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Marianne Faithfull

C. C. de la Villa. 9 de mayo de 1997.

Músicos: Marianne Faithfull (voz), Paul Trueblood (piano).

Marianne ha sido famosa dentro del mundo del rock por un par de cosas. La primera, por haberse paseado por las camas de todos los que en este mundillo son hoy superestrellas; la segunda, por haber dado forma a una pieza como Sister morphine, una canción que expresa plenamente su vida degradada envuelta entre sexo y drogas, precisamente la que hizo a esta hija de aristócratas ser conocida en el mundo entero. Hace tiempo que esta mujer decidió dejar sus devaneos de juventud (y bastante madurez) y, ya que estaba en ello, trató de ganarse la vida dentro del mundo de la canción. Después de un par de fracasos dentro del rock, y hasta del folk, Marianne parece haber encontrado un estilo más acorde para ella y en el que se encuentra más a gusto. Es una especie de mezcla entre el cabaret alemán y la canción francesa. Del primero saca la estética y la posible comicidad de sus comentarios; de la segunda, el hecho de exponer bellos textos con una voz que no valdría para ninguna otra cosa.

La gira actual que está realizando la Faithfull se apoya en su último trabajo discográfico, un álbum en el que se rinde homenaje al músico alemán Kurt Weill y en el que la instrumentación se limita al piano de cola. En directo, Marianne coloca unas bombillitas en el fondo del escenario, una mesa con una jarrita de agua, un vaso, una vela y una flor y, durante hora y media, se dedica a exponer un concepto musical que no es nuevo y al que ella no aporta nada, si bien hace el digno papel de revisitar un género que casi ha quedado abandonado. Weill fue, en su día, un músico revolucionario, uno de los que, además de modificar los clásicos patrones alemanes, tomó postura ideológica y colaboró en sus obras con escritores, pintores y cineastas opuestos radicalmente al régimen del III Reich. Su música es de las que pocos reconocen, aunque casi todos los intelectuales del rock no han perdido la oportunidad de homenajear. Por ejemplo, Marianne interpretó Alabama song, una pieza que, en su día, ya grabara Jim Morrison. Marianne, que comenzó su concierto con esta pieza, dejó claro que ella no tiene el talento de Morrison, aunque sí la intención. Así, fue desgranando temas como Complainte de la seine (escrita por Weill en el exilio), The ballad of the soldiers wife, Mack the knife, Street singers farewell y Surabaya Johny (todas compuestas con letra de Bertold Brecht) como parte de su homenaje a Weill. El show se completaba con otras canciones de la época pertenecientes a Frederich Hollaender, Al Dubin o al más contemporáneo Harry Nilsson, quien llegó a tener abundante amistad con la propia Faithfull. De ese modo, Marianne completa el espectáculo Una noche en la república de Weimar, un show que se queda flojo pero que esta mujer saca adelante agrupando en pequeños recintos a sus admiradores más incondicionales. Estos no dejaron de aplaudir en todo el concierto, aun conscientes que la voz de Marianne ya está para pocos trotes y que la selección ofrecida es más que discutible y que está totalmente limitada por la capacidad interpretativa de esta mujer. Con todo, la Faithfull trató de poner gracia al espectáculo largando abundantes parrafadas en inglés, paseándose de aquí para allá con un contorneo que la favorecía más bien poco y haciéndose la interesante bebiendo agua durante cinco minutos entre tema y tema. Afortunadamente, los bises dejaron un buen sabor de boca. Hand on to a dream y As tears go by trajeron a la mente otros tiempos que, evidentemente, han pasado. Mi chica me comentaba que la cosa no dejaba de ser agradable: "hacía mucho que no íbamos a un concierto así". Eso era cierto, obviamente.

E.P.

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