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Pavement

The Square. 21 de marzo de 1997.

Paul Rodgers

Canciller. 21 de marzo de 1997.

Era día de fiesta. En Madrid se daban cita, el mismo viernes, Paul Rodgers, Pavement, Thunder y Skank en distintas salas. Cuatro conciertos grandes para públicos bien diferentes que hacían pensar, incluso al más pesimista, que el temor a que Madrid sufriera un bajón en su actividad musical era agua pasada. Desde que comenzó febrero, estas situaciones se han venido repitiendo casi una vez a la semana y eso viene a poner de manifiesto que los promotores se animan porque el público responde.

Como a todo no se podía ir, mi chica y yo nos decidimos por hacer un doblete que parecía bastante posible: asistir a Princesa a ver a Pavement y, con algo de prisa, ir hasta San Blas confiando que los retrasos y los teloneros nos posibilitaran coger un buen trozo del show de Paul Rodgers. Afortunadamente, la historia salió bien y cuajamos una noche muy animadita. Pavement reventó un recinto que tiene un aforo un tanto escaso y que se mostró como un sitio aún inadecuado para este tipo de acontecimientos. Los accesos quedan bloqueados en cuanto se juntan doscientas personas y salir o entrar a la pista delante del escenario supone tener que pasar una odisea que incluye todas las escaleras colapsadas por quienes quieren ver un poco más. Paul Rodgers, por el contrario, encontró una sala mucho más amplia, en la que el público se mostró totalmente cómodo. Puede que mi chica y yo nos estemos haciendo viejos, pero, cuatro días a la semana pegados a la pared de una sala sin poder movernos me empiezan a parecer demasiados. De vez en cuando empieza a gustarme eso de ir a un concierto y verlo a gusto. El resumen de la noche fue, salvando el mal trago del Square, totalmente positivo. En algo más de tres horas y media vimos dos formas totalmente distintas de entender la música representadas en bandas de gran altura. Pavement mostró la estética habitual de los grupos de los noventa: sositos en el escenario, vestidos como si salieran de clase y con una enorme colección de grandísimas canciones como máximo argumento, colocaron al público en su sitio en algo más de diez minutos. Su audiencia tampoco es de las que quiere shows despampanantes ni exhibiciones virtuosas. Pavement son música en estado puro que choca con la disonancia y que no huye del ruido como elemento expresivo. Paul Rodgers, por el contrario, es uno de los grandes representantes de lo que ha dado la música en dos décadas. Se presenta al público con una escenografía cuidada en la que no falta el vestuario hortera que le haga destacar de sus músicos. Cada uno de éstos es, a su vez, un virtuoso de la leche, capaz de marcarse unos solos impresionantes y, en cada una de las piezas, reina el imperio de la melodía. Rodgers es también música en estado puro, pero música que representa a un tiempo pasado y a una forma de expresión que busca más la belleza que la actitud. Es la música del profesional, del que maneja al público haciéndole dar palmas, el que recurre siempre a All right now convirtiéndolo en un himno y al que no le importa estar firmando autógrafos mientras su guitarrista se está marcando una de sus suites imperiales. En su ambiente, ambos son verdaderos monstruos. Pavement ofrece casi todas las facetas que están destacando en los noventa y Rodgers es uno de los representantes de las mejores cosas que dio el blues rock de los setenta. Cada uno tiene su público y sabe darle lo que éste desea. La diferencia entre ellos es, precisamente, veinte años, lo que no indica, en absoluto, que uno sea ni mejor ni peor, ni más gordo ni más flaco que el otro. Madrid, el día 21 de marzo, fue un enorme abanico de lo que es la cultura del siglo XX. Y eso que no pudimos cubrir el nuevo Brasil de Skank ni la oferta también melódica de Thunder, otras dos formas de ver la música bastante distantes de lo ofrecido por Pavement o Paul Rodgers. Qué gran noche, ¿no? Una noche para comprobar por ti mismo que la música está viva, que sigue cambiando y que la gente la sigue entendiendo como una forma de expresión con la que divertirse y disfrutar.

E.P.

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