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Rosendo La Sala. 12 de junio de 1997. Músicos: Rosendo Mercado (voz y guitarra), Rafael Vegas (bajo) y Mariano Montero (batería) Mi chica oyó el concierto sin ver nada más que cabezas de gente más alta que ella; estaba arrinconada en una esquina de la sala y ni siquiera tomó nada durante toda la actuación, aunque no paró de pasar calor. Cuando acabó, le pregunté "¿Qué tal?" y ella dijo "Muy bien, como siempre". Lo de Rosendo es así. La gente va a sus conciertos, canta hasta quedarse ronco, se lo pasa de miedo y no hace falta saber lo que ha ocurrido en el escenario. Otro amigo, cuando salíamos, nos comentaba "esto es lo que hay". Y, efectivamente, es así: Rosendo se planta, suelta lo suyo y la gente pone el otro cincuenta por ciento del concierto. Con formación de trío, y poco después de que haya aparecido la banda sonora de Dame algo, compuesta por él mismo, Rosendo se presentó en su casa, en Carabanchel, durante dos días seguidos. Pero eso, como era de esperar, no fue suficiente. Hubo que sumar un tercer día, ya que las entradas se cayeron en dos patadas. Es probable que el repertorio cambiara algo durante los tres shows, pero, en estos casos, eso parece lo de menos. Dé lo que dé, la gente lo va a pasar estupendamente porque tampoco la historia va de nuevas. Sabes lo que Rosendo te va a ofrecer y siempre se entrega en el escenario. El uno por cien, Hasta de perfil o Dando vueltas a un farol calentaron un ambiente que, ya de por sí, tenía bastantes grados. Vino después el tema que ilustra Dame algo y un repaso a temas antiguos que se iban mezclando con el material de Listos para la reconversión: el recuerdo a Antonio Vega con Lo que tú y yo sabemos, Salud y buenos alimentos, Todo se interfiere, Listos para la reconversión... La gente estaba esperando los himnos rosendianos y éstos comenzaron a caer. Flojos de pantalón puso a todos a dar palmas y, a partir de ese momento, la cosa ya no decayó. Tras acordarse de su barrio soltó Pan de higo, Y dale y Agradecido, la pieza con la que cerró sin dejar de decir el típico "Se os quiere". Los bises continuaron la tónica, con Loco por incordiar y Navegando; y, en un segundo bis, recordó a Leño con La fina. El sonido no estuvo muy allá y Rosendo no tuvo su mejor día, pero eso era lo de menos. Tocaba en su barrio, la gente lo agradeció y algunos de los temas que el karabanchelero ha compuesto forman ya parte de la historia del rock español. "Esto es lo que hay", decía el otro; y no le faltaba razón. E.P.
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