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Platero y Tú Canciller. 15 de marzo de 1997. Eso de colocar dos noches seguidas en el Canci el cartel de "No hay billetes" está siendo ya norma habitual entre los grupos españoles. Platero y tú no se quedó atrás y dejó bien claro que el grupo está preparado para dar el salto hacia el siguiente escalón. Este año tiene que aparecer un nuevo trabajo suyo y, a partir de ahí, se podrá valorar hasta dónde puede llegar la banda. Lo que sí es cristalino es que, a partir de aquí, solamente puede crecer. Los encargados de abrir la noche fueron Caskarräbias, una banda que tiene un magnífico álbum en la calle y a la que se le ven muy buenas maneras. Me agradó comprobar que entre el público y el grupo existió conexión y que los temas de Caque empiezan a ser conocidos. Con un poco de suerte que tengan, estos madrileños también pueden crecer mucho antes de que acabe el 97. En el intermedio se respiraba ya un ambiente festivo que hacía previsible lo que pasaría después. El DJ del Canci se dio un repaso a los grandes éxitos del rock urbano español poniendo a la gente en su punto hasta que, al son del Dolores se llama Lola, se apagaron las luces. Era el momento de parar los discos y dar entrada a la guitarra de Iñaki. Mi chica y yo nos mirábamos alucinados ante lo que contemplábamos. Lo que había allí no eran chavales dispuestos a ver a un grupo: eran fieles que, entregados, habían dado su alma para el disfrute de los miembros de Platero. Los primeros acordes fueron el pistoletazo de salida y, desde el primer momento, aquello pareció una fiesta de Nochevieja en la que cualquier persona del público ya no conocía ni a su padre. Sólo existía el escenario. Y es que los del norte lo tienen fácil, lo hacen fácil y se lo ponen al público fácil. Su rock'n'roll pasa de inventos que no sean el guitarrazo y tentetieso, las letras ocurrentes y unos ritmos de r'n'b que hacen bailar hasta al más paralítico. En escena no se complican la vida: salen, tocan y, con su repertorio, no tienen más lío que, de vez en cuando, surtir de agua a un personal que se dejó los michelines bailando. Y para el público, el punto justo: los silencios en los estribillos, la provocación para la fiesta, el "os llevamos en el corazón" y un orden muy medido. Iñaki sigue aumentando su colección de guitarras y Fito está haciendo su gorra más famosa que lo que fuera la del vocalista de los Scorpions. No hay mucho que contar porque no sucedió nada distinto a cualquier otro show de Platero. Se hicieron un par de temas nuevos que la gente recibió tan feliz como cualquier otro. Por lo demás, como ellos dicen, "esto es rock'n'roll y no somos americanos". Y, como se dijo desde estas páginas hace ya bastante tiempo, éste parece ser el año del rock en castellano. ¿Dónde será el próximo show de Platero en Madrid? Quedó claro que dos Cancilleres es poco espacio para ellos. E.P.
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