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Marilyn Manson + Helmet

C. C. de la Villa. 22 de mayo de 1997.

Músicos: Marilyn Manson (voz y guitarra), Twiggy Ramírez (bajo), M. W. Gacy (teclados), Ginger Fish (batería) y Zim Zum (guitarra)

Se esperaba que, en su segunda llegada a nuestro país, Manson se trajera todo el espectacular show que dicen que maneja en sus actuaciones en Estados Unidos. Para desgracia de sus incondicionales, eso no se confirmó y el show que realizó este peculiar personaje en La Riviera fue bastante parecido (según me cuentan) a lo que ya realizó en KTDral el año pasado.

Tenía yo ganas de ver a quien se ha consolidado como un referente de todas las revistas rockeras y a un músico que es alabado por la mayoría de la gente que ha acudido a sus shows. Después de verlo, creo que, hoy en día, está muy supervalorado, aunque, si su show escénico crece con su fama, sí es posible que este hombre llegue a ser alguien importante. Es divertido, llamativo y junta en su producto todas aquellas cosas que pueden parecer transgresivas y, al mismo tiempo, divertidas. Apareció en escena con un liguero de lo más sexy que a él le caía fatal (tan escuálido como está) y, con esas pintas y después de empaparse el pelo para poder sacudir agua a todo el personal, abordó Angel with the scabbed wings, uno de los temas de su último Antichrist superstar. A continuación vino toda la parafernalia con la consabida lluvia de escupitajos (mi chica decía que le tiraban "cosas"), poses ambiguas y un montón de caña. Dried up, tied and dead..., Tourniquet, Minute of decay, Little horn, The beautiful people y The reflecting God fueron los temas de su más reciente trabajo que ilustraron una puesta en escena que, a la larga, resultó un tanto monótona, aun cuando Manson se mostró en el escenario como todo un actor en la más clara tradición heavy: se subía a los monitores, arengaba al público, se le encaraba... vamos, como una mezcla de Alice Cooper (por la pinta) y Blackie Lawless (por la cara de mala leche), pero con liguero y medias. Hizo algunos recuerdos a sus Smells like children (la versión del Sweet dreams) y Portrait of an American family (Get your gun, Cake and Sodomy, Lunch box) y, en todos los temas, encontró a un público entregado en el que se veían desde fans con ataúdes tatuados hasta gente curiosa que se había acercado a La Riviera para ver lo que daba de sí el concierto. En suma, se puede señalar que Manson y su banda se ganaron el sueldo con ciertos toques pintorescos, tales como su aparición con la bandera americana o la herida que se hace en el costado con una botella rota. No se puede negar que, en una época en la que hay tanto músico soso, este hombre se presenta, cuando se sube a la tarima, con suficientes créditos como para llamar la atención y conseguir que tu vista se dirija al escenario. Su batería y guitarrista impusieron el concepto sonoro que, evitando los solos, dieron a la banda consistencia y poder, limitándose en su aspecto escénico a dejar sitio al superstar que, en esta ocasión, se quedó solamente en star de menos de una hora. Antes de Marilyn Manson tocaron Helmet, quienes, aparte de recordar algunas cosas de su Meantime (Role medel, Ironhead) y su Betty (Tic, Milquetoast) se dedicaron a mostrar ampliamente su último trabajo. Con solidez, supieron ganarse a un público en el que mucha gente había asistido al concierto únicamente por su presencia. En octubre volverán como cabezas de cartel y será el momento de prestarles la debida atención, ya que se están consolidando como un grupo de tirón que, en escena, muestran lo que tienen, aunque, en este caso, vieron limitado su show por compartir cartel con Mr. Manson.

E.P.

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