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Rock'In Madrid La Peineta. 5 de julio de 1997. Músicos: Manolo Kabezabolo, Pulkas, Moonspell, A palo seko, Eleven pictures, Blood divine, Porretas, Napalm death, Bruce Dickinson, Peter Green, Marillion y Los suaves. El fastuoso Estadio de la Comunidad de Madrid , popularmente conocido como La Peineta, acogía este macroconcierto que, como todos, amenaza con hacer envejecer al público unos setenta años en cada sesión. Tal es el desgaste físico y psíquico que origina. El sello discográfico Mastertrax, que tiene un catálogo de lo más extenso y variado, era quien organizaba el maratón y la gente, ante lo bajo de la entrada y el ambiente greñudo que se preveía, acudió hasta superar las 8.000 personas. Abría diez minutos antes de lo previsto -"Así toco más", explicó- Manolo Kabezabolo, esta vez acompañado de su nueva banda, Los ke se van del bolo. Con ellos atacó los temas de su segundo disco La nueva mayoría, poniendo a los más madrugadores a botar. Tras él cogieron turno dos de los grupos con mejores auspicios previos de la velada: primero los ingleses Pulkas, cuarteto que iban de Rollins band, y después los portugueses Moonspell, un quinteto que milita en el rock gótico. Su cantante, Fernando Ribeiro, fue una de las sorpresas más agradables de la noche. A palo seko devolvió al respetable a la realidad más cruda. O, mejor dicho, más guarra, porque su batería se cagó -literal- en el escenario, aunque luego recogió el "regalito" con unos guantes. Antes habían lanzado exabruptos contra los nazis-bakalaeros , el presidente peruano Fujimori y hasta el Papa y terminaron su actuación con un híbrido de dos temas conocidos llamado Y bailaré sobre la tumba de Eva María. Tras ellos, unos suecos muy simpáticos llamados Eleven pictures fliparon viendo cómo el personal no les hacía ni caso. Claro: como ellos no suelen defecar en público. En la mitad del macroconcierto actuó el sexteto británico Blood divine, que estrenaba Awaken, su álbum de debut ; pero la gente no les aplaudió ni la diezmillonésima parte que a los Porretas, auténticos vencedores de la velada. Los de Hortaleza se llevaron al gentío de calle con su estilo entre Leño y el punk y los asistentes corearon hasta enronquecer canciones de intenso sabor local, como Antimilitar-Antisocial, Vive y deja vivir y Jodido futuro. Lo mejor del día, qué duda cabe. Tras ellos se sucedieron las actuaciones de Napalm death y Bruce Dickinson. Los primeros me pillaban en el bar. El segundo me pareció patético: viejo, vestido de cuero, algo gordito y teniendo que recurrir a varios temas del repertorio de Iron maiden para tratar de recuperar el tirón que su aventura en solitario no ha tenido. Muy poco excitante. Todo lo contrario que Peter Green, a quien todos esperaban ver en ácido perpetuo. Inmenso error. Peter está mucho menos colgado de lo que parece. Incluso, a juzgar por algunos detalles que se le vieron en camerinos, parece que se hace el colgado y encima le va estupendamente. En cualquier caso, su mano templa aún un blues-rock de lo más estilista. Con él sonaron algunas canciones que otros artistas han convertido en éxitos y que, sin embargo, llevan la firma de este superviviente de los 60: Black magic woman, Rattle snake shake o Albatross. Tras él aparecieron los no menos veteranos Marillion, con eso que sus fans y ellos llaman pomposamente "rock melódico" y que no es más que rock sinfónico del de toda la vida. Su relativamente nuevo cantante, Steve Hogarth, recuerda al Peter Gabriel de hace veinticinco años, aunque sabe sacar partido a los viejos temas del grupo: 80 days, Easter o Hooks. El broche de oro de la noche lo pusieron los gallegos Suaves, pero servidor ya sólo consiguió oír de lejos los acordes y las palabras de Bosnia, Dolores o Afilador. Era mientras trataba de ganar la puerta. Me esperaba mi camita, bien blanda. Fernando Martín
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