los temas, claro, pero, en cuanto escuchas el álbum, notas que ahí hay una personalidad propia." ¿Cómo está funcionando hasta el momento? "Muy bien, porque está llamando mucho la atención. Muchas radios me han llamado para saber dónde lo podían comprar, ya que lo querían y pensaban que era una rareza discográfica. Habitualmente ocurre lo contrario: que las radios no hacen ningún caso ni a los discos que les llegan." Lo difícil será presentarlo en directo. "Si te refieres a presentarlo para los medios sí. Es una tontería implicar a todos los músicos para que luego te vengan cinco periodistas. Pero presentarlo para el público, claro que se puede hacer. ¿Por qué no?" Tal vez porque el jazz español no obtiene repercusión entre el público. "El jazz tiene un público fiel y, eso sí, muy exigente. Lo malo que tiene hacer jazz en España es que la música popular de cada sitio tiene giros y carencias que terminas asumiendo como cosas naturales. Aquí mucha gente asume que el jazz tiene que ser americano y tenemos un gran complejo con la industria estadounidense. En este caso creo que hemos superado todo eso." La experiencia, desde luego, es preciosa. "Estando delante de la big band me siento como cuando das la espalda al mar: sabes todo lo que hay detrás y todo lo que supone eso." E.P.
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