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Seahorses Caracol. 7 de junio de 1997. Músicos: Chris Helme (voz y guitarra), John Squire (guitarra), Stuart Flecher (bajo) y Andy Watts (batería y voz). La satisfacción del deber cumplido. Ni más ni menos sería lo que sentirían los componentes de la banda al abandonar las tablas madrileñas. El público había agotado las localidades y demostró, durante la hora escasa de la actuación, su cariño y veneración. La huella de Stone roses es tan marcada que a los representantes de la afición ni siquiera les ha hecho mella comprobar algún otro fiasco, como el de Aqualung, antes de que John Squire saliera por piernas ante el declive y que aquello oliera a desintegración en una de las bandas más señeras del pop de los últimos años. The seahorses son presentados estos días en la prensa británica con todo boato, pues hay que saludar como se merece al nuevo proyecto de Squire (no se exagera si se le coloca el cetro de uno de los mejores guitarras del momento), quien ha sabido rodearse de buenos músicos. El puesto preferencial, el de primera línea del escenario (él se queda, ahí, en el margen izquierdo) se lo ha adjudicado a Chris, un vocalista que aúna tesituras distintas y que, cuando el perfil acústico lo requiere, nos recuerda incluso al mismísimo Donovan. La sección de ritmo es impecable: el bajo de Stuart es demoledor y forma una pareja sin fisuras con Andy, el batería (por cierto, que siempre me han gustado los dueños de los tambores que desempeñan función adicional, como en este caso, cuajando unas exquisitas segundas voces). Para presentarse en sociedad y con un LP como reclamo, nada mejor que machacarlo de arriba a abajo. Once canciones tiene Do it yourself y las once sonaron. Apenas completaron el repertorio con un tema extra de single. Eso sí: el concierto se diseñó con mimo, dejando para antes de los bises el primer hit de la banda, la primera canción que se editó en single y que tiene un sabor irresistible a Stone roses: Love is the law. Y es que, aunque Squire quiera (o intente) prescindir de lo que le suene a pasado, hay veces que no se puede ir contra natura. El colmo es que este Love is the law tendría que haber sido de la misma familia (antes de la defunción de The stone roses). Consecuencia: que el tema, en vivo, sonó estirado y alargado en su minutación sin que sobrase ni una transición ni un acorde. Soberbio: fueron los minutos más robustos de la noche. Julio Ruiz.
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