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Skunk Anansie

KTDral. 31 de enero de 1997.

De acuerdo que las críticas de los conciertos siempre son muy subjetivas, pero ésta, además, será conscientemente favorable por dos motivos: el primero, que la que suscribe llevaba esperando el regreso de los británicos Skunk Anansie desde que telonearon en abril de 1995 a Lenny Kravitz; el segundo, porque a ésta este grupo le parece uno de los descubrimientos del último bienio.

Además, la casa de discos, avispada siempre, se trajo otros de sus grupos de cantera, de los pocos dados a conocer, y además debutantes, para abrir fuego en la sala KTDral. Gravity kills dio una lección de rock poderoso entendido como género que sólo se puede poner en escena con dignidad si todos, repito, todos los miembros de una banda se entregan por igual. Cantante (que suele ser el más visible), batería (¡cuánto ruido con tan poco material!), guitarrista y teclista (que suplía la ausencia del bajista) pusieron a botar a toda la sala, sobre todo el teclista, cuyo aparato de hacer música parecía salido, como el intérprete, de alguna película de ciencia-ficción (no sé si botaba más el teclado o el teclista). Skunk Anansie, con Skin al frente, como siempre, salió a provocar. Una tras otra, fueron desgranando las canciones de sus dos álbumes. Abrieron con el primer corte del último LP (Yes, it's ficking political) y cerraron (antes del único bis) con el segundo del primer disco, Intellectualise my blackness. Entre medias, declaraciones incendiarias referidas al sexo, con acompañamiento gestual y descargas rápidas, sin intermedios, en un concierto que se preveía gozoso. La que esto firma no puede comentar más porque se encontraba en un estado de entregada relajación al cuarteto. ¡Qué alguien les dé las gracias!

Sonia Martínez Muñoz.

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