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Tahúres Zurdos

La Sala. 19 de junio de 1997.

Músicos: Aurora Beltrán (voz y guitarra), Manuel Beltrán (guitarra), Javier Lizarazu (batería) y Juan Manuel Ugarte (bajo).

Puede que no fuera el mejor momento para que los Tahúres reaparecieran en Madrid: llevaban más de dos años sin tocar aquí y sus dos últimos discos apenas han sido promocionados por falta de confianza de las respectivas discográficas que los han puesto en la calle. Así nos encontramos con un público bastante descolgado de la banda y con un marco, como el de la Sala karabanchelera, que quizás no sea el más conocido por el público que se han ido haciendo los pamplonicas en Madrid.

Con todo, allí se dieron cita los fans de toda la vida y el público habitual del local para ver cómo, después de tanto tiempo, ha evolucionado el grupo. Y lo cierto es que tendrán otras muchas virtudes, pero evolución ya no es lo que pueda mostrar una banda con más de diez años de carrera y con un estilo tan definido como sólido. Siguen siendo paradillos en el escenario, siguen conjuntados haciendo cada uno su papel y siguen teniendo como argumento fundamental una ristra de canciones impresionantes y una de las mejores vocalistas que hay en el panorama nacional. Se apreció que el show era el correspondiente a la presentación de su Azul, ése que no había pasado por Madrid y que muestra amplio material del último disco de los Tahúres. Así, canciones como 40 grados, Azul, Amor tóxico y un extraordinario Planeta ruido dejaron la impronta de un álbum que, probablemente, el mercado ha desperdiciado en demasía. Pero fueron sus piezas emblemáticas las que consiguieron que el público arrancara. Chicas fuertes (una de las favoritas de mi chica), No, su fantástico Tocaré o una interpretación acústica de Afiladas palabras en la que Aurora estuvo imponente fueron los platos fuertes de una noche que se completaría con recuerdos a Lujuria, Mis hijos me espían, la versión que hicieron del Fiesta de Serrat o el A piece of my heart de Janis Joplin. En conjunto, el show estuvo agradable, aunque faltó esa conexión entre banda y público que no se extendió más allá de las primeras filas. Ojalá la vuelta de Tahúres zurdos a Madrid no se haga esperar tanto y muestre alguna novedad tanto encima del escenario como entre el público. Es necesario captar a gente nueva, ya que la más añeja parece poco propensa a ir a los conciertos si éstos no son gratis.

E.P.

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