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M-Clan + Tea La Riviera. 20 de junio de 1997. Músicos: Carlos Tarque (voz), Ricardo Ruipérez (guitarra), Santiago Campillo (guitarra), Iñigo Uribe (teclados), Juan Antonio Otero (batería) y Pascual Saura (bajo). La noche era para clásicos y, como tales, mi chica y yo llegamos, nos apalancamos en una mesita y pedimos una copa. Los clásicos eran tan pocos que en La Riviera había más sitio libre que ocupado y resultó que un cartel tan apetecible como el que juntaba a Tea y a M-Clan no convocó, ni de lejos, a la mitad del aforo que cabe en esta amplia sala. Eso era un poco triste, sí, pero permitía que quienes disfrutamos de la música sin pegar botes nos pudiéramos sentir como en casa. Tea parecían ingleses y M-Clan americanos. Coinciden en su gusto por la música elaborada, por los solos difíciles, por la música intensa en la que todos los instrumentos tienen que estar al límite para que las cosas suenen bien. Tea cumplió con su función de telonero y debía empezar a pensar ya en su segundo disco. Aún desconocidos para el público más amplio, vieron a las claras que, con su propuesta, cantar en castellano no es una ventaja. M-Clan cantan en castellano, tienen un enorme apoyo de su discográfica y son radiados con asiduidad. El problema de ambos es que hacen música demasiado elaborada para los tiempos que corren. Lo suyo es para clásicos, para gente capaz de ponerse a escuchar y disfrutar "con-lo-bien-que-lo-hacen-los-músicos". Y probablemente sea por ello por lo que la gente, cuando comenzó a sonar Deja que lo muerda, cruzó sus brazos en vez de entregarse: puso los dedos en la barbilla y escuchó. El material del nuevo álbum de M-Clan (inmenso, verdaderamente) recibió más escuchas que aplausos. Maxi ha vuelto, Cierto sabor amargo, Desde los tejados, ¿Dónde está la revolución?, Canción sin retorno, Tarde, Nacional 120 y Algo más tarde, también piezas del nuevo disco, fueron disfrutadas con distancia, pero con interés. Perdido en la ciudad, Donde el río hierve, Dentro de la esfera y Volando alto, los temas de su álbum de debut, recibieron más calor al ser más conocidos. M-Clan enchufó los amplis y no paró ni un momento. Con estética setentera y con las poses tópicas, lanzó un caudal sonoro en el que desperdicia algo para lo que sus músicos están muy capacitados: los matices. Sus piezas son buenas (muy buenas), pero se pierden cuando todo suena igual y cuando lo que se busca es únicamente la potencia. Vuelve, su tema más emblemático y sin duda lo mejor que han hecho hasta ahora, cerró un show que evidenció que M-Clan es todavía banda para audiencias más pequeñas, más entregadas y de las que buscan, únicamente, fuerza, dureza y potencia. Y en los bises quedó más claro aún: Se calienta, En mis manos, Recuerdo y Un buen momento (ésta para cerrar) fueron más disfrutadas que el resto del concierto. A mí, por lo menos, me sorprendieron. Esperaba de ellos mucha más mejora en directo de la que vi. Después de hacer un disco como Coliseum me llama la atención que, en escena, el grupo haya cambiado tan poco. En fin, son como los clásicos: están ahí, son lo que son y hacen una música que no tiene tiempo ni edad. Lo que tampoco parece tener, desgraciadamente, es tanto público como a mí me gustaría. E.P.
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